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You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

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You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Londres, Departamento de Mishka» Año 2027» 13:30 pm, Dos Horas antes.


― “Entonces…¿Qué opinas?” ―Exclamó, emocionada mientras se inclinaba más sobre su asiento, expectante ante la respuesta que su mejor amigo podría dar después de contarle todo sobré los avances que había tenido en su investigación, en su pequeño proyecto. Sus ojos azules rebosaban del mismo brillo de hacía años, que su cabello a pesar de ser más largo, estaba peinado y arreglado, enmarcando las facciones que cambiaron con el paso del tiempo y ahora se habían afilado un poco, dando forma a un rostro que disimulaba más las pecas de la joven Longbottom pero que no desaparecía sus expresiones características.―No lo sé, Alice… Me parece excelente que te encante tu trabajo al grado de apasionarte y querer una noticia perfecta, pero esto es peligroso. ―El joven que había sido el mejor amigo de la rubia durante años, ahora se pasaba las manos por el rostro, intentando ordenas toda la información que se le había revelado―Vamos Mishka, ¡Es mi oportunidad! ¿Sabes desde cuando he investigado? ¡Meses! Y ni siquiera Frank-soy-un-gran-auror- Longbottom ha podido reunir la información que yo tengo. ¿Cuándo la prensa se le había adelantado al cuerpo de Aurores? ¡Nunca! Porque la prensa estaba controlada y era inútil, pero ya no ¿Entiendes?. Eso va cambiar hoy cuando hable con mi último contacto.― La rubia hablaba con pasión y determinación. Estaba orgullosa de poder demostrar que el nivel que alcanzara en el profeta sería por sus publicaciones e investigaciones y no por su apellido. Y ahora que tenía la información necesaria para sacar a la luz nombres que personas que habían estado haciendo daño al mundo mágico, ahora ella podía ayudar a terminar con todo ese caos que había estado diezmando la tranquilidad del lugar donde vivía. ―No lo sé, Pequeña. No creo que sea seguro que vayas sola y…¿A dónde vas?―La ex Ravenclaw, Tomó sus cosas y empinaba la tasa de té que se le había servido al llegar y ahora estaba totalmente fría, perdiendo su sabor. ―Debo irme, Tengo que ir a entrevistar a la gallina de los huevos de oro. Datos, Datos, No puedo hacer ladrillos sin arcilla. ―Parloteo al tiempo que cortaba la distancia entre ellos y depositaba un beso en su mejilla, de forma larga y haciendo un sonido al separarse, como siempre. ―Deja de Preocuparte ¿Quieres? Mi informante es confiable, el lugar es seguro. Todo estará bien…―revolvió el cabello de su amigo, como cuando eran estudiantes, cuando su única preocupación eran sus problemas amorosos y pasar los exámenes, cuando todo era más fácil―  Paso por ti mañana cuando terminen tus clases para ir a comer ¿sí? ¡Dale un beso a Liv de parte mía!―gritó estando ya en el pasillo, dedicándole una última sonrisa, disculpándose pues al salir de esa forma del departamento, le había hecho imposible a su amigo cualquier intento por detenerla. Pero la comida del día siguiente la haría Mishka solo,en algún lugar mientras Hazel llegaba corriendo y legaba la noticia sobre la más joven del grupo.

Años atrás, la joven Periodista que ahora luchaba por no tropezar mientras corría, hubiera hecho caso a la mirada preocupada de su amigo y hubiera aceptado decirle a Frank sus planes para que fungiera como escolta ese día, le habría dicho a sus padres todos sus avances y habría enviado una lechuza al que antes había sido su hogar avisando en donde estaría, cuando, la hora y con quien, Por seguridad y Costumbre. Sí, pero ella había cambiado, como todos y además se había vuelto una pequeña mentirosa en el momento que había dejado que Scorpius Malfoy entrara a su vida y se lo hubiera ocultado a tres cuartas partes del mundo. Ahora sentía la necesidad de hacer algo por sí misma, de cortar el cordón que la unía con su familia y enfrentarse a lo que fuera por sus medios. Quería probar que ella podía hacer lo que se propusiera y por eso se había decidido por la la carrera de Periodismo, porque deseaba saber y necesitaba acción, porque se sentía capaz de afrontar lo que fuera, como había hecho varias veces junto a una Serpiente con la que se metía en líos casi cada tercer día. Y había algo que no había cambiado nada en ella; Era Ilusa, y por eso pensaba que podía ella sola contra el mundo.

Subió, Bajo, Corrió, Tomo esto y aquello, Pagó tal y tanto y logró llegar a donde sería la entrevista. Londres Muggle, una cafetería entre muchas, bañada en los aromas provenientes de esa enorme máquina de metal en la que los empleados sacaban eficazmente las bebidas que los clientes demandaban, Una cafetería cualquiera en la que estaban seguros, su informante y ella, En una mesa donde todos los nombres le fueron dados a Alice, uno por uno, y todos con familiares involucrados en algún disturbio del pasado y que habían quedado en libertad por causas muy difusas. Salió rápidamente del lugar, pues así tenía que ser aquellas sesiones, rápidas y privadas.

El viento contra su rostro le hizo caer en cuenta de lo que estaba haciendo, de lo que había hecho y de la información que ahora poseía ¿Así se sentía saber algo importante, algo quizá, hasta peligroso?. No había tenido miedo de venir hasta este lugar sin avisarle a su hermano, su compañera de departamento quien por cierto también era su cuñada y mejor amiga, ni siquiera a sus padres, o a Mishka que era el más informado. Pero ahora tenía miedo de conocer aquello. Trago saliva mientras comenzaba a caminar, buscando un lugar donde desaparecer y volver a su hogar, a poner todo en papel y juntarlo con toda la otra información que tenía escondida, como si de dulces se tratara para un niño.  Sus pasos se confundían con los de las personas que transitaban en la misma acera que ella, pero podía jurar que había un par de pies que se sincronizaban con los de ella, se alarmo pero al mismo tiempo se sintió segura entre tantas personas, nadie la dañaría en público, pero aun así, metió su mano a su abrigo para tomar su varita con fuerza. No hubo apenas rozado la caoba de su varita cuando sintió una corriente recorrerle desde la nuca y propagarse por el resto de su cuerpo, robándole las fuerzas y haciéndola caer en seco y cuan larga era al frio de la acera. Sus sentidos aun lograron percibir el caos y el pánico que se habían desatado a su alrededor, todos corriendo, alejándose de la escena y del arma desconocida. Aturdida, tuvo suficiente tiempo y conciencia para pensar en lo tonta que había sido al confiarse, al no correr, al ir sola. Pero ella sabía que no tenía un aura protectora que la cuidara de todo riego, sabía que algo así podía pasarle y aun con eso decidió seguir, llegar al fondo. Y lo había hecho, lo había logrado, pero ahora no tenía como subir de nuevo a la superficie. Sus parpados se dejaron vencer por su propio peso y la oscuridad y la tranquilidad de la inconsciencia consumieron a Alice.

Londres» Año 2027» 7:30 pm, Dos Semanas después.


Alice sentía que si volvía a ver el Sol de forma repentina, sus ojos se carbonizarían enseguida pues los últimos días lo único que veía era la tenue luz anaranjada de alguna lámpara de gas en el pasillo que podría sacarla de aquella celda, porque sí, la tenían como si fuera una criminal, como si hubiera hecho algo malo y debiera pagar por ello. Pero aunque conocía la respuesta del porque estaba ahí, no tenía idea de quien de todos los que podían desear que su boca se cerrara para siempre, pudiera tenerla ahí o cuales eran sus planes para hacerla callar. La piel se le erizaba de solo imaginarlo, pues su encantadora celadora se había encargado de amedrentarla los últimos días, dándole duchas heladas directas desde la varita para mantenerla “presentable”, según ella. Y dándole la comida dependiendo de su humor. Y Alice había aprendido que cuando aquella mujer llegara dando taconazos contra el suelo, ella no probaría bocado ese día. Su estómago se estaba acostumbrando, El resfriado que había pescado era intermitente y a veces la mantenía amodorrada en el rincón del catre. Recordaba los últimos días antes de caer en aquel agujero para mantenerse cuerda, para no sucumbir ante la monotonía y el miedo. Recordaba a su hermano y deseaba que en ese momento le estuviera gritando a su jefe el por qué aun sus aurores no habían encontrado a su hermana. Quería ver a Hazel y escuchar sus historias sobre como su preparación como auror era lo mejor del mundo, sobre cómo estaba emocionaba por la boda con Frank, quería estar con ella, pegando las narices en una vitrina y otra mientras parloteaban sobre un tema y otro. Quería estar con Mishka, leyendo sus libros de Genética, Quería estar en cualquier lugar que no fuera aquel hoyo oscuro. Quería estar con Scorpius. Sí, porque con él siempre salía de todo, siempre la salvaba pero ahora que estaba sola, estaba atrapada, sin varita y sin salida. Quizá aquel intento por mantenerse en sus cinco, sería lo que la terminaría por volver loca.

Aquella mañana la asearon, la privaron de cualquier alimento y la dejaron temblando, como siempre, con la excepción de unas simples palabras “Hoy saldrás de aquí”. ¿Qué significaba eso? Alice todo el día había pensado en ello, mientras su estómago gruñía, sus piernas pedían caminar más allá de aquellos metros, y los espasmos de su cuerpo se intercalaban con los estornudos y la tos, pero mientras todo eso pasaba, como cada día, formando parte de su rutina, ella no podía dejar de pensar en lo que le habían dicho ¿La mataría ya?. No quería morir, en definitiva no deseaba morir, tampoco quería estar en aquella celda pero justo ante esa idea, le resultaba maravilloso poder esconderse debajo de la sabana roída que le habían dado.
La noche llego y con ella la puerta se abrió con un chirrido metálico que lastimo los oídos de Alice, haciéndola retroceden hasta que sus pantorrillas pegaron con la orilla del catre. Las personas vestidas totalmente de negro lo tomaron como una resistencia y la sacaron de ahí de un jalón, tratándola como a una muñeca que no tiene fuerza para defenderse. Pues fue ahí, cuando la hicieron caminar y subir por escaleras que se dio cuenta de cuanta fuerza había perdido. Su corazón se aceleró, y no se dio cuenta cuando comenzó a mover los brazos de forma inútil para intentar que las manos que se cernían alrededor de sus brazos, la dejaran libre. Tenía la mente en otro lado, o quizá la tenía bloqueada pues el miedo comenzaba a invadirla, La luz que entraba a la casa desde afuera, proveniente de la luna mezclada con la artificial de la casa, ¿mansión? Lugar donde la llevaban logro cegarla un momento, cerró los ojos y quiso poner una mano frente a su rostro, pero se lo impidieron, por lo que bajo la cabeza, acostumbrándose a ver de nuevo a través de un velo de claridad y no de penumbras. Soltaba  gemidos de dolor pues las piernas comenzaban a arderle y hormiguearle, el agarre con el que la tenían era demasiado brusco y se dio cuenta que entro a un gran salón gruñendo, desesperada por no poder escapar, porque nadie había aparecido para rescatarla y porque ella había sido tan tonta como para terminar ahí.

La depositaron en el suelo, haciendo un ruido sordo cuando sus rodillas chocaron contra el mármol. Apoyo ambas manos sobre el suelo, lista para levantarse, pero prefirió no hacerlo. El silencio reinaba en la amplia habitación, figuras vestidas de negro, congregadas en diferentes partes de la habitación, dejándola en el centro de una figura desordenada pero que no dejaba de ser amenazante. ¿Qué podía hacer ella contra las personas de aquel lugar? Estaba indefensa, Sin varita, Sin Malfoy.
Levantó la vista, enfrentando a sus captores, dispuesta a tentar a la suerte e intentar escapar. Dispuesta a hacer algo, y no quedarse de brazos cruzados, aferrándose a los recuerdos que tenía sobre las situaciones en las que había estado en peligro y había salido. Pero aquella muestra de valentía solo logro despertar algunas risas en la habitación, pero no infundio el menor temor ni amenaza en ellos.

Mensaje por Alice N. Longbottom el Lun Sep 16, 2013 7:08 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Se retiró la capucha que cubría gran parte de su rostro, dejando entrever unos helados ojos grises.
-¿Noticias?-Preguntó como de costumbre. El enano lo miró y se encogió de hombros, entrecerrando los ojos como siempre hacía cuando veía a Scorpius. ¿Cuál era su problema? No era culpa del rubio que el portero hubiera nacido feo y chaparro. Chuck volvió a elevar la mirada y sus ojos casi amarillentos enfocaron al joven. –Más de las que cree.-Le contestó y una sonrisilla maligna se apoderó de su macabro rostro. Scorpius rodó los ojos  y se alejó del enano, entrando en su mansión, arrastrando los pies con algo de cansancio. No podía decir que odiara lo que hacía, pero tampoco había sido su decisión, y el estar al servicio de alguien jamás había estado en sus planes de cuando era niño. Aún en Hogwarts ya había empezado con los planes que tenían para él y apenas acabando su séptimo año, ya era un mortífago completo. Completamente vestido de negro, Malfoy avanzó por los largos pasillos hasta llegar a la puerta, que al sentir su presencia, se abrió de inmediato. El joven ya no tenía rastros de niñez; su cabello rubio oscuro estaba más corto y decente, sus gestos eran serios e inexpresivos y su mandíbula que le daba expresión dura, estaba cubierta de una espesa barba que combinaba con su madurez. Era como si los años hubieran marcado firmemente su paso sobre Malfoy, a pesar de que todo lo que había aprendido y ganado en el colegio, había quedado casi en el olvido; se había obligado a olvidar por medio de un Obliviate, hacía mucho tiempo atrás.
 
-¡Scorpius!-Una voz femenina llegó a los oídos del joven. En la recepción de la casa, fue suficiente el elevar la mirada para encontrarse a la dueña de la voz por encima de las escaleras.- ¡Por fin llegas!-Exclamó la rubia. Con el entusiasmo de siempre, bajó las escaleras sin trastabillar y se arrojó a los brazos del hombre. Suzane nunca dudaba dos veces antes de colgarse del cuello de Scorpius y besarlo, como si el mundo se fuera a terminar para ella. Él no la alejó, pero tampoco era el rey del sentimiento, así que la besó con el mismo ahínco, pero sin profesar sentimiento alguno en realidad. La rubia se separó de él, pero sus brazos seguían firmes sobre el cuerpo del joven de túnica negra y fue Scorpius quien con cierta delicadeza, apartó las manos de la rubia de encima de él, encontrando su propio espacio personal.-Sí, llegué.-Le reiteró, como si sólo se hubiera ido un par de días en vez de casi un mes. Se estiró la túnica y después logró quitársela de encima, dejando su rastro de mortífago encima de un sofá, para que luego la prenda desapareciera mágicamente.
 
-Dime si ha habido noticias. El inútil de Chuck no sabe nada.-El hombre empezó a caminar en su mansión, dirigiéndose a su despacho, donde podía estar a solas, encontrando una especie de calma que había perdido cuando le habían borrado la memoria. Se sentía frustrado cuando intentaba recordar los detalles en el colegio, pero cuando se ponía a meditar, lograba rescatar detalles borrosos, que no tenían sentido alguno para el mortífago, volviéndolo una especie de pesadilla. Suzane lo siguió mientras él caminaba, aferrada al brazo del rubio. –Los arreglos de  la boda están casi listos.-Sonrió, mostrando una impecable dentadura brillante. Scorpius la miró por un segundo, sin agregar comentario, pero la rubia bajó temerosa la vista y se mordió los labios.-Tu padre mandó una lechuza esta mañana… Abrí su carta… decía que era importante que fueras a casa de los Milghton esta noche. –Scorpius se detuvo y su mirada gris dejó fría a su prometida.-Ya sé que no debí abrirla… pero tu padre insistió, me mandó  un patronus… -Susane calló y soltó el brazo de Malfoy.
-Bien.-Contestó el rubio.-Entonces no tengo tiempo qué perder.-Scorpius tuvo que abandonar la idea de su rato a solas, pues de nuevo recuperó su túnica negra y sin más saludos o atenciones a su prometida, se fue tal cual había venido.
 
Y seguía sin tener noticias claras… A penas sabía lo que sucedía a su alrededor, y después de haber regresado de Bulgaria, de una misión que había resultado exitosa, ahora estaba sentado en una enorme mesa de roble, frente a un montón de hombres semi-cadavéricos, pálidos y deprimentes. –Tenemos a la soplona.-Dijo por fin uno de los mortífagos. Mortague, un mortífago francés, arrugó desagradablemente la nariz y asintió.-En realidad no fue muy difícil atraparla. –Su risa sonó como un perro ahogándose, pero a él le resultó de lo más cómico. Scorpius lo miró, levantando una ceja.- Dime, genio. ¿Qué harán con ella?-El francés lo miró con desprecio, pero antes de que pudiera contestar, se escuchó un arañazo sobre la madera del comedor.  Todos voltearon a ver al que ocupaba una silla a la cabecera; su sonrisa torcida y podrida combinaba con sus ojos grises amarillentos, siendo temible en todos los sentidos. Fenrir Greyback gruñó primero, como de costumbre, y luego miró directo a Malfoy. –Podrías ser el suertudo de tener el honor de matarla. Al fin y al cabo, es una soplona más. Me alegra que tú no seas tan inútil como tu padre, al parecer Astoria hizo bien al criarte, muchacho.- Greyback, a pesar de tener muchos años, aún era intimidante y su aspecto era grotesco. Scorpius lo miró con frialdad que había ganado hacía algunos años.-Déjate de rodeos. Si ese es tu plan, creo que estás más idiota de lo que pensé.-Todos se giraron a verlo, pero Fenrir solamente soltó una risotada y sus dientes filosos y podridos, le sonrieron a Malfoy. –Huele a que tienes algo en mente, Malfoy. – Scorpius asintió como respuesta y automáticamente todos lo veían expectantes. -¿Para qué matarla si primero se le puede sacar información?
 
Sabía que la tenían encerrada, consciente a penas que había una vida fuera de aquél lugar húmedo y tenebroso. Hacía una semana se había enterado de su existencia, aunque ni siquiera sabía de quién se trataba exactamente. No le interesaba en realidad, pues ya llegaría el momento donde tendría que darle cara y ponerle fin a la vida de la espía. De eso vivía; estaba vivo por matar, cuando en realidad no tenía opción. A penas había salido del colegio, su camino se había rectificado y por fin estaba convencido que sería diferente a su abuelo y a su padre. Su error era el de pensar diferente a un Malfoy, así que se llevaron sus recuerdos del colegio, lavándole literalmente el cerebro para que así no pudiera rebelarse. ¿Recordaba algo? Sólo tenía consciencia de que había tenido una buena razón para haber tomado aquella decisión en esa entonces. La influencia de ella lo había convencido a hacer lo correcto. Pero algunas parejas no están hechas para subsistir unidas y Scorpius quizá había perdido al amor de su vida junto con su memoria.
 
Aquella noche, Scorpius estuvo en casa de los Milghton, en donde era el día D de la prisionera. Su destino se definiría esa noche, aunque no había muchas opciones para la desgraciada. Recibió instrucciones precisas por parte de los Lestrange, y Malfoy se vio puntual en la sala de la mansión del mortífago. Un extraño silencio los invadía, todos estaban sumidos en sus pensamientos y los minutos parecían horas. Greyback tardó en llegar, pero cuando lo hizo, lo recibió una ola de respeto y miedo. Scorpius se mantuvo sereno en una esquina, algo alejado del resto. Y fue entonces cuando se escucharon los pesados pasos de los mortífagos, junto con gemidos doloridos de la mujer a la que torturaban. Aquellos gemidos le resultaron vagamente familiares, sólo que no supo si era por todas las súplicas de dolor que había recibido, o porque había pertenecido a alguien de sus recuerdos borrados. La muchacha fue depositada en el centro de la sala y el silencio de expectación invadió el ambiente.
-Miren, miren. Es como si la historia se volviera a repetir.-Dijo un Lestrange. Scorpius levantó al fin la vista y logró captar la imagen de la joven pálida y amedrentada. Su expresión fría y tensa de siempre fue sustituida de inmediato por cierta curiosidad y se convenció de acercarse a la  prisionera. Le resultaba vagamente familiar su rostro, pero no lograba encajar todas las piezas. Rabastan Lestrange levantó su varita y apuntó a la rubia, quien intentaba moverse. Sus débiles intentos de huir le inyectaron cierta piedad al rubio, pues al verla sentía que algo con sus ojos azules no iba bien. ¿Quién era? ¿Por qué se sentía diferente? –Esperen.-Se sorprendió a sí mismo diciendo, justo cuando Lestrange empezaba a saborear las palabras para torturarla.-¿Quién es ella?

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Miér Sep 25, 2013 3:28 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Es como si la historia se volviera a repetir” Dijeron y provocaron que la joven arrugara la nariz con desprecio, sintiendo como la marea de tristeza le inundaba el cuerpo, porque una de las venas más débil de ella, era su familia y aunque su padre intento mantenerlos fuera de aquel tema tan atroz e infame que fue la tortura de Frank y Alice I, no lo logro pues los periódicos les hacían un homenaje cada año, pero solo era una narración explicita del sufrimiento que los Longbottom padecieron, conmemoraciones malsanas que lograban enfermar a cada miembro de la familia de Alice, quienes intentaban sobrellevar el tema con respeto y cariño hacía sus familiares, pero jamás lograron deshacer esas costumbres de los medios, ni lograron quitar el veneno en las palabras de algunos, como del mortifago que tenía al frente. Clavo la vista en aquella persona, intentando que todo el odio que tenía guardado se reflejara en ese momento sobre sus orbes azules, la varita bailaba entre las manos de aquel hombre, intimidando a Alice quien como acto reflejo se puso de pie y dio algunos pasos hacia atrás, topándose con la varita de otra persona clavándose en su espalda, dejándola de nuevo en el mismo lugar, con el estómago retorciéndose de terror intentó conectar la lengua con su cerebro para poder contestar a aquel comentario, La varita le apuntaba, sabía exactamente lo que le haría, lo que pasaría, lo que sufriría y donde terminaría, era una batalla perdida que empeoraría con cada palabra que saliera de ella, pero que jamás dejaría de pelear porque se trataba de su familia.

Las palabras se quedaron en la punta de la lengua, porque lo escucho, por fin escucho la voz que los últimos días había estado deseando llegara a sus oídos, y no solo lo escuchaba, los estaba deteniendo porque no él jamás dejaría que la lastimaran, no a ella, no frente a él. Giró el rostro de forma rápida, deseando encontrarse con la misma sonrisa que había despedido hacía años al salir del tren, con el mismo cabello rubio y los ojos grises que ya no la miraban con sorna ni desprecio, sino todo lo contrario. Que por fin Scorpius Malfoy había hecho su reaparición en el momento que ella más lo necesitaba, que la sacaría de ahí sana y salva, como siempre lo hacía. Pero nunca nada salía como ella esperaba y el error de su vida era vaticinar las acciones de Malfoy. Sintió como sus parpados caían pesadamente, el cuestionamiento del rubio no era lo que ella esperaba escuchar, pero era él, tenía que tener un plan y aquello seguramente era parte de eso, ella no tenía que arruinarlo y por eso se quedó callada, controlando el temblor que había invadido su cuerpo, ahora tenía esperanza, no había nada más a qué temerle.

―¿En serio tengo que darte clases de Historias Familiares, Malfoy? ― la voz del hombre sonaba cansada, fastidiada de toda aquella charla innecesaria, la varita estaba en su mano y él solo deseaba utilizarla contra la joven que estaba expectante ante las acciones de todos―Es una Longbottom― la voz llena de burla y desprecio hizo que ella volteara el rostro, incapaz de mirarlo más tiempo sin despotricar contra él, posando sus ojos azules sobre los grises del rubio, buscando desesperadamente una señal, un “todo estará bien” pero no había nada, quizá curiosidad, pero solo eso, ninguna muestra de afecto se le era mostrada y supo que algo andaba mal, que no era cuestión del tiempo, la distancia o los cambios de la edad, sino que había algo que no encajaba entre ellos― ¿Cómo te llamas? ― Le sobresalto la pregunta, pero no fue capaz de volver a ver a aquel hombre que sabía bien era un Lestrange ―Dime tu nombre― demandó dando un paso hacia ella de forma amenazante provocando que ella retrocediera la misma distancia― Alice… mi nombre es Alice―Escuchó como varias risas comenzaban a rodearla, por supuesto que sí, su nombre era el de su abuela, y el nombre que había portado con tanto orgullo todos estos años ahora se volvía una cruel ironía. La repetición de su nombre lo dijo mirando de nuevo al rubio, comenzando asentir la desesperación caer sobre ella. Ella jamás habías sido parte del equipo que conservara la calma, la de temple frio, no, ella era la que regaba el pánico y lo usaba para salir de las situaciones, y después de tanto tiempo encerrada y amedrentada cualquier esperanza se perdía rápido.

Hasta ese momento había ignorado los detalles obvios, como que el rubio estaba ahí con mortifagos, inadvertido, como si fuera uno de ellos y eso era porque Scorpius era uno de ellos, la capa negra, el tatuaje que sin duda tenía bajo la manga, el respeto que se sentía cuando él hablaba…él no estaba ahí para salvarla. Un nudo se le formo en la garganta mientras un vacío se formaba en su estómago, sentía que la habían cambiado de realidad en cuestión de segundos, el aire se volvía más pesado, las figuras frente a ella le resultaban más más amenazantes, sentía que el suelo comenzaba a moverse y que cada vez había más distancia entre el rubio y ella, sentía que no lo conocía, que aquel hombre frente a ella no era su Scorpius, que todo era una pesadilla, que por fin se había vuelto loca y estaba en su celda sudando frio y ajena a la realidad. Tenía que romper esa pesadilla, esa visión. Era solo un truco. “Scorp” movió los labios, asegurándose de no hacer ningún sonido, siendo casi una súplica. Los ojos le escocían, amenazando con dejar bromar las lágrimas en cualquier momento.

―Suficiente de presentaciones― escuchó una voz diferente a la de Lestrange y Malfoy y antes de poder hacer nada para defenderse la luz roja salida de la varita ya había dado contra ella, antes de sentir el dolor por cada fibra de su cuerpo ya se encontraba de nuevo en el suelo, haciendo un golpe sordo mientras luchaba por sostenerse de las baldosas con las uñas, como si aquello pudiera detener el dolor, como si el quedarse quieta le permitiera detener las olas de dolor que amenazaban con ahogarla. La sensación fue corta, logro derribarla pero solo era el principio, no había sido Rabastan, estaba segura de eso pues el odio y el placer de torturar eran palpables en cada uno de los presentes pero el sadismo solo lo poseían algunos, y si alguno de ellos apuntaba su varita contra ella el dolor sería peor, insoportable. ¿Cuánto tiempo tardaría para tener un pase directo a la misma sala que sus abuelos? ¿Cuántas maldiciones eran necesarias para que olvidara el nombre de sus padres y de lo que significaban para ella? ¿Cuánto tiempo necesitaba para desconocer a todo aquel que ella amaba?.  
Basta Alice” ordeno mientras intentaba controlar su taquicardia, si su destino era pasar por lo mismo que sus abuelos, lo haría y sin perder la cordura antes de lo necesario, obligándose a resistir todo lo posible. Sus ojos volvieron a buscar aquellos con los que tanto se compenetraban. Miró a Scorpius, su Scorpius, el mortifago, que contemplaba todo el espectáculo con la boca contraída en un rictus de confusión, y los delicados músculos de su rostro que se movían como si forcejearan desesperadamente contra lo que veían. ¿Se estaba compadeciendo de ella? Quizá o quizá solo se lo estaba imaginando, y era sólo una ilusión causada por el deseo de ver en él algo del antiguo Slytherin.

―Ahora dinos… ¿Quién te estuvo informando? ― intentó incorporarse, logrando solo recargarse en un brazo y poder pasear la mirada por el salón, captando las sonrisas y los gestos de superioridad de los presentes hasta encontrar con su interlocutor en turno, Greyback. ―Nunca repito las cosas dos veces… ¡Contesta! ― negó con la cabeza de forma lenta y cansada ―No lo sé―dijo en voz baja pero se escuchó perfectamente por todo el lugar, provocando que los murmullos se levantaran por las paredes hasta volverse un zumbido indescifrable.No delatar a nadie, era la primer regla no escrita para esas situaciones. Aquel hombre de acerco a ella y la tomo por los hombros de una forma casi gentil, algo que solo logro asustarla más, la puso en pie y acomodo el cabello de la joven detrás de sus orejas, pasando el pulgar por su mentón y provocando que ella cerrara los ojos, con asco y esperando caer de nuevo al suelo por otra maldición―Así que no lo sabes―una sonrisa maligna se formó en sus labios dejando ver una dentadura amarillenta y aterradora. Una risa burlona salió de él, siendo coreada por otro más, dio la vuelta dispuesto a marcar más distancia entre ambos, pero giró sobre sus talones, asestando una bofetada en el rostro de Alice el cual termino rojo y con una herida en la mejilla por las garras de aquel hombre lobo―¡No hagas que pierda mi tiempo niña! ―con el dolor recorriéndole los pómulos y sintiendo el ardor de la herida se llevó ambas manos al costado del rostro, por reflejo y sin hacer presión sobre la herida― He dicho que no lo sé, jamás me dio su nombre  ― bramó conteniendo toda la ira que tenía, era hasta humillante tener que responder a sus preguntas― Pero sí sé otros nombres… el tuyo, por ejemplo y el de la mitad de los que están presentes  y ninguno tendrá la suerte de pudrirse en una celda, los condenaran al beso enseguida… ¿Acaso pensabas que había guardado la información para mi sola? ― Justamente eso había hecho, pero ahora ponía sus esperanzas en que no lo supieran, en que mentir le salvaría la vida, quizá por otro día. Sonrió de forma autosuficiente cuando el salón se quedó en silencio― Entonces tendremos que continuar esto hasta que digas nombres de las personas que involucraste…Sabemos ser muy persuasivos― concluyó alejándose de ella y de nuevo dejándola sola en el centro― ¿Quién es el siguiente? ― preguntó al aire, buscando voluntarios y Alice de nuevo fue presa del miedo, manteniendo sus esperanzas en alguien que no parecía conocerla, que no parecía amarla, pero ahora no lo miro pues no se creía capaz de mantener esa mirada indiferente, era suficiente una tortura a la vez, no tenía por qué estrujarse el corazón buscando muestras de cariño donde ya no las había. Mantuvo la mirada en alto, conteniendo las lágrimas y sintiendo como su pecho bajaba y subía de forma rápida.

Mensaje por Alice N. Longbottom el Jue Sep 26, 2013 10:40 am

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

La forma en la que la rubia lo miraba era extraña, como si esperara algo de él. ¿La conocía? O quizá ella, al ser una espía, lo tenía bien localizado. No lo miró con sorna ni desprecio, sino que lo veía como si fuera su salvación y su esperanza. Scorpius no entendía por qué la joven se aferraba a enfocarlo con aquellos ojos azules tan intensos que conmovían. Lestrange la sujetó bruscamente y ella finalmente desvió la vista, detonando en su rostro la letanía de la vergüenza y el desasosiego. Estaba perdida, ella lo sabía, además de que ya sabía lo que sería de su destino. Rabastan se giró hacia él con toda la paciencia del mundo, y una vena latente en el anciano cuello. Ante su respuesta, Malfoy levantó una ceja, pues conocía aquel apellido, pero no lograba encontrar alguna relación cercana a él. El hechizo que bloqueaba sus recuerdos lo había borrado todo, hasta algún naciente odio hacia la joven y su familia. Por puros hechos se basaba, y éstos le indicaban que ella era de familia de aurores, que desde hacía mucho tiempo había luchado con esos mismos mortífagos que se erguían ante la rubia. Scorpius sabía que la familia se componía de un auror de la Gran Batalla, y que tenía dos hijos, donde el mayor era un reconocido auror en el mundo mágico. Eso era todo lo que sabía.
 
Malfoy enfocó de nuevo la vista en la joven y ella de nuevo subió sus ojos azules, intentando hablar con éstos. Scorpius no entendía sus mudas palabras, pero él también intentó escrutar con curiosidad alguna razón por la que ella se aferrara tanto a su presencia. Rabastan la sacudió, incitándola a decir su nombre, como si aquello fuera realmente necesario. Los balbuceos de la chica se escucharon en la sala plagada de mortífagos, y luego un montón de gruñidos y risas ahogadas se dejaron propagar en la habitación. Rabastan, con una sonrisa morbosa, se acercó al rubio y lo codeó en las costillas.- ¿Tu papi te contó quién fue quien arruinó a los Longbottom? –Inquirió. No esperó respuesta, cuando de nuevo se volvió a Alice y le dio un puntapié cerca de las costillas, escupiendo al suelo. –Si Rodolphus estuviese aún aquí, ya no estarías viva para contarlo.
 
Alice continuó suplicando a Scorpius, y éste se sorprendió cuando ella susurró su nombre  entre sus labios lastimados. Ella sí lo conocía, pero él aún no encontraba un lazo que lo uniera a ella. Entrecerró ligeramente los ojos, y a continuación, Greyback se posicionó cerca de ellos. Sin inmutarse, soltó un cruciatus y la rubia se empezó a retorcer, frunciendo los labios y apretando los dientes ante la insistencia de no darles la satisfacción de sus gritos de dolor. Hubo un largo silencio y Scorpius sentía que algo iba mal, que ella no debería estar ahí y que su dolor era algo que le molestaba en demasía. Desvió la vista de la escena, enfocándose en Greyback y en su fría actuación en contra de la espía. Se detuvo el mortífago y miró con sus ojos viejos y amarillos a la joven. Le exigió una explicación, pero la joven aún luchaba por su dignidad y su secreto. Malfoy avanzó un paso, posicionándose cerca de Greyback. El hombre lobo no se inmutó, pues continuó amedrentando a Alice, tratándola con cierta gentileza, acariciando el fino rostro de la rubia con una de sus horribles garras. Cuando iba delineando cerca del mentón, le propinó una sonora bofetada, rasguñándole las facciones, destruyéndola de poco en poco. Malfoy apretó la mandíbula ante aquél acto, sintiendo cierta necesidad de interponerse entre la rubia y el mortífago. La cabeza empezaba a dolerle, pues sentía una creciente frustración al no poder  recordar algo sobre ella, aunque sus instintos le gritaban que debía hacer algo para protegerla.
 
Al fin Alice soltó datos más concretos, pero Fenrir aún no saciaba su curiosidad. Scorpius pensó que sería el fin de la rubia y él no podía hacer nada para evitarlo, pero para fortuna de la Longbottom, había cabos sueltos que el hombre lobo se dispuso a unir. -¡Yo me ofrezco!-Dijo Lestrange con una sonrisa retorcida, avanzando más de cerca, saboreándose las ganas de torturar a la rubia quizá hasta la muerte o hasta dejarla loca. Greyback frunció el ceño.- ¿No te basta con los viejos Longbottom? Cedámosle el honor a un seguidor más joven.-El anciano hombre lobo miró a su alrededor y sus ojos amarillos se enfocaron en un tembloroso pelirrojo que sujetaba su varita como si de ésta dependiera su vida. –Tú.-Lo señaló y el joven mortífago reaccionó de un salto. –Hazla hablar.-Dijo y el pelirrojo se acercó a la espía. Era más joven que Malfoy, y con muy poca experiencia. Sintió un escalofrío cuando el joven levantó su varita; si algo salía mal con el hechizo, ella podía morir al instante, al igual que el principiante. Scorpius dio un paso hacia la escena, rebelando al fin su presencia y con un ágil movimiento de varita, quitó la del principiante. Greyback se giró a él y lo miró con furia. -¿Se puede saber qué haces?-Le gruñó. Malfoy se mantuvo pasivo y apuntó la varita hacia Alice, evitando mirarla a los ojos.
 
-Sólo lograrás matarla. Así no conseguirás ninguna información.-Dijo. Greyback escupió a sus pies y gruñó de nuevo.- ¿Acaso planeas ir corriendo por una poción “Vertaserum” y prepararle un té a la niña? Anda Malfoy, deja tus estupideces y sácale toda la información de una vez.-El lobo apretó los puños pero Scorpius avanzó hacia la joven, posicionándose cerca de ella. Todos los observaban. El rubio se acercó a ella, apenas a centímetros de distancia. Podía ver los ojos brillosos de Alice, y también podía escuchar su respiración acelerada.  Posicionó su varita en contra del estómago de la joven y él alcanzó el oído de ella, ocupando una posición algo íntima y comprometedora. Alrededor sólo había silencio.- ¿Quién eres?-Volvió a repetir, susurrándole al oído. –Házmelo recordar. –Insistió y se separó levemente de ella. Imperio.- Pronunció y un rayo rojo impactó contra la rubia. Cayó de rodillas frente a él y sus ojos azules expresaron su terror. –Dame los nombres.-Le reclamó.
 
Alice Longbottom… Aquel nombre lo conocía. Sintió que la cabeza le latía  y una ráfaga de dolor lo invadió. Se llevó una mano a las sienes, y nadie se inmutó. Cerró brevemente los ojos, suficiente para que un borroso recuerdo acudiera a  él.
-¿Y eso qué significa?-Sus enormes ojos azules lo cuestionaron.
-Ya no nos volveremos a ver. –Le respondió él.

El resto del recuerdo quedó difuso, pero pudo captar la sonrisa triste de la rubia joven y un último abrazo, donde él estaba seguro de que tenía que protegerla, fuera como fuera.
-¿Qué te sucede?-Arthur estaba a su lado y fruncía el ceño. Scorpius recuperó la realidad y parpadeó un par de veces. –Una jaqueca, es todo. –Respondió, apartándose de la mirada inquisitiva de su mejor amigo. Arthur no dijo nada más, y ambos se dedicaron a observar a la joven, esperando su obligada respuesta.

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Lun Sep 30, 2013 8:04 am

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Arruinar era una palabra correcta para describir la situación por la que su familia tuvo que pasar y aun pasaba, aquel era su infierno en el que sólo podían seguir avanzando. Quizá el no estar viva para contar aquella tortura y humillación sería lo mejor, para todos. No estaba dispuesta a que su familia sufriera con ella en un hospital en el ala psiquiátrica y sin reconocerlos siquiera, no podía imaginar a su hermano interrogándola junto a Hazel y ella mirándolos con miedo y poniéndose histérica por su insistencia, tampoco permitiría que sus padres lloraran mientras ella era inmune a su dolor por el simple hecho de que le resultaban ajenos. ¿Y qué pasaría con Scorpius? ¿Se afligiría por el estado en el que ella terminara? ¿La persona que ella más amaba, sentiría lastima por la pérdida de su vida? No se creía el centro de las vidas de sus conocidos, sabía que ella solo formaba parte de un pedacito de vida de ellos, pero que por ese pequeño trozo de tiempo e importancia que le daban a ella, era mejor cortarse de un tajo a quedarse como una herida abierta e imposible de cicatrizar.

El sabor metálico de la sangre le inundó la boca, se había lastimado los labios por hacer demasiada presión en ellos con su dientes para poder guardar las mayoría de sus gritos en el fondo de su garganta mientras se retorcía en el suelo por un dolor que no sabía en donde acumularse y simplemente había recorrido todo el cuerpo de la joven dejándola cansada y lastimada. No tenía parámetros para saber cuánto tiempo le quedaba cuánto dolor físico podía soportar, Pero todo eso comenzó a pasar a segundo plano cuando su decisión se afianzo dentro de ella, si iban a torturarla que lo hicieran hasta que dejara de respirar, que no la dejaran con la mínima lucidez, quizá con esa última chispa de consciencia podía dar ella por terminado todo, hacer un acto de nobleza y evitarle pesares a las personas que más amaba. Quizá Alice estaba pasando de la valentía a la estupidez, pero sus pensamientos estaban siendo nublados por la tristeza de los recuerdos de su pasado, por la desazón que le producían los ojos metálicos de Scorpius, por la frustración de llevar tanto tiempo cautiva, pero estaba preparándose, resignándose.

(…)

─Vamos, Frankie─ exclamó una Alice de 6 años mientras intentaba empujar a su hermano regordete que se untaba gel en el cabello con tanta calma y detalle que Alice pensó que se estaba contando los cabellos─ Tienes que apresurarte─ dijo mientras acompañaba sus palabras golpeando sus pies contra el suelo, en una marcha impaciente, la niña al no recibir ninguna respuesta se subió al inodoro, logrando tener mayor altura que su hermano y lanzándose sobre su espalda, provocando que ambos se tambalearan y el frasco de gel cayera al suelo ─Alice, bájate ─chilló su hermano, luchando por sostenerla y por mantener el equilibrio ─No, baja tú. Quiero que lleguemos a la sala, ahora, ya te tardaste mucho, ¡Pareces niña! ─  gritó la pequeña niña rubia en el oído de su hermano, que no tuvo más remedio que obedecerla y bajar las escaleras de forma lenta para no tropezar y rodas con todo y carga ─¡Frank, Alice ¿Qué pasa con ustedes? Pueden lastimarse gritó Hannah interceptándolos tres escalones antes de terminar su travesía─ ¿Qué es lo que… Merlín ¿Qué se hicieron? ─cuestiono Hannah mientras bajaba a la menor de la espalda de su hermano y la depositaba en el suelo, inspeccionando a ambos niños, quienes vestían sus mejores ropas y el cabello rubio del niño estaba brillando por el exceso de laca, mientras las coletas de Alice estaban ligeramente una más arriba que la otra. ─ Escuchamos a Augusta decir que los abuelos siguen mal, y que papá debía ir a verlos─ se apresuró a contestar Frank, con una voz menos aguda que la de su hermana─ ¡Queremos ir a verlos y darles esto! ─ continúo la pequeña niña sacando de su bolsillo un frasco de vitaminas que sus padres les daban y decían que curaban cualquier cosa, creando una fantasía de algo simplemente cotidiano. El rostro de la madre perdió color y giró el rostro,  buscando a su marido y encontrándolo con un semblante serio y con la mirada triste y destrozada, observando todo desde el umbral que daba a la cocina. ─Tenemos que dárselas, así dejaran de estar enfermos y vendrán a vernos. Estarán aquí para navidad─ corearon ambos niños, esperando el apoyo de ambos padres, sin comprender lo que sus palabras estaban causando, pues ignoraban la situación de sus abuelos, no era su culpa no saber su historia familia, no era su culpa estar embriagados por la dosis exagerada de esperanza e inocencia que otorga la infancia.

(…)

Había dejado caer sus parpados así como la cabeza, cuando volvió a su terrible presente vio a un joven menor a ella apuntándole con la varita, sabía bien las consecuencias de la inexperiencia mágica, de los estragos que el nerviosismo causaba a la hora de usar una varita, lo sabía y aun así estaba luchando contra su miedo.
Sentía su corazón latir de forma rápida, sentía el eco del latido en su cabeza, y sentido como una lagrima resbalaba por su mejilla, trazando un camino hasta su mentón.Pero la varita que estaba, quizá, destinada a terminar con aquello terminó en el suelo, ella no siguió a la varita con la mirada, sino que volvió a clavar su mirada en la figura de cabellos rubios que había aplazado todo, de nuevo, que quizá la estaba salvando a cuentagotas. Y aquella postura tan segura e imperturbable le recordó por qué lo amaba.

No permitió que sus esperanzas se renovaran, mantuvo su decisión de no causar dolor por sus imprudencias y descuidos mientras observaba con atención cada paso que el ex Slytherin daba hacía ella. Se sobresaltó al sentir la punta de la varita contra su estómago pero aun así no retrocedió, pero sí cerró los ojos sintiendo cierta tibieza recorriéndole el pecho cuando él por fin se dirigió a ella, de forma distante pero personal. Dos lágrimas corrieron pos su rostro, pero eran lágrimas que ya no deseaban estar en sus ojos, que querían escapar y cuando él le comprobó que la había olvidado, habían tomado esa oportunidad para salir. ─ Por qué siempre que estamos juntos pasa algo malo? ─ susurró, clavando su mirada azul en la gris del joven mortifago. Estando tan cerca de él, le resultó fácil estirar los dedos de su propia mano para abrir el puño de Scorpius, depositando ahí un anillo, un simple circulo metálico que había descansado en su dedo anular todo este tiempo y que no era muestra de ningún compromiso pero sí tenía cierto significado y esperaba que aquello cumpliera a su petición de hacerlo recordar, realmente lo esperaba, pues no podía hacer mucho más ahora, no mientras estaban en medio de aquella reunión y cualquier palabra que ella dijera podía hacer que lo lastimaran a él.

(…)

Mientras el Tren seguía su curso de regreso a Londres, Alice descansaba su cabeza sobre las piernas de Malfoy, reposando los pies en el marco de la ventana mientras sostenía un libro frente a su vista y un silencio ajeno a la incomodidad reinaba en el vagón ─Así que… Este año sales del colegio─ dijo la rubia, como si nada y pasando la hoja de su libro, y asomando la mirada sobre este, pero sin descubrirse totalmente el rostro─ Sí, así es… ¿Qué hay con eso? ─ preguntó él mientras le quitaba el libro para descubrir totalmente su rostro─ Oh, Nada… es sólo que el verano pasado nos vimos ¿Tres veces? Y estaba bien porque bueno, regresando al colegio nos veíamos diario…y no es como que necesite verte diario, pero sí, bueno…─ suspiró cubriéndose el rostro con ambas manos pues sentía el calor sobre las mejillas─ Eres inteligente, ya sabes a lo que me refiero─ concluyó de forma rápida y con el sonido de su voz siendo ahogado por sus manos─ Claro… Significa que no sabes que harás sin mi…Es comprensible, suelo causar esa impresión en las perso…auch─Alice había elevado una de sus manos para cubrirle el rostro─ Cállate, Malfoy. ¿Por qué eres tan odioso? ─ se quejó, intentando sentarse correctamente y con claras intenciones de comenzar una discusión, pero Scorpius la tomo por la cintura, y la recostó de nuevo en el sillón comenzando a enterrar sus dedos en sus costados de forma delicada, haciéndole cosquillas y ocasionando que ella manoteara, soltara carcajadas continuas y cuando tenía la oportunidad de respirar le ordenaba que se detuviera─ No hasta que te retractes de tus palabras, Enojona ─ ella se disculpó y logró que él se detuviera, dejándolo con una sonrisa de satisfacción en el rostro y a ella con las mejillas arreboladas por las cosquillas. Se tomó unos minutos para recuperar el aliento y se puso de rodillas sobre el asiento, mirándolo y esperando una respuesta ─ ¿Qué esperas escuchar, Alice? ¿Quieres que terminemos? ¿Qué te diga adiós, fue un placer? ─ladeo la cabeza, teniendo la oportunidad de mirarse a los ojos, ella se mordió el interior  de su mejilla y negó con suavidad ─¿Crees que después de todo te dejaría sólo por que salí del colegio? Sería una completa estúp…Lo siento, ya sé sin malas palabras… Estaremos bien, Nada cambiara entre tú y yo─ sin darse cuenta, la sonrisa de Alice se fue ensanchando y pronto estuvo a centímetros de su novio─ ¿Lo Prometes? ─ cuestionó con un brillo de emoción bañando sus orbes azules, esperando el asentimiento de Malfoy que pronto llegó para después pegar sus labios a los de él, sonriendo mientras lo besaba y acariciando su mejilla con el pulgar─ ¿Escribirás?, ¿Nos veremos en Hogsmeade? ─ se sentó de nuevo, enlazando sus manos con las de él, incapaz de separarse ahora, cuando en un rato más se tendrían que separar por meses─ Te enseñaré diré dónde están los pasajes secretos a Hogsmeade,y nos veremos ahí…seguido, muy seguido porque quiero asegurarme que sigas teniendo las mismas pecas que tienes ahora y que nadie te ha enamorado─ ella recargó su cabeza sobre el hombro de él ─  Eso es imposible…─  comenzó a cerrar los ojos, respirando el aroma fresco que se desprendía de Scorpius hasta que la sensación de algo frio alrededor de su dedo la hizo abrir los ojos de nuevo─ ¿Estas proponiéndome algo de forma silenciosa, Malfoy? ─  preguntó levantando una ceja, confundida, pero sonrió divertida cuando el chico rio entre dientes─  No, sólo quiero que lo guardes hasta que volvamos a vernos...No te emociones, en realidad ni siquiera es caro, lo compré cuando me hice mi primer tatuaje...─  él se encogió de hombros y ella asintió, sabiendo que él sólo intentaba hacerla sentir más segura de que no se separarían del todo, que estaban bien y seguirían bien. Muchas promesas jamás llegaban a cumplirse, en realidad estaban destinadas al fracaso desde que se formaban en la mente y aunque sonaran convincentes y lograran engañar al emisor y al receptor, jamás se cumplirían. Pero para Alice ya nada le resultaba imposible, había comenzado a vivir en una burbuja color rosa en la que todo salía bien, en la que ella estaba con la persona que quería y nadie se interponía, y sólo por eso, creía que un Malfoy y una Longbottom podían mantener una relación fuera del colegio. Pero la siguiente y última vez que se vieron, solo hubo una sonrisa y un abrazo, un último contacto y sello de una despedida que ella no entendía a qué se debía. El anillo siguió en el dedo de la Ravenclaw, porque ninguna de las promesas fue recordada en ese momento.

(…)

Sus rodillas de nuevo contra el suelo, las lágrimas brotando de sus ojos de forma silenciosa, cerró las manos en puños, enterrándose las uñas por la frustración. La idea de que Scorpius Malfoy usará su varita contra ella, le resultaba imposible desde hacía unos años, desde que había comenzado a conocerlo, desde que había aprendido a confiar en él, y aquella maldición fue una bofetada a sus sentimientos y a su orgullo. Luchaba contra ese vomito mental que demandaba hacer salir los nombres de las personas que sabían aquello, no quería decirlo, no quería que las lastimaran, ni siquiera les había contado detalles importantes, ellos sólo sabían el tema de su investigación, no más. ─Althea Her…─ exclamó muy bajo y con la respiración entrecortada, como si acabara de correr un maratón, cansada. Althea Herzog era su jefa, la persona que le había dado una oportunidad en el Profeta por sus capacidades y no por su apellido, la primera que había confiado en su Habilidad para el trabajo. Le dolió cada letra del nombre y aún más el no poder retener aquella información dentro de sí. Y faltaba uno, el más importante, quizá, pues era alguien que ella amaba, alguien importante, era su mejor amigo. Primero lo visualizó con aquella sonrisa amable y cálida  que siempre dirigía a todos, con el ceño levemente fruncido cuando ponía atención a algo, con la pasión en la voz cuando hablaba de su novia o su carrera, lo imagino feliz, tal y como él era, tal y como debía ser siempre. Y el siguiendo escenario fue el contrario, y no pudo con aquello, no podía permitirse arruinar la vida del hindú sólo porque a ella se le había ido la lengua, porque no había sido fuerte y había luchado contra aquello. Tenía que resistir y no llevarse a la ruina a otros con ella. Negó rápidamente con la cabeza y levantó la vista ─No…No dejaré que les hagan daño, a ninguno, no…─ se calló de inmediato, poniendo toda su voluntad en resistirse a un impulso de decir la verdad, pero que no venía de ella, no le pertenecían esas ganas de hablar, y por eso calló, sallando sus labios momentáneamente y esperando que ellos lo hicieran de forma definitiva─ ¿Althea Herzog? ─ cerró los ojos con resignación, sabiendo que si lo negaba aun así irían por ella, lo había arruinado. ─¿Y a quién más? ¿Tus padres?¿Tu hermano? ¿Su novia? No sé por qué nos molestamos si esta chica está rodeada de personas de las que nos tenemos que deshacer. Llévensela antes de que la mate y arruine la reunión familiar─ abrió los ojos por el terror, no podía permitir que a su familia le hicieran pasar por aquello, su familia no tenía que ser el entretenimiento y joya dramática de aquellas personas. No podía permitirlo. Desvió la mirada hacía la varita que estaba en el suelo, la del pelirrojo, la que pudo matarla y se lanzó para alcanzarla, no estaba muy lejos, y pudo sentir la caoba entre sus dedos, se aferró a ella, pero pronto sus pies se despegaron del suelo y su espalda y cabeza chocaron contra la pared de atrás, soltó un aullido de dolor mientras la cabeza le daba vueltas y luchaba contra la inconsciencia─ Dije que se la llevaran─ gruño el hombre Lobo y acto seguido Alice fue tomada por los brazos. La estaban buscando, de eso estaba segura desde el momento en que fue encerrada, sabía que no la habían abandonado y ahora eso la aterraba, si le habían seguido la pista, seguro que Los mortifagos se les habían adelantado y sólo los estaban vigilando, esperando la manera de atraparlos y terminar con la chica que sabía demasiado y con su familia, haciendo un acto dramático, maligno y que lograría alterar todo a su favor. Porque no había nada peor que el Dramatismo que aquellos hombres le daban a las ejecuciones y aún más si se trataba de la familia de un héroe de guerra, del hijo de las primeras victimas.  ─ ¡No, No, Por favor. Ellos no, déjalos, a ellos no! ─Pataleo y manoteo con todas las fuerzas que le quedaban, sin importarle ya si las lágrimas corrían por su rostro─ ¡No les hagas daño! ─ suplicó a los gritos pero ya estaba fuera de la habitación, siendo conducida de nuevo hacía su pequeña prisión. “Lo siento, Frank. Lo lamento, Mamá… Perdóname, Papá”

Mensaje por Alice N. Longbottom el Jue Oct 03, 2013 5:01 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Jamás había sido impuntual y por supuesto no cambiaría de un día para otro sus hábitos.
Ella llegaría en el tren, regresando de su último año en Hogwarts, y cada segundo que pasaba en aquél condenado andén le recordaba y le remarcaba lo que estaba a punto de hacer. Los años habían pasado y todo había cambiado. Scorpius aún no comprendía cómo había terminado enamorado de Alice Longbottom, ni terminaba de entender lo mucho que aquella rubia de ojos azules le importaba. Un año había bastado para que fuera capaz de dar su vida por ella, desmoronando aquél mundo ridículo que anteriormente se había formado, quitando prejuicios. Aquél año había sido toda una vida para el rubio, aquél año en donde compartir el desayuno con Alice Longbottom, era lo único que importaba cada mañana y verla sonreír era su único propósito.
Él se había graduado, y Malfoy ya tenía previsto su futuro. Lo intentó ignorar, pero era inútil huir de algo a lo que estaba destinado desde antes de nacer. El plan en su mente había sido fácil: espérala, ámala, huye. Y sólo era un joven mortífago de dieciocho años, loco de amor por una chica, con mil sueños en la mente y lleno de ingenuidad.
 
El tren al fin se dejó ver a través del túnel. Las familias empezaron a acercarse, esperando por los recién llegados. Scorpius se mezcló entre la gente, buscando con la mirada a los Longbottom. Si de algo tenía suerte, o razón, era que Frank no estaría ahí por lo menos en los primeros treinta minutos. Si Frank no se visualizaba, tampoco Hazel ni los padres de Alice estarían por ahí. Logró verla a través de las ventanas y tal como ella prometió en su última carta, lo saludó, pegando la nariz en la ventana de su compartimiento. Scorpius levantó una mano, saludando, y sonrió genuinamente, acercándose por inercia a donde el tren arribaría. Por fin, los alumnos empezaron a bajar del expreso y Malfoy esperó pacientemente hasta que una cabellera rubia salió disparada hacia él, envolviéndolo en uno de los cálidos abrazos a los que él se había hecho adicto. No dudó dos veces en atrapar sus labios, acercándola a sí casi con necesidad, pues la había extrañado demasiado después de no verla en meses. Disfrutó del contacto de sus labios contra los de ella, enredó sus dedos en su cabello rubio y sintió cómo su corazón al igual que el de ella, palpitaban al mismo ritmo. Ella fue quien se separó de él, recuperando el aliento, pero Scorpius no dejó que mucha distancia los separara, pues juntó su frente con la de ella, y contempló sus ojos azules, que tanta falta le habían hecho. –Se nota que me extrañaste.-Dijo ella y soltó una risilla.
Scorpius se encogió de hombros.- ¿Tan obvio soy?-Respondió con una sonrisa. –Bienvenida a casa.-Agregó.

 
Le ayudó con el baúl. ¿Qué tanto guardaban las mujeres que parecían que cargaban rocas? Quizá eran rocas, era lo más seguro. Pero en fin, la plática con Alice volvió la carga amena, pues ponerse al corriente no estaba de más para la joven pareja. –Así que fuiste al baile con Tristan ¿No era gay? –Alice lo miró de mala manera, pero él intentó no reírse. –Lo es, pero vaya, como alguien me abandonó, pues no iba a ir sola al baile y… espera, Scorp ¿a dónde vamos? Espera, debemos de esperar a mi familia. Ya sé que aún Frank y tú no se tragan, pero podrías hacer un esfuerzo…-Scorpius se detuvo y se colocó frente a ella, tomándola de los hombros. La miró fija y seriamente con sus ojos grises.
-Huye conmigo, Alice.
[…]


Sostuvo el anillo que la joven le había dado. El tacto contra su palma era extrañamente familiar, al igual que el susurro y las palabras de Alice a su oído. Su mente parecía retorcerse ante el cúmulo de recuerdos que habían sido encerrados bajo llave, privando de todo sentimiento a Malfoy. Sentía un enorme nudo en la garganta conforme ella se alejaba de él y aún sus palabras dejaban consciencia en él. Como había pasado anteriormente, otro recuerdo acudió a él borrosamente. El rostro crispado de una niña de quince años, lo miraba con furia. “¿Por qué siempre que estamos juntos nos pasa algo malo?” Los mismos ojos azules, la misma boca sonrojada. Alice no era una extraña para él, y empezaba a unir sorprendentemente los hilos de sus recuerdos con algún sentido. ¿Eran reales aquellos recuerdos, o se los estaba creando a sí mismo?
Se sobresaltó cuando las palabras dolorosas de Alice resonaron en la habitación. Luchaba contra el hechizo, en vano, diciendo nombres contra su voluntad. Scorpius desvió la mirada, incapaz de ver por más tiempo el sufrimiento de aquella pobre chica, a la que él había arrastrado al sufrimiento… Porque sabía que algo tuvo que ver él en algún pasado.
 
Subió frenéticamente la mirada cuando Alice se estampó contra la pared. Notó cómo una herida se abría paso por su cabeza, manchando su cabello rubio y su frente, del escalofriante color de la sangre. Scorpius apretó los puños, sin poder hacer nada al respecto. Un movimiento en falso y Greyback podría malinterpretarlo. ¿Qué era él con aquella joven? Debía de haber una respuesta.
Los mortífagos se apiñaron hacia ella, sosteniéndola de los brazos como si de una muñeca de trapo se tratara y se la llevaron a pesar de las súplicas que a gritos profería. Regresaría a las mazmorras de la casa, a su prisión.
Scorpius, ante la tensión del apretar, el anillo quedó marcado en la palma de su mano. Los recuerdos de nuevo se atropellaban en su mente.
[…]
 
-¿Estás loco? Te dije que no debías tomarte la poción que te regaló mi hermano de navidad. Créeme, es mentira eso que dice de la buena suerte.-Alice sacudió la cabeza.
Scorpius atrapó una de sus manos, donde aún descansaba el anillo que él le había obsequiado hacía un año. Ella miró a la misma dirección de él y levantó ambas cejas, dubitativa.-Hablas en serio.-Adivinó y sus bellas facciones se sonrojaron. Alice apartó lentamente la mano de la de Scorpius y miró al suelo.
-Pero dime qué piensas. No te haré hacer nada que no quieras.-Esperó una respuesta de la rubia, metiendo ambas manos en los bolsillos de su gabardina. Era ahora o nunca. Después de aquél día, no podría escapar de su destino. Alice lo miró de nuevo, intentando buscar palabras, pero sus ojos azules aún brillaban con duda.

-Merlín, Malfoy, no somos más que niños aún. Yo… digo, te quiero… pero es demasiado y… ¿¡Por qué me hagas esto!?-Se mordió el labio inferior. Aquello sólo logró que Scorpius se acercara a ella de nuevo y la abrazara. El cuerpo de Alice quedó cubierto con el de él. El rubio recargó el mentón en la cabeza rubia de la chica y luego levemente se movió para alcanzar su oído y susurrarle:-Lo sé, soy idiota, por eso te estoy pidiendo que te cases conmigo.
[…]
 
La habitación quedó en un incómodo silencio. Los gritos de la joven ya se habían acallado y Scorpius temió que le hubieran hecho algo. Greyback y Lestrange discutían algo en murmullos, excluyendo al resto. Vaya que poco le importaba; su mente ahora estaba con la joven encerrada. Algo debía de hacer, pues debía ayudarla.
-Si atrapamos a Frank y a Hazel Longbottom, tendríamos una enorme ventaja sobre el ministerio y Potter.-Los dientes podridos del lobo sobresalieron de sus labios roñosos. –Mañana temprano sácala y si no habla, mátala. Ya tenemos el nombre de la bruja esa.-Escupió al suelo y luego miró a Malfoy. –Me han dicho que tienes mano firme. Tú la matarás mañana. ¡Viva el honor Malfoy!-Soltó una horrenda carcajada y luego se fue cojeando a la siguiente habitación, que seguramente era la cocina. Scorpius se quedó en su rincón, mientras todos los mortífagos desaparecían a su alrededor.
 

Aunque parecía que la casa estaba vacía, más de una docena de mortífagos rondaban por los pasillos. Scorpius, entre ellos, había decidió quedarse. No deseaba llegar a casa con la patética de su prometida, ni tampoco tenía ganas de sufrir un interrogatorio de su padre. Hacía girar entre sus dedos el anillo que Alice le había dado. Cuando veía aquél pedazo insignificante de metal, sentía un fuerte lazo que aún no lograba rencontrar. Debía hablar con la prisionera; debía recuperar sus recuerdos.
Esperó a que fuera ya muy noche. La mayoría había ido a dormir y la vigilancia se redujo a un considerable número. Con la capa negra de mortífago, Scorpius se escurrió hacia las mazmorras y logró entrar sin complicaciones. Los hechizos que rodeaban las mazmorras eran solamente para ajenos a su bando y la fea serpiente que estaba tatuada en su antebrazo, le permitía la entrada.
Y ahí estaba; parecía dormida, iluminada por los escasos rayos de luna que se colaban por los barrotes, su herida había sido cubierta, pero aún su rostro estaba manchado de sangre seca. La pobre sufría de frío o miedo, pues los temblores en su cuerpo la delataban.
Decidió acercarse a ella.
[…]
 
-Dime algo, Alice.-Suplicó el rubio, pues ella no había dicho nada desde hacía diez minutos. Él guardó silencio, intentando leer una respuesta en Alice, pero ella sólo se había quedado pasmada.
-¿Qué quieres que te diga?
-No sé. Dime que me amas y que huirás conmigo.-Sonrió de medio lado y sólo se ganó una mirada meditabunda de la rubia. –Hablaré con Frank si es necesario. Pero por favor…

-¿Por qué quieres huir?-Dijo ella de golpe. Era una pregunta que él no podía dar respuesta. La miró serio, meditabundo.
-Dame veinticuatro horas y te lo explicaré.-Dijo después de un largo silencio incómodo.
-Entonces tendrás mi respuesta en ese tiempo. Llévame a casa, Scorp.-Sus delgados dedos buscaron la mano de Scorpius.

[…]


Con un hechizo logró pasar los barrotes, de nuevo “afortunado” de pertenecer del bando. Alice despertó y sus ojos azules y soñolientos lo enfocaron. La sorpresa no se hizo esperar en su rostro.
Alice Longbottom volvía a decirse en su mente. De repente, sentía que la conocía. Sabía que lo hacía. No podía dejar de pensar en ella y no podía dejar de sentir culpa al contemplar los moretones y las heridas de la rubia. Era su culpa, sólo suya. Debía salvarla, cuidarla, recuperarla. Era su deber y obligación. El quería recordarla.
Se puso de cuclillas para estar a la altura de la joven y antes de que ella pudiera decir algo, atrapó su rostro entre las manos y recorrió suavemente con el pulgar la herida que tenía en la mejilla, seguido de la herida de sus labios. Sus labios que de repente le apetecían.
-Debo sacarte de aquí.
 
[…]
-Lo prometiste. –Dijo ella con los ojos llenos de lágrimas. Scorpius logró poner aquella familiar barrera entre él y el mundo y con frialdad solamente asintió.
-A veces es necesario romper promesas para salvar vidas, Alice.-Le contestó.

[…]


Ella intentó contestar, pero un arrebato impulsivo logró sacar a Scorpius de su letanía en la ignorancia. Olvidó toda distancia entre él y la rubia y con suavidad la besó, intentando no lastimarla más. Fue breve pero cuando Scorpius de nuevo enfocó sus ojos grises en los azules de Alice, podía entender que siempre la había amado.
 
 

 

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Miér Oct 09, 2013 3:12 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Los sollozos jugaban un papel importante en su nueva tortura individual pues lograban rasparle la garganta, le quemaba, los gritos proferidos habían logrado lastimarla, y aun así no dejaba de hacerlo, gritaba en periodos de tiempo discontinuos, subiendo y bajando de tono, siendo la idea de que su familia estaba en peligro la que la hacía recobrarlas fuerzas, pero llego al límite unas horas después, estaba consciente de que desde hacía mucho habían dejado de escucharla, sus suplicas no servían de nada.

Se acurruco en la esquina de la cama y abrazo sus rodillas, dejando que sus lagrimales se vaciaran por completo, dejando húmedo su rostro y llevándose con ellas toda la esperanza de no acarrear a terceros a esa miseria. Sentía que su cuerpo no era capaz de sostenerse a sí mismo, la cabeza le pesaba demasiado, le palpitaba y el silencio de aquel lugar la estaba enloqueciendo, deseaba escuchar algo más que una gotera lejana, que su propia respiración. Se pasó una mano por el rostro, echándose el cabello hacía atrás y logrando ver de reojo una mancha roja, había olvidado el golpe por completo, tanteo la herida que debía tener con la yema de los dedos y la superficie de su piel estaba plana, ¿Cuándo la habían curado? Lo habrían hecho de forma muy rápida y rudimentaria, algún hechizo para sanarlo y que no se infectara y eso la hizo darse cuenta que ahora el trayecto de aquel salón a su celda ahora era una bruma dentro de su mente, no había prestado atención, solo intentaba soltarse y suplicaba por sus conocidos. Soltó un quejido, no le gustaba que hicieran eso ¿Para qué sanarla?, con eso su imaginación sólo lograba crear escenarios que le resultaban terroríficos e involucraban a su familia.

Se recostó, sin poder soportar más aquella postura, imaginando y deseando que si se recostaba el peso del mundo sobre ella se aminoraría, sabiéndose incapaz de luchar si venían de nuevo por ella, su cuerpo ya no lo soportaba, había llegado al límite.  Se abrazó a sí misma, sufriendo espasmos por los sollozos que aun escapaban de ella. La luz que entraba le resultaba insoportable, los ojos le escocían suplicando que cediera a que sus parpados cayeran, que intentara dormir y lo hizo. Que error más grande.
En la inconsciencia no podía saber cuánto tiempo en realidad había tardado en aparecer su primer recuerdo, su primera pesadilla, la primera de las muchas que tendría de ahora en adelante; Era él, ignorándola, obligándola a delatar a las personas que quería, siendo inconsciente de lo mucho que ella lo amaba, indiferente a su dolor y a las suplicas que hacía. Ella lo seguía viendo a pesar del dolor, pero él también lo hacía, pero no la reconocía. Noto que ahora estaba despierta, pero no abría los ojos, los mantenía cerrados, no quería abrirlos, deseaba que aquello en realidad sí fuera una pesadilla, que jamás la hubieran sacado de ahí, que jamás se hubiera enterado de que Scorpius era un mortifago, que podía dañarla, porque hacerlo sería retomar una idea que había perdido hacía años, que él era malo, que si se acercaba saldría lastimada. No quería volver a tener esa imagen de él, a pesar de todo quería al Scorpius Malfoy del que se había enamorado y no de aquel que quizá ahora estaba en busca de Frank, que ahora no la recordaba, que quizá dejo de amarla desde hacía mucho tiempo. Apretó aún más los ojos, intentando reprimir las lágrimas por aquella idea. Se sentía lo suficiente madura, creía que lo había superado hacía mucho tiempo, intentaba hablar de él cada vez que podía pero con comentarios aislados y agradables, lo había intentado convertir en una etapa más de su vida, un capitulo terminado, una puerta cerrada y sellada, pero no era cierto, en realidad sólo le había bastado verlo de nuevo para saber que nada de aquello que se había inventado era cierto, lo quería y jamás lo había olvidado. Nunca le habían dejado de doler sus últimas palabras, la repentina partida, la despedida, jamás había olvidado y por la menta nunca le paso la idea de querer hacerlo, porque sí había cierta oscuridad en aquellos recuerdos, pero eran suyos, le pertenecían a ambos y no estaba dispuesta a enterrarlos, pero él lo había hecho ¿Por qué?...y en ese momento el dolor que le recorría todo el cuerpo dejo de ser importante a comparación del hoyo negro que se estaba formando en su pecho. “¿Por qué, Scorpius?”.

Abrió los ojos, dejando ver sus ojos azules y atormentados, sorprendida de verlo ahí, sintiendo como su corazón comenzaba a latir más rápido, golpeando su pecho con un sentimiento de anhelo pero al mismo tiempo de miedo, porque así, ahora le temía de nuevo, ahora sabía que era capaz de lastimarla, que ya no era suyo.
Se incorporó con esfuerzo, aun con el sueño sobre ella y el dolor amenazando con consumirla. No pudo evitar sobresaltarse cuando su rostro fue atrapado, cuando tuvo, por primera vez en mucho tiempo, contacto físico con alguien que no intentaba dañarla, que parecía preocuparse. Ladeo el rostro, pegando la mejilla que no tenía lastimada contra la palma de la mano de Scorpius, atrapándola entre la propia y clavando sus ojos azules en los de él, queriendo asegurarse que no había perdido la razón por completo y eso en realidad estaba pasando.
Su respiración se cortó cuando volvió a escuchar su voz, porque era la misma que había escuchado hacía unas horas cuando la torturaban, pero ahora era diferente, lo sentía, quiso hacer muchas preguntas y reclamos, estaba preparada pero la besó, la calló de la mejor manera posible, pero logro confundirla, logro hacer que su mundo diera vueltas de nuevo, por breves segundos mientras sus labios se encontraban y amoldaban con los del rubio. Se separó un poco, solo un poco y estrictamente necesario para poder verlo, encontrando la calma que tanto deseaba en los ojos grises de Malfoy. Una sonrisa pequeña se asomó por sus labios antes de que se abalanzara sobre él, rodeando su cuello con los brazos y desestabilizándolo, haciendo que se sentara en el suelo de golpe, la sonrisa le duro unos segundos más y luego noto como sus ojos se anegaban, y escondió el rostro en el cuello de Malfoy, sintiéndose demasiado frágil y dividida, pues una parte de ella le decía que se alejara en ese preciso instante, que no debía aferrarse a él.

─¿Por qué? ─ susurró con voz ahogada sin separarse de él─ ¿Por qué te olvidaste de mi?... ¿Por qué dejaste que ellos..que…─ tragó saliva con dificultad e intento controlar el temblor en su cuerpo, cerró los ojos y se mordió el labio, intentando apartar el recuerdo de lo vivido de su mente─ No puedes hacerlo…─ susurró cerca de su oído antes de separarse y mirarlo a los ojos de nuevo, sintiendo que sería incapaz de cortar el contacto visual con él─ Si te descubren… ellos van.. ─ se sentía avergonzada por no poder terminar ninguna oración, negó rápidamente, quitando de un plumazo toda intención que él tuviera por sacarla de ahí─ No puedo permitir que te hagan daño─ logro pronunciar con seguridad mientras se alejaba de él y se pegaba a la pared─ Vete─ suplicó, haciendo un movimiento con la cabeza hacía la entrada. ─ Vamos Scorpius, vete. No somos nada, no tienes ninguna obligación, solo vete─ lo urgió sin levantar la voz por temor a que la escucharan y provocara que lo descubrieran ahí, e inevitablemente desvió la mirada hacía uno de los puntos más oscuros del lugar.

Quizá debería suplicar porque saliera de ahí y fuera a alertar a su familia, que los protegiera, pero no se vio capaz pues eso implicaba que él se pusiera en peligro, quizá no aceptaría, pero no quería siquiera intentarlo, sentía que era cambiar la vida de alguien por la de otro y no podía intercambiar vidas, y menos si eran de las personas que amaba. No podía proteger a su familia, tendría que confiar en las habilidades que tenían, pero quizá sí podía salvar a Scorpius de un mal innecesario. Nadie sospechaba de él, nadie tenía jamás que enterarse que ellos tuvieron algo, él podía hacer su vida, la había olvidado y quizá si no fuera tan egoísta podría ver el lado bueno de aquello… Scorpius no corría ningún peligro ahora, él estaba a salvo. Y tenía que seguir así.

No había escuchado que saliera, seguía ahí. Y eso lograba herirla más ¿Por qué seguía ahí? No la recordaba del todo, podía hacer como si fuera una prisionera más, una soplona más. Pero ahí estaba intentando averiguar que los unía ¿Por qué? ─ ¿No escuchaste? Vete de aquí. ─ suplicó sin voltear la vista hacía él y sintiendo una lagrima correr por su mejilla hasta su mentón─ ¡No quiero verte! ─ exclamó subiendo un poco el tono de voz pero sin llegar a gritar─ Hiciste que fueran tras mi familia, Dejaste que me torturaran… Me dejaste─ intentó que sus palabras fueran seguras, que contuvieran todo el rencor que tenía para con los Mortifagos, pero no funciono, su voz se quebraba, no podía decirle aquello ni siquiera por su bien. Sollozo y recargo la cabeza contra el muro─ Te odio. Te odio demasiado, Vete. ─

Mensaje por Alice N. Longbottom el Sáb Oct 19, 2013 2:25 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Scorpius lograba descifrar el dolor de Alice, así mismo la encontraba rota en cada movimiento que hacía y cuando sintió sus labios contra los suyos. Fue breve, pero para él fue lo suficientemente extenso para aclarar su mente, para poder abrirse paso entre aquella nube de recuerdos olvidados que de repente querían regresar a él. Se separaron y se contemplaron por segundos. Los años habían pasado para ellos desde la última vez que se habían visto y Scorpius ahora admiraba a una mujer joven de ojos azules y cabello rubio, con los fieros rasgos de la niña que había conocido tiempo atrás. Pudo ver como los labios partidos de Alice esbozaban una ligera sonrisa y de repente ella se abalanzó hacia él para rodearlo en un abrazo muy expresivo, que logró sentarlo, mientras él recibía a la rubia en brazos y enterraba el rostro en su cuello, sin importarle que el cabello rubio de ella le rozara el rostro. Se separó levemente de ella solamente cuando sintió que Alice se escondía en su cuello, intentando ocultar los sollozos que Scorpius podía adivinar. No la culpaba; seguramente había sufrido bastante y Scorpius por una parte se sentía culpable por ello. ¿La había involucrado en todo esto? No lograba recordar el cien por ciento de su pasado, y tenía una ligera sospecha que nada de lo que había acordado en su juventud fuera del todo correcto.

Los susurros de Alice fueron como témpanos para Malfoy, que aún la sostenía en brazos,  sintiendo cómo su frágil cuerpo temblaba. Él intentó calmarla pero antes de poderle responder cualquiera de sus interrogatorios, Alice se separó de él y de nuevo pudo contemplarla frente a frente. Era como si hubiera envejecido diez años y el brillo que antes había tenido en sus orbes azules, se había opacado. –Alice, tranquilízate, todo estará bien.-Intentó convencerla, sujetándola por los brazos.-Nadie va a hacerte daño ¿está bien? No lo voy a permitir. Sí, olvidé muchas cosas, pero recuerdo otras, debes confiar en mí.-La miró a los ojos, intentando que ella se calmase pero parecía que solamente la alteraba más. De repente ella se soltó de él, alejándose y pegándose a la pared como si hubiera recordado que Scorpius era el verdadero villano. Malfoy la miró pesaroso y bajó la mirada, quedándose sentado frente a ella. Alice intentó alejarlo más, que él se fuera, pero Malfoy se hizo el sordo, limitándose a mirar el suelo y contar las rayas de desgaste que éste tenía. No le prestó atención a la rubia mientras intentaba alejarlo y advertirlo; no lo iba a convencer así tan fácil. Cierto que podían descubrirlo y estaría en problemas pero ¿qué importaba? Por ella se dejaría atrapar si fuera necesario. Lo había prometido ¿no? Había prometido que la iba a proteger, desde hace mucho tiempo éste era su deber.

Empezó a elevar la voz y aquello hizo que Scorpius levantara la vista hacia ella. Parecía dolida y sabía que cada palabra que recitaba era mentira. Lograba comprenderla: él hubiera hecho lo mismo en su lugar, pero no era el caso. Tenía que sacarla de ahí y en tal caso que salieran vivos de todo ello, se aseguraría que Alice no se volviera a topar con él ni por casualidad. No soportó más escuchar las palabras rotas de Alice, por lo que se acercó a ella. Se colocó a cuclillas en frente de la rubia y la sujetó de los hombros, zarandeándola con delicadeza, con temor a que se quebrara.-No digas idioteces, Longbottom.-Dijo con cierta ternura, como había hecho en el pasado cuando eran estudiantes. –No me odias.-Susurró bajando la voz. –Mira… lo que pasó allá arriba… No te diré que me arrepiento de ello, porque salvé tu vida, Alice. Tu familia estará bien; son demasiado fuertes para que los tomen desprevenidos. Hazel y Frank están lo suficientemente capacitados para ponerse a salvo, incluyendo a tus padres.-Elevó sus manos para coger el rostro de la rubia y aprovechó a limpiar una de sus lágrimas con el pulgar.- Hey, la Alice que yo conocí no lloraba cuando tenía miedo.-Intentó sonreírse y las facciones le dolieron cuando descubrió que hacía tanto no sonreía genuinamente. Era una sonrisa triste, pero era la única que podía ofrecerle a la mujer. –Vamos, salgamos de aquí. No les des la satisfacción de que te vean sufrir.-Se acercó a ella y finalmente le dio un beso en la frente. Desde hacía tiempo se comportaba protectoramente con ella y aunque le hubiesen robado sus recuerdos, aún tenía el instinto de querer proteger a la rubia.

Se levantó del suelo y se sacudió la túnica negra con un ágil movimiento. Su oído se agudizó, intentando escuchar si había problemas fuera de la celda. Sabía que pronto darían la alarma y que si lo hacían antes de que huyeran, estarían en graves problemas. Miró a Alice.- ¿Puedes caminar? No me hagas cargarte.-Dijo en tono irónico, aunque era capaz de cargarla y lo haría si era necesario. Solamente era su forma de ser, desde joven había sido así de egoísta, pero Alice lograba cambiarlo en cierta forma.-Vamos, arriba.-Le dijo, acercándose a ella. Tomó su mano y jaló de ella con delicadeza, poniéndola en pie. La rubia se tambaleó cuando sus piernas temblaron pero Malfoy estaba ahí para detener su caída. La abrazó por la cintura, sujetó con fuerza su mano, y apoyó la mayor parte del peso de Alice sobre él. El camino a la salida sería muy largo y debían estarse con cuidado.-Dime si algo te molesta o si no puedes continuar.-Le susurró al oído lo más dulce que pudo. No quería perderla de nuevo. Había sido un idiota cuando hace años la había dejado. Se sintió terrible ante ello, pues aún recordaba los dolidos ojos azules de Alice cuando él había roto una promesa.

Scorpius sacó su varita y empezó a andar por la celda, cargando a Alice, intentando que se acostumbrara de nuevo al movimiento de caminar. Tenían tiempo, pero no mucho, por lo que Malfoy miraba nervioso la entrada de la celda de vez en cuando. Llegaron a la cerradura y el rubio pronunció un hechizo sencillo para abrirla. –Te quitaron tu varita ¿verdad? Ya te conseguiré una.-Le aseguró, antes de pasar por la puerta, dejando atrás la mísera cárcel de Alice. Ella intentó reprimir los quejidos, pero Scorpius sabía que a ella le dolía cada paso que daban. Caminaron por las celdas que se mantenían vacías y cuando iba a terminar la mazmorra, Scorpius se detuvo. Quedaron cubiertos por un muro que los separaba del resto de la casa. El mortífago miró a la rubia y la soltó de momento, cuidando que ella quedara cómodamente recargada contra la pared y que no requiriera esfuerzos extra que la hicieran sufrir.-Aguarda aquí. No salgas, no hagas ruidos.-Se acercó más a ella, dejando que su rostro quedara cerca del suyo.-Confía en mí.-Le suplicó. Asintió y antes de que ella le contestara, se adelantó, colocándose la capucha de la túnica y caminó hacia donde suponía estaban los guardias.

Para suerte de ambos, solamente había un par. Los conocía a ambos; uno era Zabini y el otro era Duncan. Ambos habían sido compañeros de Scorpius en el colegio y los conocía bastante bien para saber que ambos eran peligrosos hasta cierto punto. No eran muy sagaces, por algo los tenían cuidando una celda a mitad de la noche, además de que ni se dieron cuenta cuando Scorpius atravesó su vigilancia. Malfoy se acercó a ellos, con su varita lista debajo de la manga y se descubrió la cabeza justo cuando creyó necesario. Ambos mortífagos lo vieron y se mostraron confundidos.- ¿Qué buscas aquí, Malfoy?-Preguntó Duncan con el vozarrón que lo distinguía. Malfoy se acercó a ellos con una media sonrisa.-Intentaba sacarle más información a la prisionera. Frank y Hazel no están solos, es obvio ¿no? Seguro ya están prevenidos.-Ambos guardias se vieron confundidos. Scorpius empezaba a hartarse y no contaba con mucho tiempo que podía perder. -¿Y conseguiste algo?-Preguntó Zabini. Scorpius suspiró pesadamente y elevó los ojos hacia el techo. Sacó ágilmente su varita y atacó primero a Duncan. Zabini fue veloz, sacando su varita a tiempo, intentando luchar contra Malfoy. Pero Scorpius tenía mejor preparación que el moreno, por lo que lo derrotó en unos cuantos segundos.

El encuentro pronto levantaría sospechas. Debían ser veloces. Scorpius tomó la varita de Zabini y corrió de nuevo a lado de Alice y al encontrarla, no dudó dos veces en cargarla, recogiendo sus piernas y sujetándola por la espalda, recargando su cabeza en el pecho de él. Debían huir antes de que los encontraran y dieran la alarma y si iba Alice a pie, solamente se retrasarían.-Te sacaré de aquí.-Le volvió a repetir. Debía dejárselo claro y de nuevo debía ganarse su confianza.

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Miér Dic 11, 2013 5:55 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Tocó la puerta del hogar de su mejor amiga, del aquel departamento que planeaban compartir, momentos después recordó que su amiga se había encargado de enviarle las llaves en una carta para que llegara a instalarse apenas regresara del colegio, metió la llave en la cerradura y al entrar pudo ver las cajas que contenían sus cosas y que Frank se había encargado de trasladar desde la casa de sus padres,hasta la de Hazel. No dio más de tres pasos antes de sentir a su mejor amiga sobre ella, abrazándola de forma calurosa y dándole la bienvenida, la menor de las Longbottom la rodeo con sus brazos,alargando el abrazo un poco más y recargando el mentón sobre el hombro de su amiga, intentando deshacer el nudo que tenía el garganta para poder agradecerle y saludarla─ Esperaba que llegaras hasta dentro de unos días, tenía una fiesta sorpresa preparada,claro que ahora ya no será sorpresa porque ya llegaste y..te lo acabo de decir─ se calló inmediatamente, llevándose ambas manos a los labios para evitar que más palabras salieran. Alice sonrió divertida, aunque fue una sonrisa breve y tomo ambas manos de su amiga, haciendo que las despegara de su boca─ Si me enseñas todo el lugar, te prometo que por la noche me hago olvidar y así podrás sorprenderme─
Las habitaciones fueron mostradas a detalle por la mayor de las rubias,que dejo para el final la habitación de la recién llegada ─ Aquí esta, es toda tuya, pedí que la dejaran en blanco porque no sabía si la querrías verde o azul.. ¡Oh, mira! Espero que no te moleste, pero busque entre tus cosas y encontré estas─ corrió hacia la mesa de noche junto a la cama, tomando dos porta-retratos y poniéndoselos frente a la nariz─Creí que sería un buen detalle, después de todo las tenías mejor cuidadas que las que tienes con Frank─los ojos azules de Alice se abrieron de forma inesperada, volviéndose cristalinos por las lagrimas que estaban por salir, la sonrisa de Hazel se borro, y dejó las fotos sobre el escritorio junto a la puerta, rodeando a su amiga en otro abrazo,más comprensivo.

─Se fue─ varias lagrimas tuvieron que derramarse para que por fin hablara. Los sollozos le provocaban espasmos en el cuerpo,porque lloraba como no podía llorar con nadie más, solo Hazel podía escucharla, ella podía compréndela, ella era su mejor amiga─Scorpius se fue, él prometió que estaríamos juntos,Hazzy. Y yo le creí, yo quería estar con él─caminaron juntas hacía la cama, donde pasaron un buen rato sin decir palabra alguna, pero Alice podía ver, en los momentos que se separaba de ella para limpiarse el rostro, que su amiga reprimía demasiadas palabras, demasiados sentimientos,con lagrimas atrapadas en aquellos ojos grises que luchaban por mantenerse fuertes y brindarle apoyo a su mejor amiga. ─Se fue, no lo cumplió─ Alice se hizo un ovillo sobre la cama, evitando mirar a toda costa las fotografías que reposaban sobre el escritorios, donde estaban ambos, y ella sonreía porque lo quería y creía que estarían juntos, porque era tonta y había olvidado todo lo que podía llegar a separarlos, no quería ver las fotos donde eran felices juntos, no quería porque ya no lo serían.

(...)

Que la misma voz masculina que tanto anhelaba escuchar le dijera que no recordaba todo, le quitaba un peso de encima para remplazarlo con otro, no la había olvidado por su propia voluntad, quizá aun, muy en el fondo, la quería , pero ¿qué había sucedido? Pos su mente pasaron varios escenarios donde él había salido herido, pero recordó que para quien tuviera una varita, hacer desaparecer los recuerdos de otra persona,era relativamente sencillo y aun sin el dolor físico que él podría haber sufrido, tenía el impulso se acercarse de nuevo a él y preguntarle si se encontraba bien, si había sido herido, si necesitaba su ayuda, pero no podía ella ya no era una persona indicada para hacer esas preguntas en la vida del mortifago.

Esperar que el rubio se fuera era algo que podía soportar, ya había pasado una vez podía superarlo de nuevo, pero no lo hacía él simplemente seguía ahí, dispuesto a cortar la fría distancia entre ambos─ ¿Por qué eres tan necio, Malfoy? ─ murmuró por lo bajo,levantando la mirada por un momento, pero huyendo de nuevo de esos ojos grises, cerrando los ojos y estando atenta a las palabras que él seguía diciendo, pero no podía mantenerse en silencio demasiado tiempo, no tenían tiempo y ella tenía tanto que decir, porque era una ley entre ambos, diferir de lo que el otro decía ─¿Y tú? ¿Estarás bien? Dime Scorpius ¿Cómo te pondrás a salvo? ─ dos ultimas lagrimas se deslizaron por sus mejillas, provocando una sonrisa en el rostro de su acompañante, y ella no pudo negarse más, jamás había podido decir que no a las sonrisas espontaneas del rubio, ¿Que haría? Intentar que ambos salieran con vida de ahí, sin varita y con el dolor recorriéndole el cuerpo, pero lo intentaría, pero sus palabras fueron entendidas del todo muy tarde, le había recitado lo que cada miembro de su familia posiblemente estaría haciendo, pero omitió a alguien, a su mente vino un nombre en especifico, uno de alguien que no se podía defender sola que podría ser la más herida, sus ojos se abrieron con un terror evidente, se enderezó, aunque no se levanto, en su lugar, teniendo las palabras atoradas, necesitaba gritarle que la dejara ahí, que corriera a su casa y avisara a Frank para que la protegieran, pero no sabía como hacerlo, las palabras no salían de ella y él, ajeno a todos sus pensamientos, la ayudo a ponerse de pie, creyendo que sufría por estar ahí y no por los que estaban afuera.

Cada acción que antes hacía sin dolor alguno y de forma casi autómata, le estaba costando más que cualquier otra cosa, apretaba la mandíbula y apoyaba la mayor parte de su peso sobre Scorpius, había intentado sostenerse por si misma y casi había caído, sería mejor que aceptara la ayuda y no intentara ser "Alice- yo-todo-lo-puedo-Longbottom" por una vez en su vida. Sonrió un poco, echando la cabeza un poco hacía atrás para poder verlo a los ojos─ ¿Avisarte, Enserio? El Scorpius que yo conocía me habría regañado por no poder correr ni por mi propia vida─ intentó bromear, pudo sonreía unos segundos más antes de tener que emprender la marcha, sentía las corrientes de dolor recorrer desde los pies hasta su cabeza a cada paso, llegó a cerrar los ojos por un momento a causa del dolor, las piernas le temblaban ¿Miedo o dolor? No importaba, ninguno de los dos llegaría a la salida si continuaban a ese paso. Giraban hacía la izquierda y derecha, seguían de largo y Scorpius no dudaba al avanzar o hacer más lento el paso en algunos lugares; conocía perfectamente aquellos pasillos. Y el recuerdo de sus días en aquella celda la asaltaron, ¿Cuántas veces había escuchado el ir y venir de personas que suplicaban por sus vidas? Las noches que no podía dormir, escuchaba el eco de los gritos provenientes de otras celdas, el olor a sangre y muerte que se penetraba en los muros. Alice miró un momento hacía las celdas vacías y comenzó a tener arcadas, ¿Cómo había sobrevivido tanto tiempo? ¿Por qué no la habían asesinado junto con los demás? ¿Por qué sólo ella seguía viva?

Para cuando estuvieron en los limites de aquel lugar, separados solo por un muro del resto de la casa, Alice tenía los ojos llenos de lagrimas de nuevo, no por ella, sino por las personas que había escuchado y aun sin poder verlas o haber hablado con ellas, se sentía identificada, porque pasaban por el mismo infierno y no podían caminar hacía la salida, estaban estancados, separados simplemente por muros, pero padeciendo la misma situación. Y ahora y ano estaban, quedaba sólo ella, había salido, por lo menos de su pequeña celda, gracias a Scorpius. Tenía la posibilidad de volver a casa a ver a su familia gracias a él pero ¿Y ellos? ¿Por qué nadie los había ayudado? ¿Por qué tenían que morir ahí solos y asustados?. La visión se le nublo y cuando pudo enfocar de nuevo la vista, él ya estaba de nuevo frente a ella y la tomaba en brazos. No le interesaba ver el camino que estaban recorriendo, no quería ver personas vestidas de negro acercándose y dispuestos a atacarlos, no quería asustarse más, prefería verlo a él porque todo su cuerpo le mandaba ordenes de protegerse,de mantenerse a salvo y ella se sentía segura si él estaba cerca. Quizá ya estaba loca, quizá y estaba haciendo mal en confiar en él después de todo lo ocurrido en el salón hacía apenas unas horas...Quizá padecía el Síndrome de Estocolmo, quizá ya no era ella, quizá,después de todo, no volvería a ser ella.

A ella le pareció que sacaron buena ventaja y había avanzado bastante a pesar de que uno de ellos cargaba, literalmente, el peso y la responsabilidad de ambos. Pero los gritos de alerta aparecieron en el instante que Alice se preguntó si aun faltaba mucho, y enseguida pudo ver los hechizos rozándoles y estrellándose en los objetos que tenían cerca, su corazón comenzó a latir a una velocidad demasiado rápida, asustada, se removió en los brazos del rubio, para que la colocara en el suelo y le diera una varita, creía que estaban siendo rápidos hasta que una luz roja paso entre los rostros de ambos y los obligo correr de nuevo, con Scorpius dirigiendo la carrera y aun tomándola de la mano doblaron los pasillos y ella pronto pudo ver enorme puerta que los separaba de su libertad,sonrió y siguió sin recordar el dolor que aquejaba su cuerpo hacía unos momentos pues la adrenalina había bañado hasta la ultima de las fibras de su cuerpo. Los contraataques que les permitieron atravesar aquella puerta de roble fueron lanzados por Malfoy que estaba más relacionado y entrenado para aquellas situaciones, pero antes de dar el ultimo paso hacía la intemperie, Alice giro medio cuerpo, concentrando toda su energía en el hechizo que loro incendiar las enormes cortinas que cubrían los ventanales de la casa, por supuesto que aquella varita no era suya, no se comprendían y quizá el hechizo había alcanzado a alguna persona en lugar de uno de los muebles, se aterrorizó un poco por aquello pero no dejó de correr─ Me gusta incendiar cosas─ comentó como si fuera necesario, como si se estuvieran conociendo, queriendo que recordara esos detalles pero no era el momento además lo había dicho con la voz entrecortada, por la energía que perdía con cada paso sintiendo las hojas golpear contra su rostro mientras continuaban huyendo ¿Dónde estaban? No era un bosque como tal, pero la casa en la que habían estado tenía frente de ella una gran parte de terreno con vegetación, pero no iban por ningún sendero, y por eso tropezaba constantemente, levantándose con ayuda del rubio , aun escuchaba los gritos de personas, algunas persiguiéndolos y otras que se iban apagando porque se habían quedado en la casa intentando apagar los destrozos que había hecho Alice. Por primera vez, se sintió orgullosa de “estropear” algo.

Había perdido la noción de la distancia recorrida, después de tanto tiempo en un espacio tan reducido, todo le parecía enorme y difícil de recorrer. ¿Qué había estado haciendo Scorpius para correr con tal agilidad a la par que se defendía las espaldas?.No quería imaginárselo, pero fuera lo que fuera ella no lo había hecho y sus piernas comenzaban a ceder ─Scorpius─ susurró sintiendo el ardor sobre su pecho, intentando inhalar suficiente aire para que sus pulmones no protestaran,siguieron avanzando pero ella ya no podía correr, caminar por aquel terreno le resultaba muy dificil, y cargarla no era una opción, irían a la misma velocidad que ahora─Scorpius...─ llegado el momento Alice tiró de la mano de Scorpius, para que se detuviera pues no podía dar un paso más ─No puedo, ya no...─ observó como daba una zancada hacía ella y la rodeaba con sus brazos, hizo lo propio, aferrándose a él para no caer y no tardo en sentir el vértigo que las apariciones hacían en su estomago y cuando su cabeza se aclaro lo suficiente para identificar en donde estaban, no lo hizo. Se quedó con los ojos cerrados, con la frente recargada en el pecho escuchando el sonido agitado de su corazón y la respiración agitada de ambos,sintiendo la paz después de la tormenta, pero en unos momentos les pasarían la cuenta para que comenzaran a pagar... primero cedieron sus piernas, doblándose incapaces de sostener su peso, encontrando el soporte que evitaría que ella tocara el suelo en los brazos de Malfoy, sonrió sin tristeza o melancolía, sino con tranquilidad, luchó para que sus parpados no se cerraran al instante y levantó la mano a la altura del rostro del hombre que la había salvado, peinando su cabello rubio alborotado por todo lo sucedido─Siempre tan serio y dicho eso dejo que sus parpados cayeran por su propio peso, quedando inconsciente,aislada de cualquier sueño o acción que el mundo o cualquiera dentro de él efectuara.

(...)

─No es posible─ la voz de Frank sonaba con una fuerza increíble, como si Neville le hiciera eco a cada silaba, después de haber salido del asombro y recuperarse de casi sufrir un desmayo, el mayor de los Longbottom no había dudado en plantarse frente a su hermana y repetir frases como “No es posile, lo mataré...y de paso a ti te encierro, No puedo creerlo, ¿Qué voy a hacer?” cómo si aquellos resultados que reposaban sobre la mesa de la sala llevaran su nombre. Alice escuchaba la voz de Hazel intentando que se calmara, que entrara en razón y deshechara la idea de encerrar a su hermana, pero se escuchaba lejana, se perdía en varias ocasiones pues su mente estaba en otro lado, su hermano hacía repetido tanto esa pregunta que ella misma se la estaba pensando ahora “¿Qué voy a hacer?”.

“Huye conmigo, Alice”
¿Por qué no lo habían hecho? ¿Por qué no había dicho que sí? Todo sería bastante diferente, las palabras que escucharía en ese momento no la estarían sentenciando a vivir encerrada, no la estarían regañando. Sería diferente, él la hubiera apoyado, él diría algo diferente, la animaría..

“Ya no nos volveremos a ver”
¿Por qué no lo buscaba? ¿Por qué no ignoraba sus ultimas palabras, lo buscaba y lo obligaba a darle explicaciones? O una mejor pregunta ¿Por qué seguía necesitandolo? Si Scorpius Malfoy no estaba ahí era porque no la quería,  no era parte de sus planes, nunca lo había sido,estaba sola,no debía buscarlo;él no quería volver a verla.

Y solo cuando su hermano fue consciente de la humedad en el rostro de su hermana, dejo de hablar, hizo caso a las palabras de su novia y dejo de ver aquel “Positivo” marcado en las hojas como la peor maldición del mundo.

Mensaje por Alice N. Longbottom el Lun Dic 16, 2013 9:37 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Su padre lo miró meditabundo, como si el silencio les diera la respuesta inmediata a todos sus problemas. Scorpius acababa de salir del colegio y ya tenía un destino qué cumplir, o eso le había dicho Draco desde que estaba en cuarto grado. El hombre de cabello blanco suspiró largamente y por fin decidió romper el silencio de la habitación. –Te dije que no te involucraras con ella, Hyperion. Solamente causas problemas y fue tu madre misma quien te previno hace un año. Ya sabes que tienes una responsabilidad y no puedes simplemente darle la vuelta y rehuirla, no por mucho tiempo, al final siempre serás un mortífago.-Scorpius lo escuchó pero no dijo nada, se limitó a ver el suelo, intentando encontrarle alguna solución al asunto. Alice seguía en el colegio mientras él estaba a punto de tomar la capa negra. No sabía ella nada de aquello y prefería dejarla en la ignorancia por el mayor tiempo que fuera posible. Pero al final ella también estaba involucrada al estar con él, lo que la ponía en un peligro constante. Así como sus padres sabían de su relación, los demás mortífagos no tardarían en enterarse y temía por la seguridad de Longbottom. Draco Malfoy miró a su hijo, expectante y sin decir palabra, sin embargo sus ojos grises exigían una solución o redención por parte de Scorpius. -Mañana mismo será tu iniciación.-Concluyó su padre. –Yo que tú me iba despidiendo de tu noviecita, Hyperion.-Dicho esto, se levantó de su silla y dejó a Scorpius solo, en medio de un caos mental.
[…]
 
Continuó su camino, con la mujer en brazos. Scorpius ya no era el antiguo adolescente que antes había tenido un sinfín de discusiones con una niña de Ravenclaw. Tenían ambos grandes responsabilidades, había detalles peligrosos muy por encima de ellos y de sus decisiones y aún así, seguían huyendo de ellos, como antaño. Alice seguía hablándole y eso lo motivaba a seguir paso con paso. Ella se acurrucó a él y Scorpius continuó su camino, atento a todo lo que parecía extraño, alerta a la presencia de los demás mortífagos. Si los atrapaban quizá él no viviría para contarlo, pero valía la pena intentarlo. La libertad de ambos estaba a penas a menos de un kilómetro de distancia, si lograban escapar por las calles, tomar algún autobús muggle o mezclarse entre el gentío, tenían la batalla ganada. Malfoy subió hacia la cámara principal, donde dedujo que estaban los mortífagos de siempre, descansando de algún suceso o poniéndose al corriente por medio del periódico. Gracias a que era bastante tarde, los tomó desprevenidos y se las arregló para sacar su varita y derribar a unos cuantos, antes de decidir dejar a Alice escondida detrás de la chimenea y terminar con los otros dos mortífagos que querrían tapar la entrada. Cuando se sintió más a salvo volvió a ir hacia Alice y con una sola mirada la cuestionó si estaba bien. Ella parecía dispuesta a continuar, y antes de que pudiera decir algo, un rayo de luz roja se atravesó ante sus rostros, por lo que él la tomó de la mano y la jaló hacia sí, atravesando el resto de la casa, directo hacia la entrada. Él lanzó un Bombarda y la puerta saltó en pedazos. Scorpius intentó que su cuerpo cubriera al de Alice, previniéndola de las astillas que salieron volando ante la explosión. Volvieron a retomar su camino, y él ya casi podía oler el fresco aire de la libertad, una esencia que no se atrevía a decir que conocía, pues toda su vida había sido pre hecha desde el momento en el que había nacido. De repente Alice hizo algo inesperado y los gritos agónicos despertaron a Scorpius de su letanía. Cuando volteó, vio la casa en llamas y varios mortífagos luchaban por quitarse las llamas de encima. Al escuchar el comentario de la rubia, un ligero de javú recurrió a Scorpius, y aunque solamente era una suposición, sonrió; porque ella le recordaba a un pasado que aún era borroso para él. Por fin salieron de la casa. Los muggles a penas notaban lo que estaba sucediendo y quizá ellos solo veían un pequeño incendio en medio de un callejón, pero aún así se les veía inquietos. Scorpius apresuró el paso, arrastrando a Alice con él, intentando jalarla, darle apoyo, pero cada vez parecía más cansada, más rezagada. No quiso detenerse, y las voces furiosas detrás de ellos le incitaban a continuar. La adrenalina y los años que había tenido de entrenamiento, lo habían vuelto fuerte y resistente, pero eso no lo contemplo cuando escuchó que Alice lo llamaba.
 
[…]
Esa noche era lúgubre. Hacía frío, no era de extrañarse en medio de un Noviembre lleno de viento. Aún sentía el vacío de Alice y sentía amargura por sí mismo. Era un esclavo, había nacido esclavo de un destino que se había forjado completamente para él.  Entró a su mansión, donde su madre fue quien lo recibió. Rodeó los hombros de su hijo sin decir palabra, pues ya sabía lo que esperaba. Y fue cuando entraron al estudio de su padre. Draco y unos mortífagos más lo estaban esperando. Lo invitaron a sentarse a una silla y aunque fuera en contra de su voluntad, Scorpius no pudo hacer más que resignarse y mostrar una máscara inexpresiva. Era la única forma que podía salvar a Alice y a su familia. Igual pensaba en Hazel, y en que de ella no se había despedido. Hacía poco había recibido una invitación a su boda con Frank Longbottom y aunque le hubiese gustado ir, había tenido que quemar la invitación para que no sospecharan de su amistad con aurores.
Un hombre alto y calvo apuntó su varita hacia él y el otro mortífago que estaba a su lado, asintió.  Un rayo blanco de luz y las palabras Oblivate, fue lo último que Scorpius recordó de su antigua y genuina vida.
 
[…]

Al girarse, vio que Alice disminuía sus pasos hasta quedarse agotada y completamente frenaba. Susurraba su nombre a penas y estaba peligrosamente pálida. Cuando sus piernas cedieron Scorpius fue hacia ella, y la atrapó antes de que tocara el piso. La acomodó entre sus brazos, cuando aún estaba consciente y cada palabra o murmullo que ella emitía, era negada por el rubio. No estaba despidiéndose de él, no, Malfoy no lo iba a permitir. Sus ojos grises miraron los nublados azules de Alice, que antes habían estado tan llenos de vida, cuando lo veía con furia, cuando parecía que todo el universo estaba en ellos. Y de nuevo quería ser joven, quería hacer a un lado todos los falsos pensamientos que le habían introducido y quería mantener los verdaderos. Una ligera sonrisa apareció en el rostro lastimado de Alice y  cuando ella murmuró unas últimas palabras, pereció. Sus ojos se cerraron y Scorpius temió que fuera para siempre. Negándolo, la cargó en sus brazos y aún alerta, mirando hacia atrás, empezó a correr sin ninguna dirección específica. No iba a dejar que Alice muriera en sus brazos, no cuando por fin la había recuperado. Aunque sea aún un leve latido revelaba su sentido, pero sabía que no tenía demasiado tiempo.
 

-¿Quién es ella?- Susane cuestionó al abrir la puerta. Miró alertada a Scorpius. -¡Scorpius, estás sangrando!-Dijo lo obvio, llevándose las manos a la boca, sorprendida, asustada. Scorpius entró a la mansión y reforzó las puertas tras de sí. Aún con Alice inconsciente en brazos, hizo a un lado a Susane y fue hacia su habitación. Allí, depositó a la rubia en su propia cama y se dio cuenta que Susane lo perseguía. –Susane, haz algo útil y ve por agua y paños. –Ella intentó cuestionarle, pero la mirada fría y gris de Malfoy la privaron de dudas. La joven se encaminó fuera de la habitación pero Scorpius de nuevo la interrumpió.-No tardes, Su. Y por nada del mundo dejes que nadie entre ni aceptes ninguna llamada.-Estaban en guerra y sin querer él había involucrado a la joven. Susane no tenía la culpa de haber sido escogida como su prometida, aún cuando él no la quería, era una buena chica. Era una niña rica e ingenua, pero tenía noble corazón, hasta cierto punto.
Scorpius se inclinó hacia Alice y empezó a sacar hechizos para sanar sus heridas, intentando así devolverle a la consciencia. No era un experto en medicina mágica, pero sabía lo esencial como para confiar que lo que tenía Alice solo era agotamiento. Cuando Susane regresó con lo pedido, ella ayudó a cuidar de la rubia, le prestó nuevas prendas y luego entre Scorpius y ella acobijaron a Alice, quien se mantuvo en su letanía. Cuando su respiración se regularizó, Scorpius decidió que la velaría y aunque Susane no tenía idea de quién era aquella mujer rubia, no quiso comentar nada al respecto y se retiró de la habitación. Malfoy ocupó un lugar a un lado de donde Alice dormitaba y tomó su mano fría entre la suya, quizá así sentía su apoyo ¿no? Se mantuvo despierto un par de horas pero estaba completamente agotado, por lo que al final el sueño lo venció.

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Vie Ene 03, 2014 9:04 am

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Alice esperaba con cierta impaciencia fuera del cine con un presentimiento atravesándole el pecho: No iba a ir.  Dos pasos a la izquierda «Debería irme»  media vuelta «Y qué, solo es Scorpius Malfoy» dos pasos a la derecha «Aparece»  media vuelta «Al Diablo, me iré» caminó hacía la taquilla «Aparece, aparece» pidió los boletos diciendo exactamente las mismas palabras que Hazel le había indicado «Todos tenían razón sobre ti» se retiró de la taquilla y comenzó a jugar con  las mangas de su sweater hecho por su abuela «Demuestra que se equivocan, Aparece»  y Rowena escuchó sus plegarias, porque Scorpius Malfoy apareció detrás de ella obligándola a levantar un poco el rostro por la diferencia de alturas ―Lo lamento, Es… fue difícil llegar aquí―le costó asentir como respuesta, era extraño encontrarse en una situación totalmente fuera de peligro estando con él, era extraño ver sus ojos grises contrastar con lo roja que estaba su nariz por el frió, era extraño que ambos estuvieran tan cerca sin gritarse o estar a punto de morir, era extraño eso que traía rodeándole el cuello, era extraño porque esa bufanda tenía la inconfundible marca de Alice Longbottom: Estaba un poco dispareja pues el tramo de color verde a veces era más largo que le plateado y viceversa, pero no comentó nada, no sabía si avergonzarse porque él usara el regalo que le había dado impulsivamente la navidad pasada o sentirse emocionada porque se atrevía a salir en público con su regalo. Tampoco sabía que estaba disfrutando del momento hasta que se dio cuenta que había estado apretando la mano del rubio por merlín sabe cuento tiempo , no la soltó y olvidó que aquella cita había sido ,o eso se obligaba a creer, creada especialmente para romper toda posibilidad de algo entre ellos, por eso lo había citado en un lugar muggle, para hacer cosas de muggles  y ser como muggles, no se daba cuenta de que lo que quería era que fueran  como alguien diferente a Scorpius Malfoy y Alice Longbottom y poder estar salir sin temor a que los asesinaran en el intento. No se daba cuenta que después de ese día no querría separarse de él.

(…)

Alice se acomodaba los lentes una y otra vez, interrumpiendo su escritura sólo para eso con esa noticia podían ascenderla, podría comprar una casa para Franky y ella, una con un jardín y un columpio, podía dejar de vivir en la casa de sus padres  de lunes a Viernes y mudarse los fines de Semana con Frank y Hazel para que la ayudaran con la niña, podría hacerle una fiesta de cumpleaños con muchos niños, podía y lo haría porque aunque Franky hubiera sido llenada de amor, regalos y una infinita paciencia desde que estaba dentro de Alice, debían dejar de ser una carga para los demás, debían salir adelante juntas. Tomo aire y siguió tecleando con una sonrisa en el rostro que se desvaneció apenas empezó a escuchar los gritos de su hermano llamándola a ella y a Hazel.  ¿Qué rayos? Hace media hora había dejado a su hija cuidando de Frank , había dicho “Fran, vigila que no se haga daño” pero su hermano se había dado por aludido, y ahora seguramente la casa se estaba quemando o la televisión había explotado, solo tenían que ver  a los Wiggles por una hora, y fue hasta que escucho un “¡Está a punto de caminar!” que comenzó a correr escaleras abajo―¡Haz que me espere, Distráela, Distráela! sintió los pasos de su amiga pisándole los talones diciendo cosas como “Necesitamos la cámara, Yo llevo la cámara, Necesitamos la cámara”  y el llanto de la niña inundo la casa, ambas rubias llegaron, plantándose detrás de ellos encontrando a Franky sentada en el suelo, roja por el llanto y Frank de cuclillas frente a ella cantando “Las ruedas de los autobuses van girando van, girando van” con una cara de infinita desesperación  ― ¿Qué le hiciste? ― preguntaron en coro ―Dijiste que la distrajera y sólo le di un empujoncito― los ojos de Alice se abrieron, relampaguearon y recordaron el momento en que Frank había tomado por primera vez a su sobrina y había fingido que esta se le caía agregando algo como “Parece una Quaffle” y haciendo un movimiento como si fuera a lanzarla. ―¿¡ HICISTE QUÉ?! ―Alice Rodeo a su hermano, golpeándole la cabeza con la palma de su mano y tomando a su  hija en brazos para que se calmara― Tu tío es un bruto, cuando hables podrás molestarlo, no llores Franky―Unas horas después, Frank era perseguido por toda la estancia por una bebé rubia en una andadera rosa mientras Hazel escribía “Casi camina” y a un lado la fecha y la foto instantánea que había tomado en un diario de bebés que se empeñaba en hacer para un amigo que posiblemente ya la hubiera olvidado, provocando que Alice se levantara de la mesa y cerrara el cuaderno―No va a volver, Hazel. Deja de hacer esto―exigió, más dolida que molesta, porque ella se había rendido en el momento que él no apareció en la sala de maternidad, ni en su casa, ni en su aniversario o el primer cumpleaños de su hija.

(…)
…Su hija, tenía que verla, tenía que saber que estaba bien, luchaba contra la inconsciencia, quería salir de aquella nebulosa confusa que le mezclaba las primeras palabras de su hija con las que pensaba serían las ultimas que escucharía cada vez que alguien iba a la pequeña celda donde ella había estado por.. ¿Cuánto tiempo? ¿Qué día era? ¿Dónde estaba?. Abrió los ojos de golpe, asustada como lo había estado el último tiempo, tragó saliva, intentando acomodar los recuerdos que venían a ella, se incorporó sintiendo el cuerpo pesado y la sensación de no controlar todos los músculos de su cuerpo, giró el rostro hacía su costado y encontró sus manos entrelazadas, quizá en un mundo diferente ellos no estaban en esa situación, ellos simplemente eran marido y mujer descansando después de una larga noche en la que Franky había decidido que si no era en los brazos de sus padres ella no dormiría «Es mentira, Suéltalo» No lo hizo, era diferente parlotear con su mejor amiga y que esta dijera que si lo viera de nuevo diría algo como “Maldigo el día en que naciste” a sentir que de verdad se tenía que maldecir aquel día. ¿Qué tenía que decir? Aun se sentía mareada por el cambio de escenario y no le salían las palabras adecuadas, en realidad no tenía palabras adecuadas, sus sentimientos encontrados ahora que estaban temporalmente fuera de peligro la estaban volviendo loca, y además él no recordaba nada, había comprendido eso pero aún le costaba decidir entre todas sus teorías sobre cómo eso había pasado.  Pero tenía que actuar sobre prioridades, sería más sencillo― ¿Por qué no te curaste? ―el tono de su voz era más marcado que el de la noche anterior, sin titubeos, lo estaba regañando, como siempre. ¿Esa sangre era suya? ¿Qué tan herido estaba?  No espero más y soltó su mano poniéndose de pie, tomándose su tiempo para recuperar las fuerzas en las piernas ―Iré por algo para sanarte eso y…―caminó hacía la puerta y se detuvo de golpe, esa no era su casa y Malfoy no era un niño con la rodilla raspada, los colores se le subieron al rostro y supo que seguro no había tenido tiempo de hacerlo por curarla a ella, se sintió culpable y se alejó de la puerta― Es decir… necesito tu varita y agua y que te cambies― carraspeo y se acercó evitando mirarlo directamente a los ojos esperando que le entregara la varita, recordaba haber tenido una la noche pasada, pero no curaría a Scorpius con una varita que había lanzado quien sabe cuántos maleficios a inocentes, además no recordaba donde había quedado, la había perdido quizá― ¿Sabes lo que pasará ahora, no? ― preguntó sosteniendo la varita y susurrando los hechizos con precisión ― Estas en peligro y tu vida no será la misma de antes― limpio los paños con la varita y los limpio con agua limpia, Cuanto había extrañado tener una varita en la mano, comenzó a pasarlo por las heridas, limpiando los residuos de sangre pero se detuvo dejando ambas manos a sus costados y clavando sus ojos azules es los mercurio de Scorpius ― ¿Qué recuerdas? ―se aventuró a preguntar, sin poder evitar que su voz se escuchara un poco impaciente― Es decir… de nosotros y… Demonios Scorpius ¿Qué paso contigo? ― la plática que quizá jamás hubiera querido tener estaba ahí y temía que el resultado le doliera más que todo el cuerpo en ese momento.― ¿Qué va a suceder ahora? ―

Mensaje por Alice N. Longbottom el Vie Ene 03, 2014 7:59 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Se miraron mutuamente, mientras un silencio incómodo los rodeaba. En aquellos callejones era difícil que apenas hubiera gente, sobre todo a esas horas. Los pocos faroles de su alrededor lograban iluminar claramente el rostro de la joven, quien posaba sus ojos grises y cansados sobre los de él. Podían haber pasado por hermanos, solo que ahora la mujer llevaba el cabello castaño. Sus rasgos seguían siendo alegres, pero la preocupación nublaba su frente y sus ojos. -¿Y no piensas decirle nada de esto a Alice? –A penas hablaba en susurros, mientras metía sus manos en los bolsillos de la chaqueta. Miraba nerviosamente a todos lados; Scorpius sabía que desde hacía unos años, antes de salir de Hogwarts, Hazel y Frank habían tenido un feo encuentro con mortífagos, causándoles daños colaterales crónicos. Frank había quedado rengo y Hazel había cambiado radicalmente, su personalidad se había oscurecido de una forma que los más cercanos a ella solamente podían detectar. –Está bien, estamos seguros aquí.-Repitió Scorpius, intentando tranquilizarla. –Y no. Si le dijera, la pondría en peligro, es una información muy delicada, que no le conviene saber. Confío en ti, Hazel. No puedes decir nada.-Sus ojos grises buscaron los de ella. Colocó una mano sobre su hombro y le dedicó una corta sonrisa.-Estarás a salvo.-Agregó. Nadie sospecharía de aquella reunión a mitad de la noche, sobre un iniciado mortífago y una iniciada de auror. Se había asegurado de que nadie se enterara de su encuentro.
-¿Y qué se supone que haré? ¿Mentirle a Alice y a Frank? Scorpius, por el bien de Alice, deberías de despedirte aunque sea de ella.-Suspiró y luego de un silencio que duró alrededor de diez segundos, miró a su amigo.-Claro que puedes confiar en mí, Scorp. Solamente… prométeme que te vas a despedir de Ali. –Scorpius al principio había evadido esa idea. Había pensado que sería más fácil desaparecer de repente, como si nada hubiera pasado en realidad, como si él nunca hubiera interferido en la vida de los Longbottom.
 
Scorpius finalmente asintió y bajó la mirada, concentrándose en el suelo. –Olvidaré todo, o la gran mayoría de mis recuerdos, Haz. Eso significa que Alice jamás habrá existido para mí y muy probablemente igual pierda el recuerdo de que fuiste mi única y mejor amiga.-Se atrevió a mirar los ojos grises de la joven mujer y sonrió de medio lado. Hazel sacó una mano de la chaqueta y sonrió ampliamente, mientras tomaba del brazo a su amigo y asentía.-Pero volverás. Estoy segura. Que te hagan olvidar, eso es inevitable ¿no? Pero podemos encargarnos de hacerte recordar. Cuando vuelvas, estaré ahí para ayudarte, y mientras tanto, me voy a hacer cargo de que Alice no te olvide.-Su sonrisa se volvió un tanto traviesa, como era costumbre en Hazel cuando tenía una idea. Scorpius se sintió aliviado y luego, cuando Hazel retiró la mano de su brazo, Scorpius levantó una ceja. Estaban a punto de despedirse por un largo periodo de tiempo. –Lamento no poder ir a tu boda. Ya me guardarás algunas fotos.-Su sonrisa se tornó un poco triste, al igual que la de Hazel.-Por supuesto Scorp. –Por primera vez en su vida, los amigos compartieron un abrazo. Scorpius no era muy dado a regalar abrazos, pero cuando se separó de Hazel, se sintió ligeramente nostálgico. Ella fue la primera en dar indicio de retirarse, volviendo el rostro de vez en cuando para mirar a quien había considerado un hermano. – ¡Adiós Scorp!-Dijo elevando la voz, para luego desaparecer del feo callejón.
 
[…]
 
No sabía por qué razón, pero los recuerdos empezaban a regresar a él casi con violencia. En realidad no sabía si el hechizo que le habían puesto para terminar con su memoria, tenía una clave para ser disuelto. Quizá había dado con esa clave y de nuevo empezaba a ser cada vez como antes. El único detalle era que se sentía confuso, sin saber qué era real y qué no lo era. Mientras estaba ahí, dormido en un sueño tan ligero que podía ser consciente de los sonidos exteriores, de repente sintió cómo Alice se movía. A primera estancia pensó que era solo un reflejo del sueño de ella, pero cuando sintió que ella tomaba su mano con más firmeza, Scorpius se levantó casi con brusquedad, aún mosqueado por la oscuridad, acostumbrando sus ojos a ésta para poder identificar a Alice. Se veía mucho mejor de cuando la había encontrado en la casa de los mortífagos. El color regresaba a sus mejillas y sus ojos azules volvían a tener brillo. Ella lo miraba mientras él hacía lo mismo. No retiraron sus manos y ella entonces fue la primera en hablar. Parecía estarlo regañando, pues su pregunta era más bien un reproche. Scorpius sintió una punzada de reconocimiento y familiaridad con aquél tono de voz de Alice y sonrió, mientras se enderezaba mejor en la silla donde se encontraba.
 
Antes de poderle contestar, ella soltó su mano y se dedicó a levantarse de la cama. Era impresionante lo rápido que podía ella recuperar fuerzas, pero Scorpius se levantó de un salto, preocupado porque ella pudiera caerse. Hizo ademán de rodear la cama, pero ella caminó hacia la puerta, tomando la manija con determinación. Pero de repente algo la detuvo a salir de la habitación. Se volteó hacia él y empezó a darle órdenes. Al principio Scorpius sintió tener diecisiete años de nuevo y estuvo a punto de soltar una carcajada, pero se resignó a suspirar. Se acercó a ella, intentando verificar que sus heridas ya habían sanado y que podía en realidad gastar energías como estaba haciendo. Ella necesitaba comer, dormir, ser una mujer normal y descansar, pero Alice no era así y se dedicó a ser la misma mujer fuerte que Scorpius conocía desde niña.  Alice se acercó a él y antes de agregar nada, Scorpius se quitó la capa negra que llevaba encima, para luego retirar también su camisa, dejándolo solo en unos jeans gastados, pero libres de sangre o suciedad; la capa lo había protegido. Sacó su varita del bolsillo de la capa y se la entró a Alice, quien se aferró a no levantar la mirada ni tampoco ver su rostro. –Yo estoy bien, las heridas son muy leves. No debes preocuparte, Alice regresa a la cama.-Le dijo, intentando  convencerla, pero ella pareció ignorarlo.
 
Alice empezó a lavar sus heridas y la sangre que probablemente no era ni de él. Lo hacía con pericia y delicadeza, como si llevara años viendo heridas como aquellas y sanándolas. Scorpius la observó en silencio, mientras escuchaba sus preguntas, intentaba mirar luego hacia otro lado, pensando bien la respuesta. Claro que todo había cambiado radicalmente y que ya no estaba a salvo en ningún lado, pero no le importaba. Después de mucho tiempo por fin era libre, y se había atrevido a hacer lo que debió haber hecho hacía muchos años. –No, mi vida no será la de antes. Ya no tendré que ir a esas aburridas reuniones que duran siglos, ni tampoco tengo que soportar ver la cara de amargado de los mortífagos todos los días. Tendré que vivir recluido en la mansión por un tiempo, probablemente, y te tengo a ti. ¿Eso es malo?- Agregó y luego dirigió su mirada a la de ella. Sus ojos azules eran igual de intensos que como recordaba. De nuevo sentía cómo sus pensamientos y recuerdos le revolvían, sin saber qué sentimientos eran o no reales. Ella le hizo otra pregunta y Scorpius se detuvo a meditarla. Elevó una de sus manos para retirar el cabello rubio de Alice, que parecía estorbar en su maduro pero joven rostro, acarició su mejilla y le sonrió, sin que esa sonrisa alcanzase sus ojos grises. –Te debí haber amado demasiado ¿verdad?- Le contestó con otra pregunta, sin esperar en realidad una respuesta. El rubio se aclaró la garganta y desvió levemente la mirada.-Estoy comprometido, Alice. En realidad… es un compromiso arreglado y ahora no tengo ninguna intención de casarme con ella. No podría.-Intentó de nuevo organizar sus pensamientos.-Recuerdo… que eras una rubia muy molesta y que tu hermano raro me odiaba. Recuerdo a Hazel y su confianza en mí. ¿Nunca te dijo que yo volvería? –Preguntó con algo de curiosidad, recordando claramente cómo le había dicho como una promesa.-Mi destino era convertirme en un mortífago Alice, casi liderarlos, pero mi padre tuvo que borrarme la memoria, vaciar cualquier evidencia de humanidad que existiese en mí y con ello mis memorias. Conservo pocos recuerdos de ti… pero no sé si son reales o mi mente se aferra a crearlos. Y bueno… lo lamento.-No sabía qué esperaba de ella. Podía ser cualquier cosa. Se atrevió a verla de nuevo a los ojos azules y sonrió casi amigablemente.- ¿Y tú? Ya basta de preocuparse de mí, porque si estoy en peligro y si voy a morir, no puedes hacer nada para evitarlo. ¿Está bien? Yo solo quise involucrarme en esto, tú no debes de preocuparte de más. Mejor dime, Alice ¿Qué ha sido de ti? ¿Entraste al trabajo que siempre quisiste en El Profeta? ¿Formaste la familia que siempre quisiste?-No quería en realidad saberlo. Quizá lo preguntaba por pura cortesía, porque temía que el tiempo que había estado él ausente, en otra vida muy diferente, ella por fin hubiera formado su vida. Pero, a pesar de su egoísmo, también esperaba que ella hubiera encontrado un destino mucho más feliz que el de él.

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Lun Ene 13, 2014 10:11 am

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Evasivas, tenía que comenzar a ponerlas en práctica en su vida, justo ahora era un buen momento el objetivo era concentrarse en todo conocimiento sobre sanación y no en que tenía a su ex novio frente a ella, sin camisa y diciéndole que volviera a la cama. Tenía que ignorarlo. Tenía que concentrarse en las heridas y no en los tatuajes, o en los músculos.  Lo estaba logrando, quizá había tenido que recurrir a decir el alfabeto de reversa pero lo había conseguido, hasta que menciono estar recluido en una mansión, lo había arruinado todo y una risa divertida escapo de ella―Me tienes a mí, pero es injusto ¿no te parece? Que estés encerrado es como si yo no te tuviera y tu cabello no es lo suficientemente largo para que lo dejes caer por tu ventana―lo miró de reojo sonriendo un momento mientras terminaba de cerrar sus heridas, examinó su trabajo y se encontró con una mancha de tinta que sobresalía por encima de su hombro, entrecerró los ojos, pero no le encontró forma, porque sólo era una parte, el restó estaba detrás de él así que se limitó a llevar su mano hasta la tinta visible y sonrió―Este es nuevo… ―comentó comiéndose la curiosidad por pedirle que se diera vuelta y le mostrara el resto. Dejó la varita sobre la mesa de noche y se acomodó en el asiento sintiendo el contacto de su mano contra su mejilla y cerró instintivamente los ojos, elevó una de sus manos hasta la de él, tomándola pero sin despegarla de inmediato ―Lo hiciste― abrió los ojos, sintiendo como se le humedecían y se obligó a parpadear varias veces, bajando la mirada al mismo tiempo que las manos, pero aun así no lo soltó. Esa era la magia de Scorpius Malfoy, que a veces no era consciente de su capacidad para hacer daño. Y conjugar en pasado lograba desencadenar una serie de reacciones en Alice: primero estaban los recuerdos de cómo se habían ido enamorando, de cómo se habían molestado para que el otro aceptara primero sus sentimientos, de cómo le embarraba el desayuno en la cara cuando le decía cosas como “¿Por qué no te peinaste?” o cómo la obligaba a saltarse las clases sólo porque al Slytherin se le antojaba usar el campo de Quidditch y necesitaba a su novia para darle buena suerte, pero estaba bien, ¿A quién le importaba? Eran Scorpius Malfoy y Alice Longbottom teniendo una relación e ignorando el mundo, cualquier cosa absurda dentro de su relación cobraba sentido. El vacío se formó en el estómago acompañado del constante aviso mental de que él ya no era suyo ni ella de él y como la respuesta a sus pensamientos Scorpius continuo, y ella solo pudo exhibir una sonrisa que aceptaba su derrota frente a los planes del destino, por supuesto que ya no era de ella, iba a casarse con alguien que posiblemente estaba en esa casa y quiso pegar un brinco y salir de ahí, desaparecer como él lo había hecho, dejar de mirarlo como el amor de su vida y comenzar a verlo como la persona a la que le debía algo, con la que tenía una deuda que saldar y ya. ―Seguro es…encantadora ―  se miró la ropa que traía y supo a quién pertenecía,  inhalo una gran bocanada de aire por la boca y se puso de pie torpemente, tomando los paños y el recipiente del agua, dándole la espalda inmediatamente y dirigiéndose a una puerta más pequeña, el baño, sí era el lugar perfecto, dejó las cosas sobre el lavabo y se recargó un momento en él. ¿Casarse? Casarse era normal, sí. Estaba bien que continuara su vida eso se hacía siempre después de una separación… Pero ella no había querido separarse, ella jamás dio su consentimiento, todas las decisiones se tomaron sin la opinión de ella y no, no quería que él se casara, no le agradaba la idea. Porque podía no recordarla pero de eso a casarse había una gran distancia. Y estaba claro que no podía decírselo, no podía exigirle nada, quizá podía abofetearlo con alguna otra excusa, quizá podía…no , ya no podía hacer nada, en realidad las palabras que vinieron después del aviso de su compromiso, le llegaron por partes, torpes y con un gran letrero que las marcaba como “Para que Alice no se sienta tan mal” y podían decirle necia, pero no las creía, no sentía que fueran posibles. Porque habían escapado de la muerte y un montón de mortifagos, no podía venir una mujer a separarlos:, se merecían un momento juntos.

Salió del baño poniendo atención a sus palabras, intentando no recordar la palabra “comprometido” para que los colores no se le subieran a la cara y comenzara a golpearlo―¿Molesta yo? Perdóname Malfoy pero yo recuerdo claramente como tú y tu insolencia siempre llegaban a perturbarme cuando estudiaba… además roncabas―le golpeo el pecho, como obligándolo a no callarse los detalles vergonzosos sobre él― si alguien era molesto, seguro que no era yo― se sentó en la cama, encogiendo los pies y cruzándolos, estaba acostumbrada a sentarse de esa forma, casi siempre Frank, Hazel, Franky y ella se ponían a jugar juegos de mesa en la sala y si no te sentabas de esa forma, algo estabas haciendo mal. ―Mi hermano no es raro…―lo defendió de inmediato,  arrugando el entrecejo y enderezándose― Quizá en el colegio lo fuera, pero te sorprendería verlo ahora... cocina pies muy ricos― presumió alzando ambas cejas con emoción y omitiendo el detalle del odio, porque ese seguía vigente, Frank se encargada de recordarlo cada que podía, y también se había tomado la molestia de enseñarle a Franky que el verde y el plata combinados eran lo peor, que los reptiles no eran bonitos y de vez en cuando le decía que si ella lo dejaba, él con gusto le cambiaría el color de ojos, pero si sonrisa se borró de inmediato cuando hablo de Hazel, se tardó más de lo normal en responder y tuvo que deshacer el nudo en su garganta antes de poder siquiera acomodarse sobre su lugar― ¿Qué? ― su pregunta no fue contestada, sino que la explicación se hizo más larga y los cables de su cabeza enchufaron correctamente―Hazel sabía que te borrarían la memoria― afirmó mirándolo a los ojos, alejando cualquier rastro de diversión que pudiera haber aparecido en los últimos minutos, y noto un leve temblor en su mano. Se sintió desubicada, realmente su mundo se desnivelo por completo, había entendido que él no recordaba demasiadas cosas, podía ayudarlo a recordar, por supuesto. Podía tirarlo a un lago si eso era necesario pero había algo le había deshecho lo que llevaba del rompecabezas: Hazel.Su mejor amiga la había visto llorar durante semanas, la vio caer hasta el fondo y la ayudo a salir, pero no le contó jamás la verdad, la había visto crear grandes hipótesis sobre el por qué la habían abandonado, sobre qué estaría haciendo Scorpius en ese preciso momento, y aun así jamás se lo dijo, y Alice jamás sospecho nada, porque confiaba en ella, porque Hazel había sido su principal apoyo en todo, y ahora se enteraba que ella había tenido la pieza clave, ella pudo evitar tantas cosas,  Alice pudo haberlo ido a buscar en el tiempo pertinente, podrían haberse ido, podría haberlo persuadido u obligado o amenazado hasta que se sintiera más intimidado por ella que por un montón de sujetos en capas negras.  

Levantó la mirada, encontrándose con él y su sonrisa, lo correcto habría sido regresarle la sonrisa, ser amable, pero sus palabras a pesar de sonar ligeras para quitarle la preocupación de encima lograban alterarla un poquito más, ¿Cómo se tomaba tan a la ligera su vida? ―Claro que puedo― chistó arrugando la nariz y mirando hacia otro lado, indignada. Dudó un momento en responder a lo siguiente, porque podía mentir, claro, podía ocultarle la verdad a él tal y como se la habían ocultado a ella. Él tenía una vida, una prometida y seguramente un perro, no era el momento para decirle algo como la verdad, pero quizá no lo volvería a ver, quizá al siguiente día amanecería en San Mungo y no lo volvería a ver jamás.  ―Sí, trabajo ahí, básicamente por ese trabajo me capturaron― sonrió tristemente, recordaba perfectamente el día en que había perdido todo contacto con las personas que quería y aun le frustraba no haber sacado la varita a tiempo, pero estaba bien ¿no? Había encontrado a Scorpius, unas cuantas torturas habían sido el precio y no se arrepentía. Dejó que el silenció inundara la habitación, buscando alguna señal que le impidiera contarle de Franky, cualquier cosa, era el momento perfecto para que entrara su prometida y la echara de su casa, así se librarían de ella y Alice no tendría que abrir la boca, no se guardaría el secreto, simplemente no habría tenido oportunidad de decirlo, quizá podía enviarle una carta desde Budapest, cuando ya estaría tan lejos que no vería como se enojaba con ella y se negaba a creer que la niña era de él. Pero no sucedió nada, todo estaba en calma. Buscó su mirada y cuando la encontró la sonrisa afloró de la misma forma que lo había hecho cuando le contó a su mejor amiga que estaba embarazada―Tengo una hija― Silencio. ―Su nombre es Francesca― Ni una sola palabra. Esperó a que hubiera alguna reacción, algo que le permitiera saber si tenía que develar la segunda parte de la verdad, pero no hubo nada, sólo observó cómo se levantaba a ponerse una camisa limpia y lo entendió:  La llevaría a casa.

Se levantó, acercándose a la puerta y siguiéndolo fuera de la habitación, hacia la penumbra del resto de la casa, apenas dio un paso fuera de la habitación sintió el peso de un abrigo colocarse sobre sus hombros y se acurrucó dentro de él, intentando tomar valor para lo siguiente, porque una cosa era un grupo de mortifagos y otra era su hermano enojado. Llegaron frente a la chimenea, era muy obvio; él no sabía dónde vivian y ella estaba demasiado débil como para aparecerlos a ambos o quizá la dejaría irse sola, él no tenía por qué dejar su casa y por eso Alice se volteo para verlo entre penumbras― ¿Te veré del otro lado? ― De nuevo no había ninguna palabra, y eso la hizo entrar en pánico― Me lo debes―murmuró antes de entrar en la chimenea, decir la dirección y desaparecer entre llamas verdes. Momentos después, cuando abrió los ojos, estaba frente a la sala de su hogar, escuchaba el sonido del televisor junto a ella, el sonido del programa favorito de su hija la hizo sonreír y salir rápidamente de la chimenea, encontrandose con la imagen de su hermano, somnoliento y con la varita en alto. Ya sabía que había pasado ahí; Francis y Franky veían juntos ese programa y la repetición y la repetición de la repetición, siendo el mayor el que se quedaba dormido primero y dejando a la niña con la responsabilidad de apagar el televisor y  acurrucarse junto a él, pero esta vez no la vio por ninguna parte, seguro estaría con Hazel, quiso avanzar escaleras arriba para verla pero la estaban apuntando con una varita, por milésima vez en estos días,  como todo auror profesional  la mirándola detenidamente, evaluando la situación. Frank… baja la varita, todo está bien, soy yo, puedo explicarlo todola poca iluminación que la televisión daba en la habitación no ayudaba demasiado y el sonido de otra persona llegando por la chimenea lo empeoro todo, porque ahora estaba en medio de dos varitas, apuntándose el uno al otro― ¿Qué demonios haces aquí, Malfoy? ¿Qué clase de truco es este? ¿¡Dónde está mi hermana!? ― observó cómo su hermano avanzaba dos pasos, sin titubeos, dispuesto a lanzar lejos a cualquiera de los dos. ―Ay, ya cállate, Frank y ve a prepararte un Sandwich― fue lo primero que se le ocurrió, ¿Para qué actuar con calma si lo único que evitaría que su cabeza chocara contra la pared era decir algo tan natural como eso. Su hermano encendió las luces con un movimiento de varita y ella pudo ver la sonrisa en su rostro, corto la distancia que quedaba y se colgó de su cuello, quedando las putas de sus pies despegadas del suelo por la diferencia de alturas ―Te extrañe― repitió contra el cuello de su hermano sintiendo como el aire se le escapaba por la fuerza con la que la tenía abrazada, escuchó el inicio de su interrogatorio, pero lo ignoró y no lo soltó hasta que notó que l atención ya no estaba en ella, se separó intentando tomar el brazo con el que Frank sostenía su varita― ¿Qué hace él aquí? No tienes ningún derecho, no puedes simplemente aparecer ahora en sus vidas ¡LARGO DE MI CASA! ―  se sentía tan pequeña en medio de la discusión entre ambos hombres en donde sus palabras eran sobrepasadas por los tonos más altos y gruesos. Hasta que una vocecita los hizo voltear a todos, en dirección a las escaleras― ¿Mami?―  una niña de Tres años los miraba con un ojo mientras se restregaba el otro con el dorso de su pequeña mano. Con el cabello rubio alborotado y vestida con una pijama que sin duda su tía había elegido: llena de unicornios y arcoíris.  Alice por fin dejo escapar las lágrimas que había retenido y recibió a su hija en brazos, ignorando el hormigueo que el peso de ella le causaba a su muy maltratado cuerpo.  Escuchó la voz de su amiga y pronto el abrazo se agrandó, pero el silencio también, porque no eran necesarias las palabras, todo estaba bastante claro y por eso quiso evitar que la pequeña niña que no quitaba sus ojos grandes y grises del extraño en su casa, estuviera cuando los gritos comenzaran― Franky, ¿Por qué no vas un momento a tu habitación? ― susurró dejando a la niña en el suelo, sonriéndole un poco para que subiera las escaleras, escuchó la voz de Scorpius demandando su atención, pero lo ignoro, no ignoraría hasta que la niña estuviera en su cuarto, lejos de todo lo que estaba por desatarse en aquella sala. ―¿Qué edad tienes? ― preguntó Scorpius acercándose a las escaleras, captando la atención de la niña― No le contestes, amor. Sube― replicó la voz firme pero más amable de Frank― No, no ¿Qué edad tienes? Alice ¿Qué edad tiene? ―observó como Hazel se acercaba a Scorpius, deteniéndolo en su avance hacía la pequeña. Alice hizo lo propio, acercándose a ella, para subirla ella misma si era necesario, pero se le adelantó, porque todos parecían ignorar que la niña pensaba por sí sola, que ella estaba escuchando y se estaba asustando tanto como cualquiera ― ¡Tengo tres y medio! ¿Por qué todos están gritando? ― la niña se unió al coro de los gritos, escabulléndose entre los adultos para quedar en medio. Alice cerró los ojos por un momento y se giró, enfrentando la mirada de Scorpius, observando cada expresión que hacía, evaluando la mirada que le dedicaba a Franky.  Y asintió, dándole respuesta a todas las interrogantes que él le hacía.

Mensaje por Alice N. Longbottom el Lun Ene 13, 2014 6:11 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Era una sensación muy extraña el volver a sentir las manos de Alice sobre su cuerpo. El tacto de ella era familiar, agradable, la sensación de hormigueo sobre su piel era un detalle difícil de olvidar, que ni un hechizo tan poderoso como el de Oblivate podría borrar. Sus ojos grises continuaron fijos en ella, intentando hablar por medio de ellos, pero sabía que Alice pondría una barrera entre ellos, y estaba en todo su derecho; probablemente ya estaría casada, quizá tendría un hijo, un perro o dos, y seguramente era feliz. Aunque le incomodara aquél hecho, no podía hacer mucho para contrarrestar la felicidad de la rubia. Ella hizo lo que pareció un chiste, pero él no logró entenderlo de todo. Frunció el ceño, sin saber bien cómo reaccionar a su comentario ¿no le gustaba su cabello? ¿A eso se refería? Iba a comentar algo, pero entonces Alice  detuvo sus manos sobre uno de sus tatuajes. Desde la adolescencia, Scorpius había marcado su piel con un montón de tinta. No solamente se tatuaba por alguna estúpida moda o algún recuerdo efímero, más bien cada uno de los tatuajes representaban algo que había perdido, que había temido, que lo había marcado. El primer tatuaje que se hizo fue por la pérdida de su hermana neonata, que ni siquiera llegó a nacer, porque a la edad de quince años comprendía que sus padres nunca habían vuelto a ser los mismos. Algún otro tatuaje representaba su miedo constante de ser mortífago. De adolescente ya sabía lo que le esperaba, y no podía evitar sentirse humano y temer por ello. Y el último que se había hecho, uno que tenía sobre el hombro, una inscripción en alguna lengua mágica y muerta, se lo había hecho por Alice. Ahora que parecía ser que el hechizo se debilitaba en él, alcanzaba a recordar que se había tatuado para recordarla, para quizá un día descifrar lo que aquellas palabras de lengua muerta significaban.
 
No alcanzó a responderle a su cuestionamiento, pues vio cómo su rostro se mezclaba con la tristeza. Quizá no debió haberle mencionado lo de su compromiso. ¿Susane, encantadora? Era una buena persona, pero para él no sobresalía más. Ella recogió los paños y decidió alejarse de él, yendo al baño, como si ignorara el resto de las palabras que él dijo. Suspiró pesadamente. No podía decirle nada, tampoco esperaba que lo perdonara y que lo recibiera con los brazos abiertos, por eso, cuando se sintió tentado a ir al baño para buscarla, se quedó de pie, esperando a que ella misma aclarase sus pensamientos. El reencuentro no era fácil, sobre todo un reencuentro entre ellos dos. Alice regresó hacia él, como si aquél pequeño lapso de tiempo no hubiese existido. De nuevo frente a frente, alcanzó a ver una ligera sonrisa en el rostro de la rubia. Él también sonrió cuando le recordaron algunas de sus manías.-Tengo un pequeño problema nasal, además pareció nunca molestarte.-Se encogió de hombros, sintiendo gratamente cómo algunos recuerdos lograban colarse en su memoria. Recordaba algunas mañanas placenteras, donde preferían estar lejos del mundo, cuando despertaba con Alice entre sus brazos. Todo antes de que él desapareciera, todo antes de que Scorpius se volviera un condenado mortífago. Su sonrisa se agrandó al recordar a Frank Longbottom. Nunca habían congeniado, pero aquella antigua rivalidad de nuevo le sabía a familia. Se tuvo que morder la lengua para no agregar un comentario sarcástico sobre su hermano, pues era inevitable.
 
Alice empezó a contarle un poco de su vida. Los pocos datos que logró soltar, lograron poner a Scorpius algo nervioso, quizá un poco celoso. –Le pedí que no te dijera. Intentábamos protegerte. Ella no tiene nada de culpa, solamente cumplía su promesa.-Dijo tajante, intentando sacar a Hazel de los aprietos que quizá él había provocado. Continuó escuchándola, pero su última confesión fue lo que lo dejó sin palabra alguna. Por inercia, apretó la quijada, recordándose una y otra vez que no tenía ningún derecho en reclamarle nada. Una hija. Seguramente era tan hermosa como ella, con ojos azules y cabello rubio y lacio. Le dijo su nombre y al hacerlo, Scorpius levantó una ceja, extrañado ligeramente.- ¿Cómo tu hermano?-Dijo. ¿Por qué le iría a poner el nombre de su hermano a una niña? Frank probablemente sería el padrino de la niña, eso significaba que el padre y él se llevaban bien y que habían concordado en ponerle el nombre a la hija de Alice. Sintió un nudo en el estómago, como si de repente lo hubieran golpeado, pero su temple se mantuvo fría, un poco evasiva, pero alcanzó a sonreír ladinamente y a asentir. –Tu trabajo es peligroso. Pero… te prometo que jamás volverán a molestarte esos cabrones.- Se sentía enojado, sin saber definir por qué.
 
Ella tenía una vida, y él se la había arrebatado, él y los mortífagos. Le debía una vuelta a casa, sana y salva. Se levantó de la cama donde había estado sentado y fue hacia el closet, recogiendo una camisa nueva. Después de abrochársela y sentirse un poco más presentable, se giró hacia Alice que lo miraba algo contrariada. No fue necesaria una señal o palabras, Alice comprendió que regresaría a casa. Cuando ella se acercó y salió de la habitación, Scorpius tomó uno de sus sacos y lo puso sobre los hombros de la rubia. Le dejó la salida libre y esperó a que ella sola encontrara la chimenea, que además ya conocía bien en aquella casa. Alice se colocó bajo la chimenea, agarrando los polvos Flú que la llevarían a casa. Scorpius pensó que sería la última vez que  la vería. ¿Debía despedirse? No sabía qué decirle. Se metió las manos en los bolsillos del pantalón y mantuvo si distancia de la chimenea. Las palabras de Alice lo tomaron desprevenido y a pesar de ello, continuó mudo, meditabundo. ¿Por qué iría a su casa? No lo recibirían bien, además de que no tenía ningún deseo de conocer a la pareja de Alice. Ella había estado tanto tiempo lejos de casa y lo menos que su familia necesitaba, era la presencia de un Malfoy. Pero se lo debía, era cierto. Y había prometido que haría cualquier cosa por ella. Alice desapareció detrás de un montón de llamas verdes y Scorpius se quedó solo frente a la chimenea.
 
Sin pensarlo dos veces, siguió su impulso y tomó polvos Flú, para luego repetir la dirección de Alice. No tuvo tiempo ni de pensar, porque de repente estaba ya en una casa ajena, todo cubierto de hollín. Pero Scorpius ya no era un adolescente descuidado. En cuanto llegó, levantó rápidamente su varita cuando encontró a otra apuntándolo. El ambiente era claramente tenso y los sonidos de la televisión, además de la poca iluminación, volvían el lugar en lúgubre y tenebroso. Era una casa, una casa familiar normal y corriente, pero Scorpius no era bienvenido. Frank, unos años más viejo de lo que Scorpius lo recordaba, lo miraba con odio en sus ojos oscuros, mientras se acercaba amenazador hacia él. Malfoy mantuvo su varita en alto, ignorando por un momento las réplicas de Alice, quien se interponía entre los dos. Frank miró desconfiado a ambos, y sus rasgos se distorsionaban con la poca luz de la televisión. ¿Se había dejado la barba? Y por fin el hombre reconoció a su hermana y se fundieron en un fraternal abrazo. Scorpius se sintió incómodo, pero no se movió de su lugar. Poco a poco bajó su varita. Si Frank lo iba a matar, que lo hiciera; no le quedaba mucho en esa vida ¿o sí? Miró a los hermanos y como siempre, arrogante, levantó la frente al encarar a Frank. –Se lo debía. Tenía que ver que regresara a salvo a casa.-Dijo con algo de frivolidad y luego reparó en las palabras de Frank. ¿Había dicho “sus”? ¿Se refería a la hija de Alice y a su marido? No, no podía interponerse en sus vidas. Esperó cualquier momento para que el susodicho apareciera, pero parecía éste no tener prisa. Frank continuó gritándole, largándolo de la casa, quizá su casa. Y antes de que pudiera contestarle algo, una voz aguda irrumpió en la discusión. Una niña pequeña apareció. Tenía el cabello revuelto y rubio, sus ojos estaban soñolientos, al igual que su pequeño rostro, pero cuando vio a Alice, su gesto se iluminó y sus ojos claros se agrandaron. Scorpius se quedó helado; ella era la hija de Alice, una miniatura de ella, pero con ojos grises. Sintió un nudo en la garganta y se hizo un paso hacia atrás cuando Alice y ella se abrazaron. Francisca, le habían puesto. Miraba casi boquiabierto a la criatura y en eso, Hazel apareció, corriendo hacia su amiga, abrazándola.
 
Y cuando la niña reparó en Scorpius, lo miró detenidamente. Sus ojos grises lo miraban sorprendida, confundida e inocente. Francisca. Y en aquellos ojos grises, en la forma de sus cejas, en sus ligeras pecas, había una pizca de reconocimiento que Scorpius no entendía. -¿Dónde está su padre?-Dijo con frialdad, confundido, enojado. Miró a Frank, porque no podía ver a Alice. Éste parecía molesto, pero incómodo, desvió la mirada del rubio. – ¿Ella es tu hija?-La señaló, embargado de curiosidad y de unas extrañas ansias que parecían apoderarse lentamente de él. Alice bajó a Franky, y le susurró dulcemente que fuera a su cuarto. Scorpius avanzó hacia ellas, queriendo alcanzar a la niña antes de que fuera. Su intuición reclamaba atención, tenía que aclarar aquella duda que se empezaba a hacer cada vez más fuerte. -¡¿Cuántos años tienes?!-Preguntó. Franky se giró, queriendo responderle, pero Alice la jaló hacia sí, alejándola cada vez más de él, llevándola a su cuarto, Frank, su tío, pidiéndole que no le respondiera. ¿Por qué lo apartaba de esa forma de él? Las miradas de Hazel y Frank se habían vuelto incómodas, parecían querer ser invisibles. Scorpius fue hacia las escaleras y subiendo un par de escalones, demandó la atención de la  niña.-No, no ¿Qué edad tienes? Alice ¿Qué edad tiene? –Miró a la rubia, pero luego volvió a mirar a Franky, antes de que Hazel lo detuviera.- ¡Tu edad, niña!-Exclamó, y Franky se giró hacia él, regalándole la respuesta que él ansiaba.
 

Y de repente su mundo dio un giro de 180°. Volvió a bajar, intentando procesar la información, mientras Hazel se alejaba lentamente de él, Alice evaluándolo. Franky había ido corriendo hacia el centro de la sala y su astuta mente había comprobado que algo iba mal. Esa cifra cambiaba absolutamente todo: él era padre. Porque hacía cuatro años que Alice y él se habían visto por última vez, pero jamás imaginó que habían concebido a una niña. Tuvo que encontrar soporte en uno de los sofás mientras veía a Franky. Su mirada se turnó entre la niña, hacia su madre. –Casi cuatro años, Alice.-Volvió a repetir. De alguna forma debía creérselo. –Ella es mi hija.-No preguntó, sino más bien afirmó. Veía sus propios ojos reflejados en los de Franky, al igual que las ondulaciones de su cabello rubio. Miró luego a Hazel, que estaba con Frank.- ¿Es mi hija?-Preguntó, intentando que alguien le respondiera, pero todos parecían demasiado absortos. Solo necesitó que Alice asintiera y que Hazel o Frank se lo confirmaran. Miró al techo, intentando aclararse, pero aquél nudo que se había hecho en su estómago, había sido reemplazado por un sentimiento más fuerte y desconocido. –Y ella no sabe de mí ¿verdad?- Intentó no sonar tan herido. Se sentía un patán, el idiota más grande del mundo. Si hubiera sabido… Tenía una hija y era perfecta. No la conocía, pero era parte de él, sin que en realidad lo supiera. Scorpius se quedó pensativo por un momento y luego buscó de nuevo a Alice. La miró fijamente, intentando reorganizarse. Quizá Frank tenía razón, y no debía de entrometerse en la vida de Alice ni de Franky. Lo mejor sería irse, desaparecer… Pero Scorpius quería conocerla y quería verla crecer, quería ser útil, quería ser padre de aquella niña.-Partiré si así quieres.-Dijo a media voz. Intentó no mirar a Franky, pero la decisión estaba en manos de Alice Longbottom.

Spoiler:
Sí, tuve que ver la escena de Ouat XDD Es muy difícil tener sentimientos encontrados de padre ¿sabes?

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Miér Ene 22, 2014 12:41 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Las exigencias de Scorpius aun resonaban en su cabeza, eran un eco que tardaba más de lo debido en desaparecer. ¿Por qué lo había llevado a su casa? ¿Por qué le había soltado una noticia así de ese modo? Ese era el momento en donde su propia mente la enjuiciaba ¿Lo había hecho porque no quería que se separara de ella? ¿Era tan egoísta para aparecer y demandarle que cambiara toda su vida? Quizá, o tal vez hacía lo que había querido hacer desde que se enteró que estaba embarazada, quizá su torpeza que sobrevivía a través de los años no le dejo ver las consecuencias de la emoción guardada por una noticia como esa.  
Aquella escena no era la que había imaginado durante años, por supuesto que durante años había querido regresar al pasado y gritarle en la cara a Scorpius que iban a tener un hijo el día que quería dejarla, pero jamás pudo hacerlo y aunque había creado variantes de aquella escena en diferentes lugares y circunstancias, jamás se le paso por la mente algo así. Había intentado mentirle a Franky, diciéndole que su padre era un personaje de cuentos de hadas y se encontraba en Neverland cuidando niños perdidos, peor eso probablemente le causaría problemas cuando lo contara en la escuela y decirle que su padre había muerto de una forma heroica tampoco sería apropiado, jamás le pareció correcto considerar a Scorpius muerto. Era una aberración siquiera pensarlo por eso evitó las preguntas que la niña le hiciera, no decir la verdad tampoco era mentir.

La  ausencia de sonido en la sala le recordó que ahora ella tenía que decir algo, que nadie hablaría por ella, aunque quizá si alguien hablara por ella diría lo mínimamente correcto, porque estaba segura que cualquier cosa que saliera de su boca sería totalmente innecesario, parpadeo y miró a Hazel asintiendo y susurrando un “por favor” para que se llevará a Frank de ahí―Acompáñalos Franky, Por favor. Subiré en un rato―susurró acercándose a su hija y guiándola a donde estaban sus tíos, aplicando un poco de esfuerzo pues la niña se negaba a despegar la vista de aquel hombre y con todo el silencio que inundaba la casa, Alice podía escuchar el sonido que habían los engranes en su cerebro, buscando el lugar donde la pieza de aquel hombre entraba en su vida. Hasta ahora la viveza e inteligencia de su hija no le había resultado ningún problema, pero ahora comenzaba a parecer uno.

La sala quedó en silenció una vez más y Alice intentó acercarse a Scorpius, pero algo en su semblante le decía que si se acercaba podría empeorar las cosas, por ello se quedó en su lugar, cambiando el peso de su cuerpo de una pierna a otra con nerviosismo ―Yo sé que no fue la forma correcta de decirlo, pudiste haber muerto de un infarto o algo pero… ¡Yo no quería matarte, lo juro!... Es decir, no quería que te enteraras de esta forma―sus manos se cerraron sobre el termino de las mangas del abrigo y ella se vio incapaz de sostenerle la mirada. Se quedó en silencio por un minuto, y volvió a tomar aire, obligándose a reunir el valor para mirarlo de nuevo a los ojos ― Pero era necesario, porque después de esta noche tú…tú posiblemente te volverías a alejar y estas en peligro y te irías posiblemente a Siberia donde intentarías olvidar todo y yo… yo quería que supieras de ella, porque ella cambia todo.  Porque a ella no debes olvidarla―se dio cuenta que había avanzado algunos pasos y ahora la distancia que los separaba no era demasiada, podía distinguir claramente las marcas de enojo y confusión en el rostro ajeno y eso  comenzó a asustarla.

Esto en verdad había sido una mala idea, podía ver la misma sorpresa en él que cuando ella leyó los resultados hacia años, era algo difícil de asimilar, te cambiaba a vida por completo, ella había tenido un momento en el que decidió abortar al bebé, había estado sobre la camilla en el hospital ¿Y si el equivalente de eso en Scorpius era simplemente ignorar que Franky existía? Sus propias hipótesis lograron marearla, bordeo el sillón y se dejó caer en uno de ellos, sintiendo el latido de su corazón hasta la punta de los dedos.
―Yo no quiero que vayas a ningún lado. Tampoco te exijo que te quedes con nosotras, no quiero obligarte a mantener una vida que tú no planeaste, pero si quisieras estar cerca de Franky, no puedes irte de nuevo, no puedes abandonarla. ―negó con lentamente con la cabeza, dándose cuenta de la humedad sobre su rostro y los cortes en su voz―Ni siquiera si es por su propio bien―comentó volteando la mirada cuando sintió el peso de alguien más junto a ella―No puedes tomar ese tipo de decisiones por ti mismo, no puedes simplemente desaparecer un día y no dar ninguna explicación razonable. No puedes pretender que vuelves a ser el maldito cretino que sólo piensa en lo bonito que se ve con corbata y…. ―había elevado la voz y su puño se había cerrado con intenciones de golpear el hombro de Malfoy―…Simplemente no puedes.―Se había desviado del tema, lo sabía. Pero por fin había sacado una parte de su frustración. Había pasado menos de dos días y se había guardado todo lo que tenía que decir, y eso para Alice Longbottom era todo un logro. ― ¿Por qué no me dijiste? Podríamos haberlo superado, habríamos estado juntos, Éramos un equipo. ― se limpió las lágrimas del rostro y se levantó, pasándose las manos sobre el cabello, intentando no entrar en el papel de exnovia pesada, pero era inevitable, tenía tantas emociones contenidas que podía destrozar la casa y luego pedir disculpas y preparar galletas.

―Quiero decir ¿Tienes idea de todo lo que pase? ¿De todas las veces que pensé que no me querías? ―se giró para tenerlo de frente y lo encontró más cerca, no había escuchado el momento en que se había levantado del sillón y ahora tenía que levantar un poco la mirada para salvar la diferencia de estaturas―Había ocasiones en las que te odiaba tanto, Hyperion. ― Una sonrisa sincera apareció en su rostro, mientras se colocaba sobre las puntas de los pies y alargaba una mano hasta su nuca para acercarlo a ella y besarlo con necesidad y casi con desesperación, disfrutando del cosquilleo que la respiración ajena provocaba sobre sus mejillas. Porque lo necesitaba,  era demasiado tenerlo frente a ella y no sentir que ambos se pertenecían el uno al otro y que así sería a pesar de los mortifagos, las vidas falsas y el tiempo. ― y odiaba tanto sentir eso, porque la verdad es que jamás deje de amarte― susurró pegando su mejilla a la de él para estar más cerca de su oído ,sin soltarlo porque había perdido la fuerza en las piernas, posiblemente se caería si se separaba de él.

Spoiler:
Jajaja lo sé pero es divertido, te prometo que para la siguiente los hacemos sudar y sangrar y ser correteados por un dragón o  algo por el estilo :<3: (? Bueno no, pero ya no te pongo cosas tan cursis, lo juro xDD

Mensaje por Alice N. Longbottom el Dom Ene 26, 2014 3:47 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

¿Cómo lo había encubierto a la niña tanto tiempo? No se imaginaba que Alice le hubiese contado la verdad. ¿Qué le iba a decir? ¿Franky, tu padre desapareció para convertirse en un mortífago asesino a sangre fría? No era algo que pudiera contarle a una niña de tres años. Scorpius tenía mucho que aprender, tenía mucho que recapacitar, y muchas cosas que debía arreglar. No era una noticia que esperara, además de que las condiciones en las que ahora todos se encontraban, no eran muy favorables para que él aprendiera a tener una hija. Los mismos Longbottom estaban en peligro y él se iba a convertir en el top ten de búsquedas para los mortífagos. Solo se le ocurría la opción de huir, desaparecer y quizá cambiar su identidad. Pero tenía una hija, y ese detalle cambiaba todo. La presencia de Frank y Hazel a penas lograba notarlas, porque solamente tenía ojos para Alice y para su hija. Intentaba imaginarse una vida normal, con una familia, y que ésta fuera diferente a la suya. Estaba seguro que la infancia de esa niña no sería la misma que la de él. Él no era Draco Malfoy o Lucius, ni tampoco Alice era Astoria ni Narcissa. Franky sería una Malfoy muy diferente, sus genes tenían una historia mucho más complicada y elaborada que muchas, Franky tenía derecho a tener una vida feliz y sin peligros. Scorpius reaccionó cuando Alice tomó a Franky de los hombros y con ternura la condujo hacia sus tíos. El rubio vio como Hazel abrazaba a su sobrina y como Frank la cargaba en brazos, cubriéndola. Franky se aferró a su tío pero se asomó por encima de su hombro, fijando sus inteligentes ojos grises en Scorpius, como si entendiera por completo lo que él era para ella.
 
Cuando Franky  sus tíos desaparecieron, la sala se quedó en silencio y podía notarse la tensión de la situación. Scorpius intentó unir todos los hilos de lo que estaba sucediendo, pero seguía consternado por las noticias que acababa de recibir. Malfoy miró hacia la chimenea muerta, evadiendo la mirada de Alice y sus penetrantes ojos azules que solamente lo harían enloquecer de más. El problema era que no sabía cómo reaccionar, pues un montón de pensamientos y sentimientos encontrados se acumulaban en él. La voz de Alice pareció algo lejana pero conforme avanzaban los segundos, Scorpius volvía a la realidad. De nuevo se animó para ver los ojos de Alice, contemplar su maduro rostro crisparse por el montón de sentimientos que cruzaban por él; furia, miedo, melancolía… algo así era lo que él sentía. No dijo palabras al principio, simplemente la escuchó, callado y pensativo. Cuando se dejó caer sobre el sofá, Scorpius se quedó de pie, intentando tomar parte de aquella discusión. -¿Acaso había una forma correcta para decirme esto? ¿Planeaban programar una cita en el café para decirme que tenía una hija? Hubiera sido más prudente.-Se llevó una mano al rostro, pasándola con algo de frustración. Para él todo aquello aún no lograba ser real. Se sentó a un lado de la rubia, mantieniendo cierta distancia entre ellos, aunque Scorpius tenía ganas de zarandearla y hacerle entender lo que no era capaz de transmitir por palabras. –Si me hubieras dicho antes. Por Merlín, Alice, tiene mis ojos. No soy un desalmado, quizá sea un maldito cretino, pero nunca hubiera abandonado de esa forma a mi hija. –Se acercó un paso hacia donde estaba ella sentada. –No lo entiendes, no es tan fácil. Todo el mundo mágico ahora me da caza. Los aurores me persiguen por mi naturaleza de mortífago, los mortífagos me persiguen por haberlos traicionado. ¿Quieres que Franky tenga de padre a un asesino? Estoy viendo por el bien de mi hija, estoy viendo por tu bien.-No sabía cómo explicarle la dimensión de su sacrificio. Se le ocurría la idea de poderlas convencer de que él nunca había existido, que solamente se había encontrado con Alice algún día en los pasillos, y que con solo un Oblivate, pudiera olvidar todos los momentos que habían tenido ambos.
 
Las últimas palabras fueron una especie de golpe para él. Cierto, habían sido un equipo desde que se conocían. Se habían peleado como perros y gatos, pero eran un equipo que se complementaba uno al otro. Scorpius la miró larga y detenidamente, intentando encontrar palabras para justificar su error. No contestó, se quedó helado mientras Alice se levantaba del sofá para enjugarse las lágrimas  de nuevo. Malfoy no disfrutaba verla sufrir, las lágrimas de la rubia eran un recordatorio a lo cruel que él había sido. La mujer había pasado por tantas cosas… ¿Cómo era capaz de aceptarlo en su familia? Scorpius se levantó del sofá, decidido a ir hacia ella, pero inesperadamente Alice se giró y quedaron uno frente a otro, diferenciados por un espacio mínimo. –Me puedo imaginar… lo siento.-“Lo hice por tu bien”, quiso agregar, pero era un comentario trillado, tanto que Alice no lo creería real. No sabía cómo disculparse con ella, después de todo lo que él le había hecho. Estaba tan perdido en sus pensamientos de posible penitencia, que no vio venir lo siguiente. Alice lo atrajo hacia sí, poniéndose de puntas para alcanzar su rostro. La besó con la misma necesidad con la que ella lo besaba a él. La abrazó primero de los hombros, aferrándola más hacia sí, disfrutando de tener de nuevo la sensación de estar con ella una vez más. Los oblivate eran sobrestimados para esto, porque una sensación así era imposible de olvidar. Bajó sus manos hacia la cintura de la rubia, abrazándola como si así impidiera que la separaran más de él. Los brazos de ella se aferraron a su cuello y él no la alejó. Susurró unas palabras contra su oído y una sonrisa genuina apareció en su rostro que ya se veía algo cansado. -¿Cómo pudiste creerte tus pensamientos? ¿De verdad pensaste que te  iba a dejar de amar así como así?-Le respondió a susurros.

Besó primero su mejilla, mientras retrocedía lentamente. Besó el puente de su nariz y las ligeras pecas que apenas eran visibles y su propia nariz inhaló la dulce esencia de la mujer que tanto amaba. Scorpius retrocedió más, hasta que sintió tras de sí el sofá. Se dejó caer, sin soltar a Alice, atrayéndola más bien junto a él. Se rió cuando Alice cayó torpemente sobre él, pero la logró acomodar a su lado, mientras con sus brazos la abrazaba y la atraía hacia su pecho. -¿Qué se supone que haremos?- Intentó enfriar sus pensamientos.  Se acercó de nuevo a ella y la volvió a besar en aquél minúsculo espacio que era el sofá. –No sé cuidar niños, Alice.- Le confesó como si ello fuera de relevancia. Sin embargo, no le importaba que lo ofendiera, lo golpeara, simplemente con escuchar su voz, se daba por vencido. Lo único que no quería era que lo alejara o que le permitiera alejarse de nuevo de ella. Porque ahora tenían una familia.

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Lun Feb 24, 2014 9:10 am

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

― El mundo mágico no se divide en aurores y mortifagos, Malfoy, hay otra categoría que por pequeña que sea incluye a las personas que te quieren, como no sé una amiga que engaño a su familia durante años por ti, o quizá una niña que ha estado preguntando por ti los últimos años y te aseguro que sí, ellas te buscan y no es para asesinarte… ―carraspeó pues su cuerpo la estaba traicionando, por más que quisiera sonar seria el temblor en la voz y las manos junto con el rubor sobre sus mejillas la desconcentraban demasiado―…Lo que quiero decir es que tienes una familia que se preocupa por ti y que sin importar quién te busque, jamás te darán la espalda así que harías bien en comenzar a confiar en ellos y dejar que te protejan en la misma medida que tú los proteges a ellos― apretó los labios, enfrentando la mirada gris y tormentosa a la que intentaba convencer.

Frunció la nariz mientras una pequeña y sincera sonrisa se asomaba en su rostro, sintiendo las facciones un poco extrañas y casi ajenas después de empaparlas parcialmente y ahora sentir esa necesidad de sonreír porque se sentía feliz por las cosas más impensables: Scorpius estaba en su vida de nuevo y no había salido corriendo cuando vi a Franky, y además se estaban riendo por algo tan simple como caer en un sofá, después de todo lo que había pasado durante las últimas horas aun podían disfrutan de cosas tan pequeñas y eso para Alice era una buena señal.―¿Qué haremos? Bueno pues… tengo que hablar con Frank y Hazel sobre lo que paso hoy, tengo que disculparme con ellos y necesito que les digas todo lo que sabes― se incorporó un poco, recargándose sobre un brazo para mirarlo mejor― Ellos tienen que estar preparados, y tú puedes ayudarlos… Por favor―susurró mientras buscaba a tientas su mano y la apretaba con la suya y después tomaba un poco más de aire y miraba al techo como si aquello fuera más difícil que lo anterior―Luego tienes que conocer a Franky, de verdad quiero decir, lo que significa que debes hablar con ella y sonreírle, no simplemente mirarla intentando saber que piensa, porque te aseguro que ella te gana en ese juego― le aseguró mientras acariciaba su cabello peinándolo hacía atrás para dejarle el rostro descubierto ―y después de eso, no lo sé, intentaremos ponerle un poco de orden al caos que desatamos hoy…― se recostó de nuevo junto a él, rodeando su cintura con un brazo para no caer del sofá, cerrando los ojos por un momento y sintiendo como los parpados se intentaban soldar el uno al otro por el cansancio contenido pero su última confesión la hizo soltar una pequeña risa Lo sé, pero si eso pretende ser una excusa para irte, no está funcionando… Estoy segura que serás un gran padre, Malfoy― susurró mientras se acomodaba para recargar su mejilla sobre el pecho de Scorpius, sintiendo como los músculos comenzaban a aflojar y la inconciencia venía hacía ella, pero tenía la mania de recordar fragmentos de todo lo que había pasado en el día y cuando llegó a una parte que había quedado sin hablar, abrió de golpe los ojos, levantando la mirada y tomando la barbilla del rubio para que abriera los ojos y la mirara― ¿Hyperion?...Yo no creo que seas un asesino ― Sonrió con una confianza renovada, negando con la cabeza― Franky no tiene un padre asesino ¿Lo entiendes? No puedes conocer a tu hija y pensar que no la merecesTenía que dejar eso en claro, porque estaba segura que Frank diría exactamente lo mismo cuando se enterara que Scorpius entraría en la vida de la pequeña niña, por años se había deleitado diciendo esas exactas palabras “¿Quieres que Franky tenga como padre a un asesino?” y durante ese tiempo ella se había encargado de excusar a Scorpius ante todos con argumentos simples y dirigidos mayormente al amor que le tenía pero ahora su argumentación sería más sólida porque ahora comprendía lo que él había tenido que hacer para protegerla, y eso había tenido consecuencias, las cuales había estado abriendo paso en su cabeza durante las últimas horas, obligándola a buscar en su registro de información mental sobre todo lo ocurrido en esos años y lo intentara relacionar con Scorpius para poder comenzar a hacerse una idea de los detalles de todo lo que había estado haciendo, pero se daba cuenta que no serviría de nada, no funcionaría, porque ella  estaba intentando hacer encajar al adolescente que recordaba en un mundo caótico ; eran piezas que simplemente no encajarían jamás porque todo lo que Scorpius Malfoy pudiera haber hecho durante ese tiempo eran las consecuencias de proteger a las personas que amaba, y eso no lo volvía un asesino, era injusto―No importa lo que hayas estado haciendo los últimos años, lo que importa es lo que te quedaste y que haremos que las cosas funcionensusurró con firmeza, impulsándose un poco para pegar sus labios con los de él con lentitud y cariño, acomodándose en su hombro y cerrando los ojos de una vez por todas, sintiéndose segura y en casa.

Mensaje por Alice N. Longbottom el Dom Mar 16, 2014 4:14 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Pensaba en Franky, pensaba en Alice, en Hazel e incluso en Frank. Las palabras de Alice quedaron resonando en su cabeza. Su familia había constado en puro nombre, que cuando le habían robado la memoria, solamente se había enfocado en formar un soldado en su hijo. El mortífago prodigio que se encargaría de desatar el caos de nuevo. Había dejado de ser humano por un tiempo, siendo incapaz de recordar algún índice de lo que Alice ahorita le explicaba. La palabra familia le era difícil de concebir, después de casi toda su vida ser ajeno a las amistades, al amor y a el simple cariño que podía ser fraternal. Scorpius no se convenció tan fácil a la idea, pues lo único que se sentía capaz de hacer era mantenerlos en la ignorancia, a salvo. Era ahí por qué estaba convencido que debía de partir en cuanto se le diera la oportunidad, quizá desaparecer para siempre de todos los que lo habían conocido, cambiar su identidad y su nombre, evitar ser perseguido por mortífagos y aurores, intentar recuperar la poca dignidad que le quedaba. Pero cuando sentía la presencia de Alice junto a él, el pensar que había una niña con su sangre a un piso de allí, todos sus planes parecían colapsar y se intentaba convencer que el peligro se solucionaría por sí solo. Empezando a solucionar a partir de la pequeña familia que Alice mencionaba. ¿Podía él formar parte de ese grupo tan exclusivo? ¿Después de todo lo que había hecho? Claro, debía pedirle disculpas públicas a la familia Longbottom, después de todo Frank y Hazel habían ayudado a Alice con Franky, y en especial Hazel nunca había perdido la fe en él. Cuando Alice se incorporó pudo ver en sus ojos azules una chispa que denotaba felicidad una vez más. Sus recuerdos volvían a él y podía jurar que aquella expresión la había visto en el pasado que habían borrado. Le sonrió ligeramente y suspiró. -Intentaré mantenerlos informados, pero no puedo decir todo lo que sé, Alice. Incluso los mortífagos tenemos cierto compromiso. -Antes de que ella pudiera alarmarse, Scorpius estiró una mano hacia su mejilla y con el pulgar la acarició con suavidad. -Les diré todo lo que necesiten saber, prometo mantenerlos a salvo.- La mano de Alice buscó la suya y él enredó sus dedos con los de ella.

Cuando Alice hablaba sobre su hija, en su voz se notaba el orgullo que Scorpius apreciaba en su propia madre. Claro que a él le daba curiosidad conocer a la niña que había heredado sus hijos, e inclusive se sintió ilusionado de haberle heredado algo más que su físico. Se rió entre dientes cuando la describió. -¿Una hija de nosotros?  Ha de ser la niña más terca y contestona del mundo. -Sus personalidades eran bastante chocantes entre sí y nunca se había imaginado a  una criatura con ambas características. -Bueno, tu plan suena sencillo. Puedo quedarme un tiempo en este pequeño y perfecto mundo que me ofreces.- Cuando ella se recostó a su lado, lo abrazó por la cintura. Scorpius notando el poco espacio que tenían en aquél sofá, abrazó a Alice y la cargó, acomodándola sobre él, dejando que su cabeza rubia descansara sobre su pecho. Notó que Alice empezaba a adormilarse y de repente Scorpius notó el cansancio que llevaba sobre él, pues hacía más de cuarenta y ocho horas que no lograba descansar. Sin embargo, igual por el mismo cansancio, no logró conciliar el sueño. Miró hacia el techo, pensativo, escuchando las palabras cada vez más jocosas de Alice. ¿Podía ser un buen padre? No tenía ninguna experiencia con niños, seguramente malcriaría a la niña, no sabría cómo tratarla y quizá se desesperaría. No se dio cuenta cuando hubo un silencio y él se encontraba ya con los ojos cerrados. De repente Alice lo despertó y lo tomó de la barbilla, logrando así que Scorpius enfocara la mirada en los ojos azules de la rubia. ¿Merecía a Franky? Habiendo formado parte de los mortífagos, se le complicaba un poco el pensar que Alice tenía razón. Si Franky no tenía un padre asesino, Scorpius no era su padre. Y era tan terco que seguiría haciéndose esa idea, aunque esta vez se cuidaría de no decirlo a los siete vientos.

No respondió a sus palabras y decidió tomar otro pensamiento del asunto, intentó no darle más vueltas a esos pensamientos y mejor se enfocó en Franky. Se había dado cuenta de la forma en la que Hazel y Frank la veían y la protegían. Si algo llegase a pasar con él, estaba seguro que quedaría a salvo y en buenas manos. Por primera vez -quizá en su vida- admiraba muchísimo a Frank, pues había mantenido a la pequeña por bastantes años. Ante las últimas palabras de Alice asintió y dejó que lo besara, él haciendo lo propio con los labios de ella, tomando su rostro entre sus manos y luego envolverla en un abrazo protector y necesario. De nuevo se quedaron callados, las facciones de Alice eran suaves y tranquilas, y de seguro empezaba a entrar a un profundo sueño que tenía bien merecido. Seguramente hacía mucho que no dormía pacíficamente y se sentía algo culpable él al respecto. Scorpius se mantuvo despierto un momento, hasta que sintió que los párpados le pesaban y por fin siguió a Alice en su quinto sueño.


Era alrededor de las siete de la mañana cuando Scorpius despertó. Le dolía todo, sin embargo era un dolor casi cómodo, pues se sentía cansado pero en cierta forma satisfecho. Alice aún yacía dormida pero entre sueños, ambos habían quedado acomodados de otra forma. Ella contra el respaldo y él a orillas, aún aferrado a ella en un abrazo. Se movió intentando no despertarla y cuando logró girarse, se bajó del sillón, estirando todas las articulaciones, mientras hacía ligeras muecas cuando notaba que todas sus vértebras sonaban.  Decidió caminar un poco para aligerar el dolor de espalda. Recorrió la casa de los Longbottom. No era la mansión Malfoy, pero se sentía más acogedora, además de que tenía detalles propios de la familia de la que Scorpius se había encariñado. Había ponycornios en las paredes, dibujos de Franky, la cocina era bastante grande y  seguramente era el lugar favorito de Frank, había artículos del Profeta colgados de cuadros, a nombre de Alice, fotos de la pequeña familia y de celebraciones que Malfoy se había perdido. Sus primeras palabras, la primera caminata, su ida al colegio. En todas las fotos Frank era el reemplazo del padre de Franky y por un momento se imaginó él en su lugar. Scorpius iba pasando por el pasillo en donde la historia que se había perdido, parecía relatarse por sí sola. Estaba viendo una foto curiosa en donde Hazel salía embarrada de helado junto a Franky, riendo mientras saludaban a la cámara. De repente Scorpius sintió un tirón en el pantalón que lo obligó a bajar la mirada. Unos grandes ojos grises lo miraban con curiosidad. -Tú eres mi papi ¿Cómo te llamas?-Lo dijo más afirmativo que una pregunta. Scorpius al principio no supo qué decirle y la miró con algo de nerviosismo. -¿No deberías estar en la cama?- Se hizo un paso hacia atrás y logró contemplar mejor a la niña. Su cabello lacio estaba algo alborotado y de vez en cuando se restregaba los ojos, por el sueño. -Iba a despertar al tío Frank. Tengo hambre.- Levantó la vista hacia él. -Tú eres el que estaba diciendo ayer que era mi papi ¿no? Tía Hazel me dijo que sí lo eras. Por fin regresaste del viaje que dijo mamá. ¿Cómo es China? -Scorpius se quedó helado, pero se veía incapaz de ser grosero con la niña, tenía que contestarle. Se acuclilló, quedando a la estatura de Franky y le sonrió, sintiendo que su lado parental salía en aquella sonrisa. -Algún día te llevaré ahí, Franky, y conocerás a los dragones más increíbles del mundo. -Le prometió y Franky asintió, abriendo más sus ojos grises. -Yo soy Scorpius.- Estiró una mano hacia ella y ella entendiendo, la estrechó. La niña sonrió ampliamente. -¿Sabes? Deja que tus tíos duerman un rato más, yo iré con tu mamá y te veré en un rato ¿está bien? -Le dio un ligero apretón en la mano a la pequeña y luego ella asintió. Scorpius se enderezó y ella dio un paso hacia atrás. Caminó al contrario de él, yendo hacia las escaleras, mirando de vez en cuando encima de su hombro.

Cuando Franky desapareció en el segundo piso, Scorpius regresó con Alice. Ella seguía dormida y Malfoy mientras tanto sentía sentimientos encontrados al haber conocido a su hija. Esperaba conocerla mejor, tenía curiosidad por ella. Pero si quería conocerla, primero debía arreglar todos los pendientes que tenía, empezando por esa casa. Regresó al sillón y abrazó a Alice, despertándola. Depositó un beso en su mejilla y luego en su mentón, acercándose a sus labios.-¿Por qué Hazel y Frank no han tenido hijos? -Empezó con una pregunta bastante aleatoria. Guardó silencio alrededor de un minuto y se acercó más a ella. -Conocí a nuestra hija, Norah.-La llamó cariñosamente por su segundo nombre.- Y es perfecta.-Le dijo al oído, mientras esperaba a que ella recobrara la consciencia.

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Vie Mayo 16, 2014 8:27 am

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Alice tenía ese miedo de despertar y descubrir que se había quedado dormida sobre su escritorio leyendo a Carax y que todo aquello que había sucedido había sido parte de una jugarreta de su mente por leer tales lecturas a tan altas horas de la noche, pero el final de aquel sueño no encajaba, si su mente era tan despiadada como creía no habría terminado con Scorpius quedándose con ella, y esa pequeña luz de esperanza que en realidad era la luz del día colándose entre sus parpados que se levantaban para darle paso a la continuación de lo que le parecía un sueño, porque era imposible que después de todo ese tiempo, él hubiera llegado cuando más lo necesitaba y aun estuviera ahí junto a ella, que le sonriera, además la falta de reconocimiento que había visto en sus ojos la noche anterior,  y que le había estado consumiendo el alma a cachitos por el miedo a que jamás la recordara por completo, parecía ir disminuyendo conforme avanzaba el tiempo y permanecían juntos.  Parpadeó un par de veces para despejar su mente y sonrió estirando su mano hasta la mejilla del rubio, pasando suavemente sus dedos sobre la barba de algunos días de él —Te dije que se parecía a ti—susurró sonreía y arrugaba el puente de su nariz como cuando tenía dieciséis años y la cara llena de pecas. Olvidó su idea de que aquello fuera un sueño, pero al abandonarla, la realidad le planteo otras inquietudes que había ignorado hacía unas horas bajo el amparo de la noche pues algo tenía la madrugada que le daba valor y la cegaba en las mismas proporciones;  valor para confesar que aún lo amaba, que no quería que se apartara de nuevo de sus vidas y la ceguera para no ver que estaba siendo egoísta al quedarse ahí en la sala con la persona por la que había llorado y esperado mucho en lugar de correr hacia las personas que habían removido cielo y tierra para ayudarla desde siempre y encontrarla desde que había sido secuestrada. Alice era una tonta enamorada al amparo de la noche, pero con la presencia de la mañana todo era más claro y la bruma que le impedía ver todas las lagunas de su plan comenzaba a dispersarse, dejándole caer las piezas de un rompecabezas que no quería armar. Bastó que él le sonriera para quitar de un plumazo toda esa lucidez que la embargaba y sumirla de nuevo en aquella ceguera a la que no se resistía.

Alice frunció el ceño y se incorporó un poco, recargándose sobre su antebrazo y poder mirar más allá del respaldo del sillón. Su sentido común le dijo que si aquello no era un sueño, ya deberían haber muerto a manos de su hermano por la osadía de dormir juntos en su propia casa bajo sus narices. Pero la casa seguía sumida en un silencio bastante pacifico— ¿Cómo es que aún seguimos vivos? —susurró como si alzar un poco más la voz le recordaría a Frank que tenía que bajar con la varita desenfundada a hacer justicia contra aquellos que profanaban las buenas costumbres de su casa. Se quedó un momento en silencio, esperando escuchar alguna señal de movimiento arriba y al no percibir nada sonrió enseñando un poco los dientes — ¿Quieres desayunar? — preguntó mientras se levantaba del sillón y se encaminaba a la cocina, tomando la mano de Malfoy y arrastrándolo tras ella.  Ella no era una experta cocinera, su sentido del gusto y el de su hija se habrían arruinado en pocos días si Frank no se ocupara de cocinar, pero había unas dos o tres cosas que ella sabía hacer, y esas dos o tres cosas serían las que desayunarían en ese momento.  Se apresuró a hacer cosas aquí y allá, manteniéndose lo suficientemente ocupada para no dar paso a una conversación donde Scorpius anunciara que debía regresar a su linda casa con su linda prometida y llevarla a encontrar una bonita vida lejos de ahí.

Cuando todo estuvo listo y lo único que los separaba de un buen desayuno era la velocidad con la que los hotcakes se hacían sobre la sartén, obligó a un Scorpius con cara de confusión a poner la mesa y en eso estaban cuando la figura de Frank Longbottom se hizo presente, pasado el asombro de verlo ahí tan de repente, se lanzó hacia él para abrazarlo a pesar que su expresión era la de querer matar a alguien. Cuando Frank la estrechó entre sus brazos, recargo su barbilla sobre la cabeza de la rubia, ella se sintió, de nuevo, como si fuera una adolescente que necesitaba a su hermano más de lo que se permitía aceptar—Lo siento, Lo siento tanto. Fui muy tonta, yo estaba distraída y… —Levantó la vista y su hermano se encargó de limpiar las lágrimas que sin permiso habían resbalado por sus mejillas. —Tranquila, ya estás bien. Estas en casa—  La expresión de enojo que antes había visto en él, se habían desaparecido y comprendió que quizá aquella había sido su forma de mirar al mundo cuando no la encontraba, ahora podía enfocar su odio en otra cosa y se dio cuenta que estaba mirando a Malfoy.  —Gracias a él no estoy muerta, Frank—Se había prometido que nunca le diría a su familia lo que le habían hecho durante aquellas semanas. Ellos no necesitaban torturarse a sí mismos con esa información y por eso le pareció que empezar con medias verdades y evasiones estaría bien. Hazel apareció en la cocina justo a tiempo para escuchar aquello, y Alice podía jurar que una sonrisa de complicidad hacia Malfoy apareció en su rostro por un momento. Por supuesto, su amiga siempre había confiado en él, ¿Por qué no confiar que si ellos no podían encontrarla él lo haría y la regresaría a casa?.  

Separó los labios para preguntar por Mishka, al final de todo  él era el que sabía todo lo que había investigado, se había calmado al descubrir que los mortifagos no sospechaban que él sabía algo, pero igual quería asegurarse, comenzó a formular su pregunta pero se vio interrumpida a la mitad por su hermano—  Gracias— Alice había sentido muchas veces que se moría, pero aquello fue diferente, se llevó la mano a la cabeza, donde había recibido un buen golpe hacia unas horas pues quizá todo era obra de su imaginación. El silencio en la habitación le aseguró que aquello había sido real, pero duro poco porque todo aquello que Fancis había jurado decirle cuando Scorpius desapareció, comenzó a salir— Aunque llegaste un poco tarde ¿No es así? — Hazel se acercó a él, poniendo una mano sobre su pecho— No es el momento. Franky está arriba y podría…—
—Justamente por ella lo digo. ¿Crees que necesita un padre que desaparezca de un momento a otro? —  
—Creo que deberíamos escuchar primero sus razones y…—
—No voy a permitir que alguien de esta familia salga herido por su culpa—
Alice había perdido el hilo de la discusión en algún momento, algo dentro de su cabeza martillaba contra su sien y se dio cuenta que no estaba tan bien como parecía. Desvió la vista hacia la ventana que daba a la calle y cuando se dio cuenta de lo que pasaba era demasiado tarde.  Las formas negras incorpóreas ya no eran manchas a lo lejos, estaban casi en la puerta— ¡Franky! — gritó mientras se apresuraba a correr hacia arriba donde la niña seguramente estaba viendo la televisión. Pero la explosión que derribó la puerta la hizo pegarse a la pared donde entre el ir y venir de hechizos fueron el fondo de la peor escena que se pudo imaginar…

No todos los mortifagos habían irrumpido por la puerta, uno tuvo la gran idea de entrar al piso de arriba donde había encontrado a una pequeña niña que ahora bajaba temblando la escalera mientras aquel sujeto que aún conservaba la máscara la mantenía sujeta por el hombro, obligándola a caminar y con la varita apuntándola . El grito de Alice se quedó atorado en su garganta y aun así todos los presentes se dieron cuenta de lo que sucedía. Los ataques cesaron y sólo quedaban las varitas apuntándose los unos a los otros. — Vamos Familia Longbottom. No sean tontos. Bajen las varitas antes de que algo malo suceda… Tú también traidor, anda— dijo con voz clara mientras apretaba el hombro de la niña hasta que ella se quejó. Alice no vio como las varitas descendían, se mantuvo al pie de la escalera observando como su niña era retenida a la mitad de estas, a la vista de todos.  Los mortifagos no perdieron tiempo y se posicionaron detrás de Frank, Hazel y Scorpius con las varitas apuntándoles. Ella estaba desarmada y no haría nada mientras tuvieran a Franky, por eso no resultaba un peligro. — Entonces… ¿De quién es esta adorable niña? ¿Es tuya Longbottom? — Dirigió su pregunta hacia Frank quien se removió del agarre de su captor intentando avanzar— Déjala ir —un golpe se descargó sobre la mandíbula del auror, provocando que la niña cerrara los ojos y mordiera aún más su labio. Estaba asustada y aun así se resistía a gritar o dejar que las lágrimas salieran de sus ojos, Alice hubiera deseado jamás tener que haber visto aquella valentía, cuando la pequeña abrió sus ojos buscándola a ella, le hizo señas para que se calmara y formulo un “Todo irá bien” con los labios mientras intentaba acercarse a ella. El mortifago se dio cuenta y apunto la varita hacia la rubia— Yo no lo haría, cariño. No creo que quieras volver a tu celda tan rápido, no seremos tan amables esta vez— Alice se congeló en su lugar por un momento, el dolor en su cabeza regresó y se obligó a apartar los recuerdos — Les diré lo que haremos… Muchas personas tienen intereses especiales en ustedes y yo me encargaré de que lleguen hasta ellos, ustedes deciden si vivos o muertos— hizo una pausa para medir las reacciones y sonrió bajo la marcara que sólo le cubría la parte de los ojos — Bien, entonces quieren llegar con vida. Rubia, tú te reunirás con tu familia, ya se encargaran ellos de hacerte entender las cosas o darte tu merecido. Longbottom, tú te vienes con nosotros que mis superiores tienen especial interés en hablar contigo, Tus abuelos cometieron el error de mantener la boca hermética, esperamos que tu sepas lo que te conviene y hables rápido— hablaba con displicencia y agradeció que siguiera con su discurso pues les estaba dando un poco más de tiempo aunque sus palabras fueran la sentencia de muerte o algo peor para cada uno de ellos. Tenía que hacer algo, había vivido lo que le habían hecho a sus abuelos y aunque confiaba en que su hermano resistiría eso y más, no deseaba que pasara por ello de nuevo.—y tú Malfoy…bueno, sabes demasiadas cosas, es un peligro que andes por ahí pero tu padre insistió en que podía reformarte, que ya lo había hecho una vez así que también volverás a casa— Alice buscó enseguida la mirada de Scorpius. Sabía lo que eso significaba, se habían encontrado para volverse a perder, parecía que su destino era ese. Se daba cuenta de lo que hacia, los informaba, les daba tiempo para lamentarlo y después se desharía de todos ellos—Y me llevaré a tu hija, Frank. Seguro que su Abuelo viene a por ella y por fin tendremos a la familia completa reunida— Alice se sobresaltó y cortó todo el espacio que los separaba, acercando a la niña hacia ella pero sin lograr que él la soltara. — Ella no tiene nada que ver, déjala— Sintió la varita contra su pecho y no retrocedió, si había soportado que la torturaran para sacarle información, lo soportaría si con eso evitaba que se llevaran a su hija. —Nunca debiste salir de aquel calabozo, niña—Desafortunadamente no fue la única que había reaccionado ante aquello, observó como el mortifago que tenía a escasos centímetros de ella, pasaba la mirada de la niña a ella y de ahí a Scorpius y de regreso.  Si se llegaba a correr la voz de que Franky era hija de Malfoy, correría más peligro, pero una cosa era que se supiera y otra que la tuvieran a ella, por eso aprovechó que la fuerza con la que tenía sujeta a Franky había disminuido por la sorpresa y la jalo, pegándola contra la pared y cubriéndola con su cuerpo, porque fue en ese momento donde todos se sincronizaron y de alguna forma habían recuperado sus varitas,  confió en que alguno de ellos dejara fuera de juego por un momento al que tenían más cerca, y cuando fue así, comenzó a correr por un pasillo que los llevaría al patio de atrás. Pero sintió como la tomaban del cabello y pegaban contra la pared, apretándole el cuello, forcejeo intentando mirar hacia donde había dejado a su familia, pero sólo podía ver de reojo mientras el aire no entraba a sus pulmones; vio como un hechizo daba de lleno en el pecho de Hazel y caía inconsciente, Frank corrió hacia ella pero antes de que pudiera tocarla, lo derribaron mientras Hazel desaparecía frente a nosotros,  vio a su hermano en el suelo y pudo jurar que escuchaba el sonido de los golpes, cerró los ojos por un momento y al otro ya no encontró a Frank, sólo una mancha de sangre sobre el suelo y fue suficiente para que las lágrimas brotaran de nuevo. No veía a Scorpius y Franky estaba paralizada a unos pasos de ella. Cuando su visión ya no era nada más que una bruma blanca, sintió el suelo bajo su cuerpo, inhalo profundamente y no alcanzó a recuperar del todo el conocimiento cuando sintió un tirón en el estómago, habían escapado. Recargó la frente en el pecho de Scorpius, la niña estaba a la misma altura que ella porque él la cargaba e intentó sonreírle para calmarla, pero no pudo hacerlo, se habían llevado a Frank y a Hazel.

Mensaje por Alice N. Longbottom el Sáb Mayo 24, 2014 2:16 pm

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Re: You love me but you don't know who I am. ||Scorpius Malfoy

Lo mandaron a arreglar la mesa. En la vida había puesto cubiertos o platos para una familia. Siempre había sido trabajo de los elfos domésticos, pero por más que volteaba, en aquella casa no había ninguna de aquellas criaturas. No se le hacía raro por Hazel; ella siempre había sido muy acorde a la libertad y se encariñaba rápido con los poco afortunados. Siempre le había reclamado aquello y por eso él justificaba el amor de la rubia por Frank, que probablemente ya era su marido. Mientras ponía la mesa, se sorprendía de recuperar rápidamente las memorias. Tenía una migraña terrible, como si las memorias y los pensamientos recapturados le dolieran al regresar. Escuchó pasos y elevó la mirada para encontrarse con la mirada asesina de Frank Longbottom. Cruzado de brazos, más fornido de lo que recordaba, Frank parecía quererlo estrangular con sus enormes manos. Scorpius sin embargo conservaba esa desfachatez y esa poca vergüenza que desde adolescente lo caracterizaba, sobre todo si se trataba del mayor de los Longbottom. Solamente se miraron, Frank parecía querer decirle algo, pero Hazel salvó la mañana y llegó junto al auror para tomarlo del brazo y jalarlo con la delicadeza que la caracterizaba. Le susurró algo que Scorpius no alcanzó a escuchar y después Frank, refunfuñando algo, se dirigió a la cocina, donde Alice preparaba el desayuno. Hazel se quedó frente a él, con una sonrisa cómplice, traviesa y aliviada. –No pensé que te vería tan pronto.- Dijo ella. Nunca agregó ninguna duda sobre volverlo a ver, ella siempre había confiado en él y Malfoy lo agradecía. –Me sorprende volver.- Se sinceró. Hazel amplió su sonrisa.- ¿Por qué? Vaya, al parecer yo era la única que confiaba en Scorpius Malfoy. Ni siquiera él confiaba en sí mismo.- Se cruzó de brazos, mirando a su amigo. –Si hubiera sabido de Franky…- Empezó, pero Hazel arqueó las cejas.- ¿Hubieras vuelto antes? Scorp, tenías amnesia. Ni aunque lo hubieses sabido hubieras podido atender a tu niña.- Se acercó un poco a él, al grado que Scorpius bajó la mirada para encontrarse con los ojos grises de su mejor amiga.- Las cosas siempre pasan por algo. Y lo bueno es que ya estás aquí. –Tomó la mano de Scorpius y le dio un apretón, sin dejarle de sonreír igual por los ojos. Sin preguntar, lo jaló hacia la cocina, haciendo que entrase tras de ella.
 
Las palabras de Frank lo tomaron desprevenido. ¿Escuchaba bien? Jamás se había imaginado que Frank pudiera dedicarle aquellas palabras. ¿Eso significaba que aprobaba su presencia aquella mañana en su casa? Estaba haciéndose demasiado temprano de ilusiones y de hechos, porque Frank volteó la situación, dejando claro que no quería que el rubio fuese parte de la vida de la niña. Una rabia antigua y guardada, floreció de Scorpius, que se limitó a apretar los puños y los dientes. Si no hubiese sido porque Hazel le lanzó una mirada, le hubiera respondido o hubiera golpeado al castaño. Pero eso significaba lastimar verbalmente a Hazel y herir a Alice. Scorpius formulaba enunciados como “No es mi culpa que no puedas tener hijos y quieras apropiarte de los míos.“ pero si lo hubiese dicho en voz alta, no tendría posibilidad alguna de pasar ni un instante más con Franky y con Alice, además que toda su amistad y confianza con Hazel se rompería en pedazos. Frank en esos momentos poco le importaba. Hazel aún lo defendía, se enfrentaba a su marido por  su mejor amigo. Scorpius lanzaba de vez en cuando miradas cómplices a Alice. De repente, sus ojos se desviaron hacia las ventanas, agrandándose. Su rostro pecoso perdió color y sus labios se entre abrieron de terror. Scorpius volteó cuando el grito desgarrador de Alice hizo alusión a su hija, a la hija de Scorpius.
 
Como reflejo, tomó su varita y la sostuvo fuertemente entre la diestra. Pero todo pasó muy rápido y antes de que sus piernas le respondieran y fuese él quien corriera por Franky, un montón de mortífagos  se hicieron presentes en la casa Longbottom. Empezaban a dejar todo en escombros, haciendo a propósito polvo lo que veían. Scorpius fue hacia Alice, quien miraba con ojos desorbitados a la pequeña rubia que tenían atrapada los mortífagos. Abrazó a Alice por la cintura, jalándola hacia él, reteniéndola a su impulso protector. Ambas corrían peligro si intentaban algo. Reinó una paz tensa y engañosa, en la que los mortífagos tenían el control de la situación. Scorpius bajó su varita cuando le indicaron, fijando su mirada en el mortífago que tenía prisionera a Franky. La niña estaba inmóvil, temblaba y lloraba en silencio, aún siendo demasiado valiente para su edad. Pero bien sabía Scorpius que si descubrían que aquella pequeña era su hija, podrían llegarla a matar, por el complicado crimen de ser hija de un traidor. Hizo un esfuerzo por no mirar a la niña, para encubrirla. Malfoy se sorprendió cuando Frank dio un paso al frente para enfrentarse al mortífago, ordenándole que dejara en paz a la niña. La autoridad en la voz de Frank era algo nuevo a oídos del rubio. Si hubiera sido un mejor momento, incluso le hubiese aplaudido burlonamente. Pero la tensión de la situación solamente lo dejó admirarlo. El mortífago pensó que Franky era hija de su tío. ¿Aquello era bueno o malo? Las siguientes instrucciones del sujeto fueron claras y fue cuando Scorpius reconoció su voz. Se trataba de un hijo de Rabastan Lestrange. Bajo la máscara se alcanzaban a ver horribles cicatrices que lo caracterizaban. Sebastian Lestrange lo miró y le dedicó su destino. No, Malfoy no planeaba pronto volver en garras de una prometida que no quería, ni a un futuro que no deseaba. Pero las palabras fueron ahogadas y reemplazadas por Alice. Malfoy apretó los dientes cuando Sebastian paseó su mirada de Franky a él, como si de repente entendiera toda la historia detrás. Entendió, se podía ver en su mirada sorprendida, detrás de aquella oscura máscara.
 
Scorpius soltó a Alice cuando forcejeó contra él, aprovechando la distracción de  Lestrange para arrebatarle a la niña, guardándola con sus brazos y protegiéndola con su cuerpo. Scorpius le hizo frente al mortífago, al mismo tiempo que él sacaba su varita y le lanzaba un hechizo hiriente a Malfoy. Fue tan rápido que el rubio no alcanzó a verlo, recibiendo una estocada en el costado. Se llevó una mano hacia el pecho, empapando sus dedos de sangre pegajosa y cálida. Lanzó un hechizo en respuesta, desarmando a un mortífago, quitándole la máscara de paso. Reconoció el rostro de un joven pupilo, que incluso él había dado seguimiento a su preparación. No supo si sentirse desilusionado por el pésimo desempeño del tipo o aliviado por su ineptitud. Cuando tuvo oportunidad y se dio un respiro, miraba a todos lados, buscando a Alice y a Franky. Vio a lo lejos a Hazel, que combatía arduamente con una magnífica habilidad a los mortífagos frente a ella. Se alarmó cuando éstos se convirtieron en más de cinco y la tenían rodeada. Luchó frenéticamente, pero en cantidad ganaban y la noquearon con un hechizo, dejándola inconsciente en el suelo. Scorpius corrió hacia ella, pero fue interceptado por un mortífago gigante y que él no alcanzaba a reconocer. Se debatió a duelo con otros dos, junto al grandulón, viendo de reojo siempre para no perder de vista a los que eran de los suyos. No veía a Alice por ninguna parte, pero esperaba que mantuviera a Franky segura como a sí misma. Volteó de nuevo hacia donde estaba Hazel, pero ya no estaba.-¡Hazel! –Exclamó, buscándola. Sintió un escalofrío. Vio a Frank buscándola de igual modo, corriendo hacia donde ella había estado tendida, pero un grupo de mortífagos lo interceptó, aprovechando la renguera del auror, jalándolo y arrinconándolo contra una pared para agarrarlo a golpes. Frank Longbottom no se quejó, solamente se escuchaban golpes sordos detrás de una pared. Scorpius corrió hacia donde estaba auror, pero cuando llegó, un par de mortífagos lo atacó de igual forma, utilizando más sus puños que su varita. Miró el rostro ensangrentado de Frank y luego sintió cómo alguien lo golpeaba en el estómago y le sacaba el aire. Lo tiraron al suelo y fue lo suficiente para que se tambaleara e intentara recobrar el sentido. Un mortífago desapareció frente a él, llevándose a Frank con él, dejando solamente tras de su un charco de sangre, sangre Longbottom.

La casa se quedó de repente silenciosa. La mayoría de los mortífagos habían desaparecido, al igual que Hazel y Frank. Scorpius corrió entre los escombros hasta que encontró a Alice. No fue necesario usar palabras, porque solamente abrazó a sus dos mujeres. Tomó a Franky en brazos, sintiéndose profundamente aliviado. Usó todas las fuerzas que le quedaban para desaparecer, llevándose a Franky y a Alice con él. Agotado, logró sacarlas de aquella casa casi en ruinas y llevarlas a un bosque. Desconocía las coordenadas, simplemente había pensado en un bosque que había pensado cuando Draco solía sacarlo de paseo. Sintió que el aire le faltaba y la cabeza le daba vueltas. Se arrodilló, aún con Franky en brazos, apretándola contra su pecho, sin quererla soltar. Buscó la mirada de Alice y sonrió torcidamente, solamente por el hecho de que ella y su hija estaban a salvo.- ¿Estás… bien?- Dijo con cierto trabajo, sintiendo que tenía un enorme nudo en el estómago, aún por el golpe que le habían dado. Miró para todos lados, alterado. –Lestrange lo sabe.- Dijo preocupado, revelando el descubrimiento y el nombre del mortífago. Pronto vendría por ellos, les seguiría la pista.—Debemos huir de aquí, Alice.- Dijo entrecortadamente, como pudo. Hacía mucho tiempo que no se sentía así de débil, pero ahora que estaba con aquellas dos rubias, se sentía completo. Pero sabía una cosa; debían salvar a Hazel y a Frank. Era poner en riesgo la vida de Franky y la de Alice. Scorpius no quería sufrir aquél conflicto de nuevo. Sabía que Alice renegaría. Soltó a Franky con suavidad y se incorporó con las fuerzas que le quedaban, tomando a Alice de los brazos, zarandeándola un poco.-No quiero perderte de nuevo. –Se sinceró.- Y tampoco a Franky.

Mensaje por Scorpius H. Malfoy el Mar Oct 21, 2014 2:38 pm

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