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She'll be a star now. I will follow her lead {Flashforward}

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She'll be a star now. I will follow her lead {Flashforward}

-¿Estás preocupado por algo? -se quitó los lentes y permitió que sus ojos felinos, en ese momento verdosos, por el reflejo de la cálida luz de la mañana dandole en el rostro, se deslizaran por la cocina hasta encontrar el objetivo que buscaba. Mike estaba inclinado, de espaldas a él, contra la nevera, buscando algo para desayunar, descalzo. "Le he dicho mil veces que no abra la nevera descalzo."
-Ahora que lo mencionas...-las cejas negras del auror se alzaron con curiosidad, escuchándolo - este tomate tiene moho, Samuel. Cuando la niña se intoxique sabré a quién culpar
-Hablo en serio. ¿Tienes miedo de algo, te sientes mal?
-. No. Más allá de que eres completamente incapaz de limpiar la cocina y serás el responsable del lavado de estómago de Grace. -la risa de su pareja le obligó a rodar los ojos mientras lo veía acercarse y depositar un rápido y superficial beso en sus labios, el cual le obligó a cerrar los ojos mientras soltaba su taza de café e intentaba seguir olfateando el aire más allá de la intensa esencia del hombre que tenía adelante, tan significativa y familiar que casi siempre lo alejaba de la realidad. Pero esa vez estaba concentrado, porque era un aroma diferente, alarmante. Similar a la sangre, a algo que se deterioraba, que se pudría, un aroma fétido que le daba la sensación de muerte. Lo había sentido en algunos enfermos, en hospitales o enfermerías...decidió no darle importancia al asunto, sin embargo, tal vez era alguno de los vecinos, podía incluso ser alguien que caminaba frente a la fachada de su casa, una coincidencia, algo que no involucrara a la persona que le pasaba una mano por el rostro, distraído, rozándole la piel con su anillo de matrimonio en el dedo anular.
-. En ese caso, olvídalo. Limpiaré la nevera, ve a despertarla
No es como si ahora obedeciera órdenes de los demás. Pero habían pasado muchos años juntos, y la vida les había puesto más de un obstáculo delante como para preocuparse por cosas triviales. Porque aquellos asuntos que parecían tan importantes cuando lo conoció; el poder, la libertad, la identidad, de a poco se habían desvanecido para traerle a la cabeza otro tipo de prioridades. La seguridad, el velar por la seguridad de su familia, su pasión, su vocación y, más que otra cosa, su felicidad. ¿Cómo se hubiera visto a sí mismo de esa manera cuando era joven? ¿Cómo se habría visto a sí mismo viviendo en un vecindario muggle, aprendiendo de su tecnología y unido a la asociación que luchaba contra la lucha entre la sangre? Se hubiera reído en la cara de cualquiera que se lo hubiera predicho, jamás lo hubiera creído posible. Sin embargo, ahí estaba, dejando escapar un suspiro de resignación cuando el menor le guiñó un ojo y subió escaleras arriba en busca de su hija. Mientras tanto, era él quien se inclinaba contra la nevera y comenzaba a retirar los alimentos en mal estado; los cuales, por cierto, no eran tantos, la mitad de un tomate y un cartón de leche. Bostezó, cubriéndose la boca con la mano, mientras subía por las mismas escaleras que Michael antes que él, y se dirigió a la última puerta del pasillo, pintada de un color blanco que poco a poco se estaba volviendo gris a los costados de las bisagras por el uso que le daban. Las yemas de sus dedos se deslizaron por la madera, pensando que el fin de semana debería pintarla de nuevo, antes de entrar al cuarto y mudarse de ropa para otro extenuante día de trabajo en el Ministerio. El hedor de los enfermos aun continuaba sintiéndose en el aire, no podía evitar arrugar la nariz ante la sensación, lo ponía nervioso, como si estuviera pasando algo por alto. Y fue entonces cuando el cabello castaño de su pareja volvió a asomarse por la puerta y sus ojos se clavaron en él con un brillo que no había estado presente con anterioridad; preocupación.
-. Samuel, tienes que acompañarme al cuarto de Grace
No quería pensar en ello, el propio Dios sabía que no quería relacionar la peste de la vida escapando con la frase que acababa de escuchar, con la pequeña niña de rizos morenos que se removía despacio en la cama, protestando en voz baja sobre cómo no deseaba ir a la escuela aquella mañana. El licántropo se acercó a la pequeña cama con sábanas rosas, apartando el dosel blanco que ella tanto había deseado tener cuando lo vio, sentándose justo al lado del menudo cuerpo de su hija.
-. Vamos, Gracie, arriba...-su mano recorrió el frondoso cabello de la niña, la cual apenas había cumplido su quinto año hacia algunos meses, los osos de peluche que Robert y Amanda le habían regalado aun decoraban la habitación- hay que ir a la escuela, ¿Si? -miró de reojo a Mike, el cual, aprovechando que la pequeña tenía los ojos cerrados, alzó la mano para señalar su espalda. Disimuladamente, entre caricias, alzó su pijama para ver las manchas violáceas y negruzcas, con formas circulares que reposaban a lo largo de su columna. El olor era más fuerte ahí, y aquello sólo le hizo quedarse boquiabierto, quieto y estupefacto. La enferma era Grace.
Agradeció infinitamente que el otro comenzara a hablar sobre lo divertido que sería saltarse las clases para ir al hospital, agradeció que Mike estuviese ahí y fuera mucho más fuerte que él.
El viaje al hospital fue tan familiar y a la vez tan diferente que no pudo evitar sentirse asqueado por el repentino terror que se había alojado en su pecho. Igual que siempre, la niña iba en el asiento de atrás, en la radio pasaban canciones infantiles que ella cantaba, moviendo los pies contra el asiento, y la voz de Mike se le unía, mirando por la ventana como si nada estuviese ocurriendo, manteniéndose tan positivo y tranquilo que simplemente no alcanzaba a su nivel de comprensión.
Al tomar asiento en la sala de espera no podía más que arrugar la nariz con fastidio, la peste era peor ahi, cada uno de ellos tenía o estaba incubando una nueva enfermedad, y el olor de su salud deteriorándose casi podía causarle arcadas. A su lado Grace le pedía dinero para comprarse una barra de chocolate que vio en una de esas máquinas expendedoras, a lo que sólo asintió, mostrando una leve sonrisa, y le otorgó un billete de uno de los bolsillos de su chaqueta.
-. Pero apresurate, ¿De acuerdo? Nos va a tocar pronto. Y quédate donde te pueda ver -la mano de Mike se cerró sobre la suya, y le apretó los dedos con suavidad antes de que el apellido Loughty fuera pronunciado por un hombre de mediana edad, cabello entrecano y que regaló una alegre sonrisa a la niña. Y tal vez Samuel ya estaba esperando malas noticias, tal vez su propio subconsciente estaba jugando en su contra, pero estuvo seguro de que vio condescendencia y lástima en los ojos del médico antes de entrar al consultorio, cada uno tomando una de las manos de Grace.
Le realizaron pruebas de rutina, controlaron su respiración, la vista, el oído. El momento de sacarle una muestra de sangre, sin embargo, fue la peor, y mientras Mike apretaba su mano y le aseguraba que le compraría un dulce al salir por lo valiente que había sido, Samuel pudo sentir el hedor de la sangre; no estaba sana, y darse cuenta de aquello le obligó a fruncir el ceño y llevarse dos dedos al puente de la nariz. Su hija le sonrió, por supuesto, porque había sido valiente y había aguantado la aguja sin llorar ni protestar, le sonrió y esperó que él lo hiciera de regreso. Mas no pudo, no pudo más que fijar los ojos en la ventana y apresurarse a salir cuando el doctor les informó que debían esperar a los resultados del análisis de sangre.
-¿Para qué fue todo eso? -preguntó, con su voz tierna e infantil, escudriñándolo con esos ojos tan brillantes y grandes, similares a los de Mike; más oscuros, pero igual de expresivos...y con esa capacidad de desarmarlo por completo -¡Papá! -demandó, al notar que Samuel no respondía- ¿Para qué fue la vacuna?
-. Se llama "Examen de rutina" -respondió, soltando su pequeña mano y dejando que vaya con el menor a comprar golosinas -. Se hacen cuando quieren saber cómo estás, qué tienes en la sangre -pudo notar cómo arrugaba la nariz y murmuraba un leve "No me ha gustado" entre dientes antes de saludarlo con la mano, despidiéndose, como si no fuera a regresar diez minutos después, con la boca llena de chocolate y riéndose de los chistes de Michael. Estaba demasiado acostumbrado a ella, a la rutina familiar, a verla tan pequeña y frágil, tan inocente y con tanto por vivir, una enfermedad no podía llevársela de sus brazos, no ahora. El sufrimiento y la oscuridad no podían volver a perseguirlo luego de tantos años de luces y felicidad. No importaba cuando no tenía a nadie, pero ahora estaban ellos dos, y si la infelicidad recaía sobre su familia sabía que no sería capaz de protegerlos, sabía que sería completamente impotente.
[...]
Grace ya había devorado dos chocolates, y besado su mejilla unas cinco veces, logrando que el rostro del auror se sintiera incómodamente pegajoso, antes de que volvieran a mencionar su apellido. La pequeña tomó asiento en una silla lejana, mirando al suelo, al techo o a la ventana, perdida en el mundo de su imaginación, con mundos encantados, princesas y caballeros. Superhéroes, mutantes y villanos que no sabían que podían ser buenos...porque en su mundo, todos eran buenos. Grace inventaba su propio mundo, y una de las cosas que Samuel adoraba era ser parte de él, ser bueno porque ella lo consideraba como tal. ¿Quién sería si ella se iba?
El doctor a cargo de su caso pasó alrededor de quince minutos mostrándoles los archivos a ambos, hablando sobre la escasa cantidad de glóbulos blancos que poseía en la sangre. No había nada más que él pudiera hacer, porque ese diagnóstico no coincidía con su departamento. Fue entonces cuando deslizó una tarjeta en la mano de Mike y les deseó suerte de ahí en adelante.
Doctora Bradbury, oncóloga.
-¿Oncología? -pudo notar una oscuridad en los ojos de Mike, como si estuviera viviendo esa situación por segunda vez, como si le clavaran un puñal en el sitio exacto donde una herida aun intentaba cerrarse -. Pero...es imposible. Vamos, es un error, porque eso sería...
-Cáncer. -lo había olido hace tiempo, lo había sabido hace horas...y aun así no pudo evitar sentir el alma resquebrajada y destrozada por la expresión que se formó en su rostro. Una mirada propia de alguien completamente desolado, de un niño al cual le quitas su juguete favorito, de alguien que creía haberlo perdido todo.
She'll be a scar now. I will still let her bleed:

Mensaje por Samuel Vaughan el Lun Oct 07, 2013 11:30 am

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