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Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

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Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

A million silhouettes dancing on my chest:
Era necesidad estar a su lado, pues había comprendido que sin él no podía ver más allá de la negra cortina que su vida era últimamente para ella. Max le daba color a lo desabrido y le daba sentido a lo confuso, Tessa se sentía segura a su lado. Después de regresar de con Andrew, la rubia había encontrado solamente la paz junto a Max, aunque él hubiera sido temeroso con ella en un principio. Claro, ¿qué humano en su sano juicio confiaría en una vampiresa sanguinaria? “Max, he matado gente.” “¿Qué? Tessa, las hormigas no cuentan como seres humanos.” “Max, hablo en serio…” Y a partir de ese momento nada había sido igual. Sin embargo ella había luchado para recuperar el cariño del niño, pues a pesar de estar peleada con sus propios sentimientos, había comprendido que haber huido con Andrew había sido un terrible error y que su lugar estaba con Max. 
Como acostumbraba, Tessa se escabulló por la ventana del Hufflepuff y se acurrucó a su lado. El muchacho ya tenía diecisiete años y dormitaba profundamente, pues la presencia de Tessa ya era común de hacía años. Ella lo miraba dormir y el tiempo se le iba rápido hasta llegar la madrugada y escapar por la misma ventana por la que había entrado antes de que el resto de los compañeros de Max la vieran. La vampiresa velaba el sueño del muchacho y al mismo tiempo se sentía en paz al vigilarlo de cualquier acecho maligno que lo acosara. “Eres idiota, Tessa. Ese niño morirá en unos cuantos años y si es necesario, me haré cargo de él yo mismo.” Le había amenazado Andrew y desde entonces se proponía cuidar a Max todo el tiempo. 
Recargada en un brazo, Tessa admiró el rostro tranquilo de Max mientras dormitaba y estiró una mano para alcanzar el atractivo rostro del chico. Él había cambiado bastante desde los catorce años y ahora tenía una fina barba que maduraba bastante su rostro, pero seguía siendo un tanto descuidado y su rostro estaba rasguñado por algún partido de Quidditch amistoso que justo ella había organizado con él. Tessa acarició la mejilla del moreno, tocando levemente sus heridas, sintiendo cómo sus colmillos se deslizaban y rozaban sus labios ante el fuerte olor a sangre que el humano desprendía. Podía pasar una noche entera y Tessa no se aburría de los gestos que él hacía al soñar, una capacidad que ella desconocía. Se acercó un poco más a él pero en ese momento los párpados del muchacho pulularon y aún soñoliento, atrapó la mano de Tessa y enredó sus dedos con los de ella. -¿Sabes? A veces me da miedo encontrarte a un lado mío. Sobre todo si me encuentro con tus colmillos.-Dijo, dibujando una torpe sonrisa, luchando por no levantar mucho la voz. Max cerró los ojos pero Tessa sonrió levemente y acercó su rostro al de él, quedando solamente a pocos centímetros del moreno. –Tú roncas, y no me quejo.-Max y Tessa rieron, intentando no ser demasiado escandalosos y finalmente Max volvió a caer dormido, velado por la vampiresa.

[...]



-Ya es hora, Brenda. Sabes que demorarlo no ayudará de nada.-Andrew la miró por el reflejo del espejo, al mismo tiempo que ella intentaba enfocar solamente su rostro pálido entre las sombras de la habitación. El vampiro era idéntico a como había sido muchos años atrás, pero ella sí había dejado la infancia atrás y ahora la mujer frente a ella le recordaba que su deber no estaba en Londres mágico, no por más tiempo. La rubia volvió a mirar los detalles que la volvían diferente: sus colmillos presionando sus labios carnosos y la capa que la cubría de un escarlata opaco. Andrew tenía gran sentido del humor en aquél detalle, pues no era necesario comentarle que para ella no era necesario usar una capa negra; el rojo la definía. Tessa por fin desvió sus ojos azules del espejo y se giró para ver cómo Andrew la contemplaba en una esquina, paciente e intimidante.
-¿Y si me niego?-Dijo con cierta esperanza a que le tuviera piedad, pero sabía que el vampiro no cedería tan fácil. Tessa no quería irse, no podía dejar su vida como de niña había hecho, ahora entendía las repercusiones que eso tenía, además de que no quería convertirse en lo que Andrew quería que ella fuera. “Los vampiros no son buenos, Teresa.” Le repetía una y otra vez, y a pesar de la necedad de la rubia, él seguía siendo paciente y volvía a insistir. –Ya sabes lo que pasará si te niegas. –Contestó simplemente.
 
Un silencio largo e incómodo los abochornó y Tessa sintió que la rabia que se había mantenido dormida, florecía de nuevo en ella. No podía hacer nada para evitar lo que la había esperado tanto tiempo. Ante el silencio, Andrew de repente miró a la ventana y frunció el ceño.-Será mejor que te despidas.-Dijo casi como si escupiera las palabras y se acomodó la túnica negra que llevaba. Él, que siempre llevaba tanto porte, caminó frente a Tessa y antes de salir, tomó el rostro de la rubia y la obligó a mirarlo. Sus fríos ojos azules se clavaron en los de ella y por más que ella intentó evadirlo, no tuvo de otra que perderse en la mirada del vampiro. –Te veré en la estación en unas horas. Más te vale no tardarte, que mi paciencia no es infinita, Tessa.-Dijo con voz de seda, para luego soltar su rostro y desaparecer con una velocidad sorprendente de la casa de la joven vampiresa.
En cuanto Andrew salió de su hogar, Tessa corrió a su armario y se quitó la capa, dejándola como un pendiente molesto, y luego se dirigió a la cocina. Su casa era muy pequeña, pues había decidido mudarse de África a Londres, pues sus planes habían sido brillantes en algún momento. Sonaba fácil: trabajar en el ministerio como prensa, ganar un sueldo cómodo y quizá vivir el resto de su vida anormal junto a Max… si aquello era posible. Pero Andrew de nuevo había aparecido en su vida y había llegado para quedarse. El vampiro solía escribirle una vez al mes y ella se había rehusado a contestarle. “¿Quién es tu gran admirador?” Le había preguntado alguna vez Max, pero ella solamente había tomado la carta y la había escondido en un cajón. Aún así, tenía guardadas todas las cartas que Andrew había mandado, cada una de ellas.
 
Agudizó el oído y logró escuchar los pasos que lo definían, al igual que notó la familiar esencia del joven. Tessa sintió un ligero escalofrío y cerró los ojos un momento, lamentándose por lo que debía hacer a continuación. Ya en la cocina, se asomó pero no logró aún divisar al moreno, así que cerró las cortinas y se quedó recargada en el lavadero. Al no tener necesidad de respirar, se le olvidó inhalar, pues los nervios podían más con ella que sus reflejos. La vampiresa estaba ideando cómo huir sin dañar a Max, pero simplemente era imposible. Además que ella se había vuelto totalmente dependiente de él. ¿A quién velaría en las noches? ¿Quién sino él estaba hecho tal para cual para ella? Esa era su teoría, y  aunque no lo había dicho en voz alta; amaba al joven humano. Sabía que su juventud quizá no duraría para siempre, que él moriría antes que ella y que ella representaba un peligro constante para su frágil vida humana. Había pensado varias veces en aceptar que Andrew la convirtiera por completo- lo que significaba matarla.- y ella misma convertiría a Max, pero no podía quitarle la vida a la persona que ella amaba.
 
Escuchó cómo la manija de la puerta giraba y entonces el olor a la dulce sangre se hizo presente en todo el hogar. –Merlín, Tessa. Pero qué frío hace aquí.-Su voz tan familiar resonó en la casa. -¿Estás?-Preguntó el joven insistentemente, acercándose cada vez más hacia la cocina donde ella se encontraba. Tessa se negaba a contestarle, pues su voz se atoraba en su garganta. Estaba a punto de huir por la ventana, correr de lo que ella tanto temía y desaparecer de la vida del joven para no hacerle más daño. Pero fue demasiado tarde, pues mientras lo consideraba, Max apareció en la puerta de la cocina y fue entonces cuando a ella se le vino el alma a los pies. –Max.-Lo saludó, quedándose muda de repente, sintiendo cómo una garra se aferraba a su corazón e inundaba sus ojos azules de lágrimas apenas perceptibles. ¿Por qué nunca le había dicho que lo amaba?
 

Mensaje por Tessa B. Kalman el Jue Nov 28, 2013 4:33 pm

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Re: Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

-Max, explicamelo de nuevo, ¿Está bien? Pero un poco más despacito...Luego de afeitarme la mitad del bigote -le lanzó una mirada seria a modo de reprimenda, que no duró más de unos instantes, antes de intentar continuar con su relato, pero el niño era malo para quedarse quieto, o callado, en este caso, y al instante lo interrumpió.
-¡WHOA! Espera -alzó las manos y comenzó a mover los dedos para lograr poner comillas en el aire entre cada palabra que decía- ¿Ahora resulta que yo...te...afeité...el...?
-¡Ya, no hagas eso! -el mayor le dio un manotazo en las manos para que dejara aquella extraña manía que tenía cuando intentaba mentir, a lo que Max sólo frunció levemente el ceño para dejarlo continuar, con las manos envueltas en los guantes sin dedos propios de los patinadores se quedaron quietas sobre su regazo, como un niño regañado (Oye, espera...era un niño regañado)- Luego de eso...¿Se fueron a jugar al bosque y Tessa te besó? -a pesar de que parecía molesto hasta hace apenas unos instantes, la sonrisa en la boca de Bobby fue ancha y verdadera cuando le palmeó el hombro con camaradería, a forma de felicitación -¡Bien hecho, tigre! ¿Y qué hiciste?
-. Eh...bueno...básicamente hice -se levantó del sillón amarillo de la sala común de los tejones, donde la conversación estaba tomando lugar, y repitió exactamente el mismo baile que había hecho esa noche en el bosque, alzando los brazos y dejando escapar un "Woohoo" al aire que atrajo más de una mirada de sus compañeros, a lo que sólo sonrió y se encogió de hombros a modo de disculpa silenciosa antes de volver a sentarse -...eso. Fue mas o menos todo lo que hice -la risa de Bobby pronto se unió a la suya propia, Max se llevó ambas manos al pelo, rascándose a pesar de no sentir comezón, simplemente estaba nervioso -. Por eso mismo vine a hablar contigo. Eres el tipo más exitoso con las chicas que conozco -en su defensa, no conocía a muchos hombres de los grados mayores - y no sé qué hacer. ¿La próxima vez que nos veamos será incómodo? ¿Comenzaré a salir con ella? ¿Comenzará a besarme en cualquier lugar o...? -pronto tomó la camisa del tejón entre sus manos, horrorizado -¡Bobby, qué tal si los vampiros tienen rituales raros para las parejas o algo! ¡¿Qué tal si ahora me chupa la sangre de verdad?! ¡Soy muy joven para esto, aun tengo que conocer a Tony Hawk y...!
-. Muy bien, Max, tienes que relajarte-el mayor le dio un empujón bastante fuerte para quitárselo de encima, acomodándose la camisa antes de seguir hablando, intentando no reírse ante la expresión de horror de su compañero-. Si intenta chuparte la sangre simplemente sal corriendo o clávale algo de madera al corazón, en las películas eso siempre sirve. Luego...estoy bastante seguro de que Tony Hawk está muerto -la expresión de horror del Hufflepuff menor hizo que pronto agitara las manos en señal de negación- ¡Era broma, era broma! Lo conocerás. Pero el punto es...que las chicas son difíciles, desde la base estamos hablando de un engendro del mal como es Tessa, asi que sólo puedo decirte cosas muy sencillas. Intenta elogiarla siempre, duerme con un collar de ajo en el cuello, dale regalos, hazla sentir bien. Y Max, por lo que más quieras...jamás olvides fechas importantes, las chicas odian eso
-¿Fechas importantes? -repitió, confundido, alzando la vista hacia él- ¿Pero cómo sé qué es lo importante? Una fecha muy importante para mí fue cuando encontré un trozo de queso bajo la cama y no estaba contaminado, pero no creo que a Tess le inter...
-¡Aniversarios, Max! -exclamó, exasperado- Cumpleaños, aniversarios de la primera cita, del mes, del año, ese tipo de cosas no se olvidan o las chicas enloquecen, ¿Entendiste? -el niño asintió con la cabeza vigorosamente, con expresión preocupada, prometiéndose a sí mismo que si de ahí en más comenzaría una relación con Tessa, jamás olvidaría las fechas que ella consideraba importantes.
[...]
-Mierdamierdamierda¡Mierda!-pedaleaba tan rápido como sus jóvenes piernas se lo permitían, a través del tránsito congestionado y los bocinazos de los autos que le gritaban improperios por pasar alrededor de ellos a tal velocidad.
Sin embargo, si había algo que Max había aprendido en esos cuatro años, era que la posibilidad de ser arrojado de su bicicleta por un golpe de un auto era el menor de sus problemas ahora, comparado con lo que Tessa le iba a hacer cuando llegara a su casa. ¡Por Merlín! Iba a patear su trasero, iba a arrancárselo para dejarle ver cómo se lo pateaba. Sí, eso sonaba a algo muy al estilo de su novia. El muchacho pedaleaba con fuerza, con un pesado ramo de flores en la espalda...Merlín bendito, ese ramo era un completo desastre. No pudo recordar si, en algun momento de su relación la joven vampiresa le había confesado cuál era su flor favorita, por la cual había adquirido un bouquet con muchos tipos diferentes, sobresaliendo de su espalda de forma bastante cómica. Esperaba que aquél regalo y su sudorosa y agitada presencia fuera suficiente para compensar haber olvidado por completo su aniversario.
En ese momento los semáforos eran un arma maldita del diablo para él, por lo cual comenzó a ignorarlos y a avanzar cada vez más rápido hacia la pequeña casa blanca que él ya tan bien conocía. Esperaba que por lo menos, entre la ira que seguramente invadía a la muchacha, valorara el hecho de que estaba arriesgando su vida, conduciendose imprudentemente entre las bestias de metal cual Mario para llegar junto a su princesa. (No, Max no había cambiado ni un poco desde sus días de escuela. Podía ser más alto, tener más barba y una voz más gruesa, pero en esencia seguía siendo el mismo niño torpe, raro y adicto a los videojuegos)
Cuando llegó, sin embargo, estaba seguro de que tenía tierra en los zapatos, sudor en la frente y una expresión de terror en el rostro, por lo cual procuró arreglarse lo más que pudo antes de entrar. En el umbral de la puerta de madera se peinó con los dedos y respiró profundamente una y mil veces, intentando que su respiración agotada se calmara, con las flores que eran casi tan altas como él reposando en la mano derecha, con el corazón en la garganta antes de carraspear y entrar al hogar que olía a ella, a fresas y alegría. Con gusto viviría en cualquier sitio que oliera como a Tessa, con gusto enterraría el rostro en su cabello todas las mañanas. Con gusto le prepararía las cosas que estaba aprendiendo a cocinar en su carrera y le llevaría el desayuno a la cama. Max no era un tipo de detalles (por si no había quedado claro hasta el momento) pero la jovencita con corazón de serpiente había logrado cambiarlo en más de un aspecto. Con gusto le pediría vivir con ella ese mismo día si sobrevivía para contarlo.
-Merlín, Tessa. Pero qué frío hace aquí -comentó, frotándose las manos en busca de calor. Tal vez tenía que ver con que había recorrido la mitad de la ciudad en quince minutos, pero el ambiente dentro de la morada de la rubia le parecía un congelador comparado con la calle. Probablemente una cosa de vampiros que no había aprendido durante esos años.
-¿Estás? -No obtuvo respuesta ante su amoroso saludo, por lo cual alzó una ceja en confusión y dejó las flores caer sobre un sillón, al soltarlas algunos pétalos se rompieron y cayeron al suelo, a lo que Max se volteó y se llevó las manos a la espalda, silbando bajo en repentina inocencia. Ya inventaría cómo salvarse de ello cuando se lo preguntaran. Avanzó hacia el cuarto de Tessa, también vacío, la luz del baño estaba apagada, las posibilidades se le agotaban y casi se sentía un niño jugando al escondite cuando llegó a la cocina como último recurso y se plantó en el marco de la puerta, con la boca entre abierta y una torpe sonrisa a modo de saludo, alzó una mano y la agitó en el aire unos instantes, como si su llegada no hubiera sido lo suficientemente obvia y se acercó hacia su vampiresa favorita (afortunadamente no conocía otra).
Se acercó a ella haciendo un baile pequeño e improvisado, tomándole las manos e intentando que se mueva con él. Estaba demasiado nervioso como para notar sus ojos que comenzaban a humedecerse y al momento de notar su expresión contrariada lo atribuyó todo a su pequeño descuido, apretándole las manos y suspirando -. Hey, no lo olvidé. ¿De acuerdo? Te traje flores, pero las dejé en la sala porque...creo que no hubieran pasado por la puerta -se dio vuelta hacia atrás para ver el hueco de la puerta de nuevo, sólo por si acaso, como si necesitara comprobación de lo que decía, antes de regresar los ojos hacia Tessa -. Te gustarán, Tess, te lo prometo. No me mires así...-fue entonces cuando un par de lágrimas se escaparon de sus ojos azules y sintió cómo se quedaba petrificado al instante, como si le hubieran echado un cubo de agua helada encima y de repente se encontrara congelado. Colocó las manos a los costados de su rostro pálido y removió las lágrimas con los pulgares -Eh, eh, no llores...no llores, aquí estoy. ¿Qué pasó? ¿Es porque llegué tarde? ¿Tenías algo planeado y me lo perdí? -chasqueó la lengua, sintiéndose repentinamente impotente-. Ven acá -rodeó su espalda con los brazos y le dio un torpe y suave beso en el cabello rubio -. Ya, Tess, lo siento.
your darkness:

Then I heard your heart beating, you were in the darkness too.
So I stayed in the darkness with you

Mensaje por Maximilian Marchant el Sáb Dic 21, 2013 3:04 pm

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Re: Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

A los diecisiete años su capa negra lograba cubrirla del frío, pero su corazón seguía agarrotado. No podía dejar de ver la piedra con remordimiento, pues de alguna forma pensaba que la muerte de su padre había sido su culpa. Lo había abandonado, de alguna forma, y cuando regresó a él ya era demasiado tarde. “Cáncer, hija. Ni los magos nos salvamos de ello ¿sabes?” Tessa a los dieciséis años  había sujetado fuertemente la mano de su padre y hasta le había costado trabajo abandonar África para ir al colegio. “Buscaré a Andrew. Él puede sanarte, papá. Lo hará, estoy segura.” Había insistido pero el viejo Daniel sólo había sonreído y había acariciado la mejilla de su hija. “Tessa, lo único que necesito es que seas feliz. No te preocupes por éste viejo, estaré bien.” Y ahora él estaba de nuevo frente a ella. Al final estaban juntos. Él había pedido ser enterrado junto a su esposa en Inglaterra, su lugar de nacimiento y el lugar donde ahora Tessa residía. El funeral había terminado hacía ya un día pero Tessa se había resistido a abandonar a su padre y sin necesidad de descanso y la ausencia de sensibilidad al frío, la rubia se quedó inmóvil frente a lápida que recitaba un antiguo cántico africano sobre el amor de padre y el amor de familia. Daniel había descansado en paz y ahora Tessa se sentía completamente sola.

La nieve ya había dejado una capa encima de la vampiresa, pero aquél detalle no le importaba demasiado. De repente, además de escuchar el susurro del frío viento, unas pisadas se acercaron a ella. El dueño de las pisadas soltaba maldiciones ligeras cuando la nieve se apoderaba de su pie y tardó unos momentos en llegar finalmente junto a Tessa. El joven se sentó a su lado y se abrazó las piernas, viendo al mismo lugar que la vampira miraba. –Ten un poco de piedad por los humanos y vayamos a donde hay calor. Vamos Tess, todo el mundo te anda buscando y tuve que quedarme a platicar con una ancianita muy rara que empezó a bailar como si viniera del Planeta de los Simios.-Max se llevó una mano al cabello y se lo alborotó, dejando que los copos de nieve escaparan su alrededor. Los ojos claros del moreno buscaron el rostro de la rubia, pero ella continuó mirando en su letanía a la lápida de Daniel Reed. –Tessa.-La llamó pero ella intentó ignorarlo.

Fue entonces que Max se puso de pie de nuevo y se sacudió un poco la nieve. Tessa no dijo nada pero su amargura se vio interrumpida cuando el moreno extendió una mano en frente del rostro de la vampiresa. Ella iba a protestar, pero cuando se giró para verlo –molesta, por supuesto.- se encontró con que Max le regalaba una enorme sonrisa. Era cálida y cariñosa, tan propia de él y entonces le dijo:-Lo logré. Logré sacarte de tu mundo vampirezco. Hey, ya sé que soy un asco bailando y que tengo más pies que Jabba…bueno, tentáculos, o lo que sea, pero en fin… ¿bailas conmigo?-La sonrisa torcida de Max no le dejó opción a la rubia y aceptó su mano.
Ya de pie, Tessa se acercó a él y escondió su rostro en el hombro de Max. Él la abrazó y con cierta torpeza empezaron a bailar a un ritmo invisible que solamente ellos podían percibir. La nieve los volvía más torpes que de costumbre y no faltó que Max la pisara unas cinco veces, cuando Tessa lo pisaba otras ocho. Por primera vez en la semana ella logró reír. Su carácter siempre había sido risueño y el brillo regresó de poco a poco a sus ojos. Mientras tanto Max bromeaba y ella le ayudaba. De nuevo sentía tener catorce años y él le recordaba la navidad que habían bailado juntos por primera vez. Había sido muy incómodo pero al final había terminado ella bailando sobre los pies de Max y él caminando como robot. Después de reír y de bromear como siempre hacían, su baile imaginario disminuyó de ritmo y Tessa y Max se separaron levemente para poder verse uno al otro. –Soy una pésima hija, Max.-Dijo solamente la rubia y de nuevo volvió a esconder su rostro en el hombro de Max, sintiendo que sus ojos se anegaban de lágrimas. El moreno la abrazó más hacia sí e intentó tranquilizarla.-Sabes que no es cierto, Tess. No llores, estoy aquí. No estás sola.-Max la intentó consolar sin saber cómo, y aquello para Tessa era suficiente.

[...]

 Al igual que tantas veces, el baile improvisado de Max logró sacarle una ligera sonrisa. Sin embargo en aquella ocasión dolía. Se sentía traicionera y dolida, consumida por sus propias preocupaciones, consumida por una extraña oscuridad. El rostro franco de Max solamente le recordó que debía de despedirse de él, que Andrew la estaría esperando, que Max corría peligro… Nada hubiera pasado si ella hubiera sido normal desde un principio. Si tan solo hubiera podido vivir sin hemofilia, si Andrew nunca la hubiera salvado, si ella nunca hubiera conocido a Max, si Andrew no hubiera vuelto a aparecer en su vida… Todo estaba lleno de “hubieras” y “quizás”, pero nada era real y la realidad estaba planteada en una complicada analogía que ella no lograba identificar. Las palabras de Max lograron que por fin su tristeza se desbordara. Él le traía flores y ella se iba a despedir. ¿Qué clase de ser humano era? Ah… la cosa era que ella no era humana. El joven retiró sus lágrimas de su rostro y ella se obligó a verlo, a contemplarlo por última vez. Tessa sonrió ladinamente, pero la tristeza podía notarse aún en sus ojos azules. Él no le dio oportunidad de responder a ninguna de las interrogantes y además nada había logrado salir de su seca garganta. Su abrazo la arrulló como siempre hacía y la calma en los brazos de Max, llegó a calmarla a pesar de las circunstancias. Los brazos de la vampiresa rodearon el cuerpo del joven, encontrando ahí su santuario. Si éste era el último momento con él, no quería que fuera arruinado por sus lágrimas y tonterías.
 
 Inhaló su esencia: Dulces, sudor, calle, tierra y el perfume que ella le había regalado hacía unos años. Solamente solía utilizarlo en ocasiones especiales… y entonces Tessa cayó en cuenta del día que era. Se separó de él y se secó las lágrimas que recorrían su pálido rostro. Intentó controlarse y sacudió la cabeza, dejando que su cabello rubio se alborotase un poco. – ¡Oh, Merlín, nuestro aniversario!-Dijo casi para sí misma. Se sintió algo idiota por no haberlo recordado y algo avergonzada miró a Max.-Oh, cuánto lo siento, Max. No… He tenido demasiadas cosas en la cabeza y no me imaginé… ay, lo siento mucho.-Tragó saliva, intentando organizar sus palabras y sus pensamientos. Cerró un momento los ojos y tomó aire antes de volver a enfrentar al joven moreno que la miraba confundido.-Lo siento… son las cuentas y eso. Entendí que no me alcanza para el gas.-Dijo improvisando, pues no quería preocuparlo. Señaló un montón de correspondencia que había llegado quién sabe qué día. -¿Dijiste flores?-Hizo un gran esfuerzo por que su voz no temblara. Tomó a Max de la mano y lo jaló hacia donde él había dejado el regalo. El corazón de Tessa dio un vuelco al ver el enorme arreglo de flores que estaba en la sala. Había de todos los colores, de todas las formas. Sus olores se mezclaban con el aroma de la sangre de Max y su esencia… todo parecía perfecto. Pero aquella máscara no iba a durar para siempre. Se giró hacia él y se las arregló para sonreír, aunque las lágrimas de nuevo amenazaban por deslizarse en sus mejillas. Tessa era lo suficientemente fuerte para poder despedirse de él… solo que aún no hallaba su fuerza. Cortó la distancia hacia él y rodeó su cuello con sus brazos. Cerró los ojos y por inercia buscó los labios de Max. Éstos la recibieron con la acostumbrada calidez que siempre brindaban, amoldándose perfectamente a su pena, formando parte de ella. Y cuando ella era oscuridad, él la recorría junto a ella… solo que ahora no podía llevarlo consigo.
 
Se separó de él ligeramente y con una mano acarició la barba de Max, aquella que cubría su mejilla. No sabía cómo despedirse de él. ¿Adiós? ¿Hasta luego? ¿Nos vemos pronto, amigo mío? ¿Siempre te llevaré en el corazón? Bah, Tessa no estaba hecha para las despedidas. –Max, tengo poco tiempo, pero… bueno yo… Tengo que despedirme.-Dijo de corrido. Sabía que él la miraría desconcertado sin entender lo que le decía. Ella sentía una gran pena por dentro, pero intentó morderse la lengua y continuar con su despedida. Quizá si ésta era superficial, sería más fácil para él.-Bueno, sabíamos que el día llegaría ¿no? Tengo que irme con Andrew. Él… bueno, tengo un trato con él que no puedo romper y no puedo llevarte conmigo.-Se le enredaban las palabras mientras intentaba hacerse entender pero a cada palabra sentía que no debía seguir avanzando. Se alejó un paso de él y lo contempló. ¿Y su huía con él? ¿Y si tenían escapatoria? –A menos que nos vayamos lejos, muy lejos de aquí. Ahora mismo y...- Calló de golpe. Ela desvió la vista, intentando idear un plan como siempre hacía, sin embargo lo veía poco factible. No supo qué más decir y esperó a que él dijera algo.


I'll go wherever you will go:

"When I'm gone, you'll need love
to light the shadows on your face"

Mensaje por Tessa B. Kalman el Dom Dic 29, 2013 7:07 pm

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Re: Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

Definitivamente sintió que pesaba diez kilos de acero menos cuando Tessa admitió que ni siquiera había recordado su aniversario hasta el momento. Fue cuando todos los miedos que había albergado desde que salió del trabajo se volvieron en una simple exageración en la que su cabeza trabajó demasiado tiempo. Y por un momento el costoso ramo de flores que reposaba en la sala se burló de él con carcajadas grotescas que resonaron tan sólo en el interior del cerebro de Max.
-Tess, está bien, en serio -se apresuró a decir, moviendo las manos mientras hablaba en señal de que no debía preocuparse. Ya que la expresión de culpabilidad y sopresa que se había instalado en el rostro de su novia simplemente le había partido el corazón. No literalmente, es decir, no era nada tan serio, digamos que...¿Se lo había rasgado un poquito? Ahí está, eso mismo, le había rasgado el corazón lo suficientemente como para apresurarse a tranquilizarla -¡Yo también lo olvidé completamente! Lo recordé en el camino aquí y compré lo más absurdamente grande que se me ocurrió para que no me rompieras los huesos o me patearas el tr...-de repente sus palabras fueron bruscamente interrumpidas por un par de labios suaves y rojizos contra los suyos, ¿Y cómo negarse a las caricias de Tessa? Las manos del joven se cerraron en su cintura y le regreso el beso con suavidad y lentitud, porque sentía que tenían todo el tiempo del mundo, que podían aprovechar cada segundo juntos sin temor a nada, sin que ningun obstáculo irrumpiera en la escena. Sólo ellos dos y el mundo fuera podía caerse a pedazos...
Pero de repente, tan rápido como esa infantil e inocente esperanza surgió de su pecho, fue arrebatada por la mirada que Tessa le otorgó al separarse. ¿Cómo había podido cambiar todo tan rápido? ¿Cómo esos ojos azules que siempre brillaban con alegría para él de repente parecían apagados y cansados? Dejó de pensar en el aniversario, por supuesto, no tenía nada que ver con eso, era algo más serio, algo que al parecer había estado escondiendo de sus conocimientos y ahora la estaba incomodando. Estaba a punto de abrir la boca, de sonreír y continuar como si nada pasara, como si todo estuviera bien, a punto de dejar que su boca dejara escapar algo como "Vamos, Tess, sólo soy Batman, aun no leo mentes, asi que si te pasa algo tendrás que decirmelo".
Sin embargo, ella se adelantó, como siempre, la joven siempre estaba un paso delante de él y la mayor parte del tiempo Max agradecía eso, porque podía guiarlo por los buenos caminos y evitar que cometiera tonterías a cada momento. Ese momento era completamente diferente, cuando sus dedos largos abandonaron su mejilla y el aire se enfrió al oír que ella tenía que despedirse. ¿A qué se refería? ¿Por qué lo dejaba? ¿Acaso había hecho algo mal? ¿Acaso era culpa de él? Había pasado pocos años a su lado, pero ese tiempo fue protagonizado por personas con colmillos recordándole continuamente lo poco que era para Tessa, la posibilidad de conseguir alguien mejor, que entendiera su posible inmortalidad y las cuestiones que su raza acarrea en ella. Él era un humano: pequeño, tonto y despistado. Una distracción, un sueño infantil que tenía su propia fecha de expiración desde el comienzo.
Siempre había ignorado esas palabras, siempre había pensado que se trataban de cosas vacías que no cambiarían en nada lo que sentía por Tessa, o viceversa, pero ahora...viéndola despedirse así, como si no fuera nada...
-No. Nonono, espera...-tartamudeó, atrapando su antebrazo a pesar de que ella no se había movido ni había hecho el menor esfuerzo por salir de la cocina. Sin embargo, Max sentía la necesidad de tocarla, de sentirla, de no dejarla irse aun antes de terminar esa despedida. Aun no creía que aquello era real, era como uno de esos sueños nebulosos y extraños donde todo pasa demasiado rápido y tienes que adaptarte a las acciones que pasan como un soldadito de plomo, guiado por el instinto o por una fuerza superior que te dice qué hacer. Al menos él, en el fondo, siempre sabía qué iba a hacer en los sueños, tenía el presentimiento si iba a tornarse de una forma positiva y negativa. Pero ahora estaba a la deriva, completamente en blanco, con la boca abierta como un tonto y esperando a que simplemente Tessa le arrojara un salvavidas para que no se ahogara, como siempre hacía.
Y, Merlín bendito, lo hizo.
Le sugirió huir juntos, y la sonrisa que se formó en el rostro de Max no tuvo precio ni palabra posible con la cual compararla, era la felicidad en su más puro estado, aun tenían una chance, aun podían esquivar los obstáculos que todos le ponían adelante.
-¡Nos vamos, entonces! -exclamó, tomándola de las manos para traerla hacia su lado y estrecharla en un abrazo tan íntimo e intenso que el aroma de su piel lo embriagó por completo mientras depositaba suaves, cortos y agradecidos besos a lo largo de su cuello y el costado de su rostro, rozandole con la barba. No podía dejar de sonreír, ni siquiera podía pensar en lo que estaba dejando atrás. Se volvió egoista y olvidó por completo su trabajo en ese pequeño restaurant, sus estudios para chef, olvidó a su familia, la posible expresión en el rostro de Philip si desaparecía de un día para el otro sin dejar rastro. No le interesaba, nada le interesaba mientras Tessa permaneciera entre sus brazos, sin nadie que la pueda apartar de su lado -¡Al diablo, todo, Tess! ¡Al diablo la cuenta del gas! ¡Al diablo Andrew! ¡Al diablo los aniversarios!-su voz temblaba de la risa mientras aferraba las manos de ella entre las suyas y ambos daban pequeños saltos de entusiasmo. Pronto sus manos grandes abandonaron las de ella y acunaron su rostro de muñeca para besarla por última vez, disfrutando del sabor de frutillas de su labial (era delicioso, Max siempre insistía en que lo usara) y juntó su frente con la de ella, respirando el aire que ella exhalaba, en un completo, respetuoso y cálido silencio que podría haber atesorado para siempre, pero no había tiempo -Sólo seremos tú y yo, dientona-prometió, usando el cariñoso apodo que siempre repetía cuando quería molestarla -. Tú y yo para siempre, ¿Crees que podrás soportarlo? -Max sí lo creía, ya había firmado el contrato, ya se había arrojado de cabeza a la piscina, ya había saltado al abismo, seguro de que algo bueno le esperaría del otro lado.
Se separó de un salto, casi como si le hubiera dado una descarga eléctrica, porque el tiempo era arena entre sus dedos y tenía que apresurarse. Le dedicó una ancha sonrisa mientras caminaba hacia atrás, acercándose a las escaleras que dirigían al cuarto de Tessa, la vampiresa aun le sonreía, y no necesitaba nada más para sentirse tan vivo y afortunado.
-Voy a hacerte un bolso rápido, ¿De acuerdo?-ante la aprobación de ella pisó el primer escalón de madera, el cual crujió bajo su pie, e hizo gesticulaciones exageradas con las manos, señalándola -No te muevas de ahí, ve a oler las flores o lo que sea, ¡No tardo nada! -subió las escaleras con ridicula energía, saltando los peldaños de dos en dos hasta llegar a su habitación. Era un desastre, como siempre, nada que pudiera impresionarlo, ya conocía su alcoba como la palma de su mano, por lo que vacíar una mochila y colocar algunas prendas que sabía que su novia usaba con frecuencia fue más facil de lo que se imaginó.
Planeaba todo en su cabeza mientras aplastaba la sudadera verde de Tess para que pudiera entrar y finalmente cerrar la mochila. Era más que seguro que tuvieran que hacer una breve parada por la casa de Max, seguramente a esa hora no habría nadie...tenía que recoger algunas cosas y luego se marcharían. Podrían desaparecerse...¿Pero eso no dejaba rastros de magia o algo asi? Demonios, tendría que haber prestado más atención en las clases. Pero no, estaba casi seguro de que desaparecerse no era conveniente y que Andrew los encontraría. Podrían tomarse el tren subterraneo hacia otra ciudad. Porque, vamos, ¿Qué tanto podía saber un vampiro de Merlín-sabe-cuánta-cantidad-de-años de las estaciones del subterraneo de Londres? Era improbable, completamente improbable. Sí, harían eso.
-¡Oye Tess. ¿Tienes tu varita ahi contigo o tengo que buscarla entre la mugre?!-nadie le respondió, por lo que sólo se encogió de hombros y supuso que ella misma la tendría guardada en algún bolsillo.
No pudo haber tardado demasiado, no pudieron haber pasado más de diez minutos cuando descendió alegremente por los escalones con la mochila colgada al hombro. El salón seguía exactamente igual, con las flores en su lugar, por lo que emprendió la marcha a la cocina nuevamente, despeinándose el cabello con cierto nerviosismo.
-No pude encontrar tu desodorante por ningún lado. Sé que odias apestar, pero escucha, podemos comprar alguno en el ca...-sus ojos recorrieron la cocina, fantasmagóricamente vacía, y un repentino escalofrío sacudió su cuerpo antes de abandonar el lugar y caminar hacia el resto de las habitaciones -¿Tess? -¿El baño? Nada. ¡La habitación de sus padres! ...Nada. ¿El sótano? ¡Max, concéntrate, Tessa no tiene sótano!
Se llevó ambas manos al cabello, hundiendo las uñas con desesperación al haber recorrido todo el lugar y no encontrar señales de ella -¡¿Tessa?! -intentó por milésima vez, pero nadie respondió a su llamada. Fue cuando notó la puerta trasera, la que daba directamente al jardín de los Reed, donde tantas veces habían hecho guerras con la manguera o simplemente recostado a mirar las nubes. La puerta había sido forzada y se sacudía con el viento que entraba. Soltó la maldita mochila y salió corriendo con todas las fuerzas que sus piernas le permitieron, terminando directamente en la calle, entre los autos que intentaban esquivarlo y tocaban sus bocinas con enfado hacia el muchacho por entrometerse en su camino. Miraba hacia todas direcciones, hacia todos los jardines, corría y corría por calles enteras y no había señal de ella -¡TESSA! -¿A dónde demonios se la habían llevado?

Mensaje por Maximilian Marchant el Dom Ene 05, 2014 5:50 pm

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Re: Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

And you can tell everybody this is your song 
En un principio Max pensó que hablaban del aniversario. ¿Cuántos llevaban? ¿Dos? ¿Tres? Podía decirse que era un romance joven, pero ambos jóvenes habían sido mejores amigos desde hacía mucho tiempo. Tessa podía decir que dependía del moreno, Max era ya parte de sí misma y la idea de dejarlo era terrorífica. Solamente podía pensar en aquellos momentos de su tierna infancia, cuando ella solía ponerse salsa en los colmillos para jugar una broma a Max, o cuando Max se disfrazaba de un extraño superhéroe que aclamaba a ser Batman, luego a aquellas bromas se habían agregado cariños y besos, de los que Tessa era incapaz de dejar atrás. Y la vampiresa había jurado que jamás se iba a enamorar, de que tendría los pies bien plantados sobre la tierra y de que el amor solamente era una bola de hormonas que confundían a la mente. No sabía lo que era, pero poco a poco su mentalidad fue madurando, al igual que su cuerpo, y al final había terminado por enamorarse de Max y su adorable personalidad. Ambos eran un caso perdido, pero se complementaban para ser perfectos. Porque además Max era el único que no la trataba por separado, era el único que no le importaba un comino si su bebida preferida era la sangre, a Max solo le importaba ella. Él la volvía real. Y por eso dolía el ver la desilusión en los ojos oscuros de Max. Él la detuvo por el antebrazo y su solo tacto le confirió un leve pero agradable escalofrío. Y tal como él indicaba, Tessa esperó.
 
De repente el rostro del moreno se iluminó y en automático, Tessa sintió gran alivio. Un pequeño rayo de luz se abrió paso en su complicado embrollo que se había vuelto su vida. ¿En realidad podía decir que tenía una vida? Sí, una vida junto Max. Y qué importaba si todo el mundo se interponía entre ellos, qué importaba que el bigotón de Bobby desaprobara su relación, qué importaba si Andrew se aferraba a la idea de que ella le pertenecía, qué importaba que no tuvieran un centavo para mantenerse; ellos estaban juntos. No pensaban demasiado las cosas, casi siempre se dejaban llevar por el impulso, y Max nunca la decepcionaba. Quizá Tessa nunca lo había mencionado, pero amaba la sonrisa de Max; era genuina, sin rastro alguno de arrogancia, o de compromiso, no, el joven siempre sonreía cuando era el momento ideal. Y aquél lo era.

La rubia soltó una carcajada cuando él la tomó de las manos y la acercó a él. Ese momento lleno de felicidad era lo único que ella necesitaba. Max la cubrió de besos y ella dejó que el joven la quisiera como ella lo quería a él. Sentía cosquillas ahí donde Max depositaba un beso, pues con su barba raspaba su piel. Tessa no podía dejar de reír, y al mismo tiempo atrapaba de vez en cuando algunos de los besos que Max le regalaba. Ellos hicieron a un lado todo, sin siquiera pensar en que ambos tendrían que abandonar sus vidas tan cotidianas y normales, ambos tenían que formar una vida en algún otro sitio del que no sabían nada, y se las tendrían que ingeniar con el escaso dinero que les quedaba. Porque no importaba si eran ricos o no, el sacrificio lo valía. Y Max no pudo expresarlo mejor que sus palabras. Mandaban al diablo todo y partirían a otro nuevo destino. A partir de ese momento decidió que nunca jamás le tomaría importancia a un aniversario. Los aniversarios eran para contar los años que se tenía en pareja con otra persona, era para presumir cuánta resistencia tenían uno por el otro, era para volverse viejos y seguir pensando en que los años poco a poco habían terminado con ellos, era para aquellos que le tomaban importancia al tiempo. No para ellos, ellos no necesitaban los aniversarios.
 
Y parecían tener de nuevo catorce años cuando saltaban por la sala con pura felicidad. La danza terminó en un dulce beso, cuando Max tomó su rostro entre sus manos. La esencia de Max era electrizante, además de dulce. Siempre olía a chocolate y dulces, olía a pan recién horneado, además de su perfume de siempre, aquél que solamente ella podía detectar y que el moreno tenía de marca registrada. Juntó su frente con la de él, sin poder evitar sonreír. Cerró pacíficamente sus ojos, mientras sus manos atrapaban las de él y las atesoraba.-Ah vamos, no ha de ser tan malo ¿o sí? –Soltó una ligera risa. –Tendrás que soportar mis manías un rato más.-Levantó una ceja pero volvió a reír. Max entonces se separó de un salto y algo contrariada, Tessa levantó la vista para encontrarse que Max le iría a hacer una maleta. ¿Qué necesitaba aparte de él? Nada en realidad. No sentía el mismo frío que él, ni tampoco tenía necesidad de dormir. Pero en un principio no lo evitó, dejó que el muchacho fuera a su habitación que ya conocía tan bien y ella de mientras se dedicó a mirar a su alrededor, intentando hacer memoria en si algo en aquella casa de verdad valdría la pena en cargar.
 
Con su oído más sensible que el de los humanos, Tessa podía escuchar cómo Max parloteaba sobre el encontrar cosas. Sí, Tessa vivía entre el desastre, pero en realidad nunca le había importado tener que recoger sus cosas y mantenerlas en perfecto estado; al final siempre se arrugaría o se rompería ¿no? Decidió ir a poner las flores en agua. No podían llevarlas con ellos, pero tenía una idea que al mismo tiempo le dio mal presentimiento. La rubia fue al estudio contiguo y ahí consiguió un pequeño pedazo de pergamino y una pluma con tinta. Se inclinó en el escritorio y escribió el mensaje que dejaría. Cuando lo consideró suficiente, Tessa tapó la tinta y salió del estudio con el pergamino entre sus delgados dedos. Volvió a releer el mensaje y luego volvió a la sala, en donde estarían las flores de Max esperándola. Al levantar la vista del pergamino, miró extrañada hacia el sillón donde antes habían estado las hermosas flores. Tessa se quedó congelada en donde estaba, pues no recordaba el haberlas retirado. El mal presentimiento creció en ella y de repente una voz a sus espaldas le confirmó sus terribles sospechas. Si su corazón hubiera sido el de un humano normal, se hubieran elevado sus latidos hasta el cielo.- ¿De verdad creíste que sería tan fácil?- Tessa sin querer dejó caer el papelito y se quedó clavada a los ojos claros de Andrew. El vampiro parecía enfadado pero sus tantos años de paciencia, cobraban recompensa. De repente Andrew invocó al papel que recién se le había escapado a Tessa de las manos y al leerlo, sonrió siniestramente, como si hubiera un chiste que nadie más compartía con él.—¿Planeabas dejar esto para mí? Vaya considerado de tu parte el despedirte de mí, Brenda. Así que te irás con el humano ese ¿eh? –Su fría mirada siguió los pasos de Max que estaba en el segundo piso y luego volvió a ver a Tessa.-Te dejaría quedarte con él, pero te quiero, y por eso vendrás conmigo. No dejaré que desperdicies tu vida por un capricho meramente infantil. Eres vampiro, Tessa.- Le recordó de nuevo y luego se acercó a ella. Teresa estaba atrapada, lo sabía. No había mucha opción para ella, y Andrew era terriblemente poderoso.
 
El vampiro extendió una mano hacia ella y con un simple movimiento, ella desapareció, sin dejarle siquiera suplicar por última vez. Andrew se quedó aún en casa de la joven y sonrió ladinamente por pura satisfacción. - ¡Oye Tess. ¿Tienes tu varita ahí contigo o tengo que buscarla entre la mugre?!- Andrew frunció levemente el ceño al escuchar esa voz tan desagradable para él. Tomó la nota que le había dejado Tessa y con sus manos la destrozó. No iba a dejar ningún rastro tras de sí. O tal vez sí… Agregó el detalle de dejar las flores en una vasija con agua y luego agregó un escrito final. Asintió satisfecho y luego solo con chasquear los dedos, desapareció de la casa de los Reed.
 
~o~
Tessa despertó.
Hacía años que no dormía, realmente muchos años. Sentía su cuerpo todo entumido y se dio cuenta que estaba encerrada en un diminuto espacio. Un movimiento rítmico le dio a entender que estaba en movimiento y además el ruido fuera de lo que parecía una caja, eran calles, estaba segura. ¿Londres quizá? No podía decir donde estaba. Recordaba que Andrew la había secuestrado y sorpresivamente la había dejado insconciente. No pensó que aquello fuera posible, pero no se debía subestimar al vampiro. Tessa empezó a forcejear, tenía que salir de ahí. Max la estaría esperando… ¿La estaría buscando? Se removió de nuevo, pero no logró salir de su cárcel. Era una caja hecha a su tamaño, olía a madera, como a caoba, y también olía a incienso.

Su desesperación creció al comprender en donde estaba. Era inconfundible ese olor; estaba dentro de un ataúd.

Mensaje por Tessa B. Kalman el Jue Ene 09, 2014 11:31 am

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Re: Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

I'm miles from where you are
I lay down on the cold ground.
I, I pray that something picks me up
And sets me down in your warm arms

Se llevó las manos al cabello, removiéndoselo y despeinándose a sí mismo con las uñas, nervioso y asustado. Maldita sea, estaba tan asustado que podía sentir el corazón en la garganta, latiendo tan fuerte que en cualquier momento podría escapar por su boca y dejarlo ahí, muerto e inutil. Frunció el ceño con determinación y salió del medio de la calle, el torrente de improperios e insultos que le dedicaron fue embargante mientras sus pasos resignados lo regresaban con rapidez a la casa de Tessa. Eres un mago, murmuraba una vocecita en su cabeza, una y otra vez, esa vocecita que siempre le decía que iba a terminar vomitando si comía un taco más. Esa vocecita que le había dicho en su momento que pedirle a Tessa salir con él iba a ser una estupenda idea.
Esa vocecita jamás lo había desilucionado, no comenzaría a hacerlo ahora.
Regesó al lugar, pasando por la puerta forzada y alzando la varita frente a su rostro, obligándose a sí mismo a inhalar lenta y largamente, cerrando los ojos unos instantes.
-Eres un mago -repitió, intentando concentrarse en idear un plan. Tessa siempre había sido la que ideaba los planes, él era un hombre de acción, evidentemente. Pero ahora ella no estaba, se la habían arrebatado de sus manos, y no iba a quedarse ahí parado esperando noticias, no era su estilo. Iba a tomar el asunto entre sus manos, iba a solucionarlo todo. De la forma que sea -. Eres un mago, vamos, piensa algo. Tú puedes -siete años de estudios mágicos se estaban resumiendo en su cabeza con una velocidad alarmante, intentando idear algo-. A ver...huellas, huellas, rastros de magia, algo así. Puedo hacer esto -se concentró de más en carraspear y concentrarse en hacer el movimiento de muñeca adecuado para no echar a perder el hechizo -Homenum revelio-sus labios entreabiertos dejaron escapar las palabras mientras sus ojos color café miraban la habitación con impaciencia. Nada había cambiado, ningún rastro de un humano más allá de él mismo que haya pisado aquella casa.
Claro que...Andrew no era un humano.
-. Oh, muy bien. ¿Vamos a jugar a esta mierda detallista, verdad? ¿Así vamos a jugar? -refunfuñó, irritado, arremangándose las mangas de la camisa. Se la había llevado de su misma casa, tenía que haber cometido algún error, tenía que haber algo que Max pudiera descubrir para seguirle la pista al vampiro y a su novia. Porque, de forma contraria, ¿Qué demonios se supone que tenía que hacer? Resignarse nunca había sido una de sus caracteristicas principales, y no iba a empezar a hacerlo ahora, por lo que volvió a alzar la varita, pasándose la lengua por los labios antes de asentir con la cabeza ante su próximo plan -Revelio -intentó de nuevo, y de su varita escapó una chispa azul que por un momento iluminó la pequeña cocina y nada parecía ser diferente. Excepto por una pequeña cosa...
Un papel, una hoja de papel doblada pulcramente en un rincón de la pared que estaba seguro de no haber visto la primera vez que entró. Al parecer estaba protegida por un hechizo para que no la vea, y la había descubierto con el hechizo revelador, pero...¿Por qué? Los dedos largos de Max atraparon la pequeña hoja y la acercaron a sus ojos para ver la letra pequeña y estrecha, con tinta color esmeralda. Jamás había recibido una carta de Alexa, no tenía idea de cómo era su caligrafía, por lo que no la reconoció en un primer momento y tuvo que llegar hasta el final para darse cuenta.
"Max, no tengo mucho tiempo antes de que pase pero Andrew ha perdido el control por completo. Quiere secuestrar a Tessa para alejarla de aquí, nos iremos esta noche, todos, y jamás regresaremos. Si la quieres de vuelta tienes que venir ahora mismo. Prometo distraer a Andrew para que puedan huir, ¡Suerte! Alexa."
Debajo había una dirección que sus ojos recorrieron una y mil veces. Probablemente la mujer había dejado la carta ahi con la esperanza de que el vampiro no la viera, tan sólo para él. Agradeció en silencio a Alexa por la ayuda antes de guardarse el papel en el bolsillo de la chaqueta y salir corriendo de allí.
No le llevó demasiado tiempo llegar al lugar. Una casa sin amueblar, que seguramente Andrew habría allanado temporalmente antes de abandonar el país o cualquier plan desquiciado que estuviera pasando por su cabeza. Tuvo que admitir internamente que le sorprendió el lugar donde supuestamente estaría Tess; esperaba encontrarse algo como una casa abandonada, una cabaña polvorienta en medio del bosque, un lugar oscuro y misterioso. Esa casa tenía las ventanas abiertas, el sol entrando y tiñendo de un color amarillento las paredes blancas, todo era muy brillante y ameno. Sin embargo, su corazón no dejó de latir de forma acelerada en ningún momento, pasando de habitación en habitación con la varita en la mano, atento, mirando hacia todas direcciones. Alexa había prometido distraer a Andrew, pero aun así estaba profundamente nervioso, sabía que no había nada que pudiera hacer si el vampiro lo atrapaba, sabía que estaría acabado. Pero estabamos hablando de Tessa, y por ella valía la pena arriesgar cualquier cosa.
Finalmente llegó al último cuarto que no había revisado con anterioridad; el sótano. Descendió las escaleras despacio, susurrando un leve Lumos que logró que el oscuro cuarto de repente se iluminara un poco, una chispa de luz entre las tinieblas, nada demasiado útil.
Hizó su mejor esfuerzo por no tropezar hasta llegar al final de la escalera, antes de volver a extender la luz contra su rostro y buscar a la joven -¿Tess? -dijo con cuidado, intentando no alzar demasiado la voz, intentando no llamar la atención de nadie que no fuera la joven pálida y rubia que buscaba, ella cuyos ojos azules siempre brillaban y lograban hacerlo sonreír. Ella que lo podía todo, que era tan valiente y fuerte que no tenía nada que envidiarle a un superhéroe. Sin embargo, ¿Quién hubiera pensado años atrás, cuando eran un par de niños inocentes y sin miedo, todo lo que pasarían en el futuro? ¿Quién iba a decir que algún día Max sentiría tal cantidad de terror sólo por la posibilidad de no volverla a ver jamás...?
El niño de la corbata amarilla, el que pertenecía a la casa de los tejones, el muchacho torpe y desalineado que leia comics debajo de las sábanas con la luz de su varita todas las noches...jamás habría creído que su corazón dejaría de latir cuando tuviera dieciocho y viera algo como lo que sus ojos estaban presenciando en ese momento: un ataúd. Un maldito ataud reposaba contra la pared, oscuro y largo, demasiado largo para el cuerpo menudo que albergaba dentro. Podía escuchar los golpes desesperados de un par de puños pequeños que intentaban romperlo, mas el objeto apenas se movía. Y por un segundo tuvo que permanecer ahi, de pie, abrumado por la situación y por la forma en qué había olvidado efectivamente cómo respirar antes de inclinarse con rapidez y lograr que sus dedos temblorosos abrieran la tapa, dejando ver a la muchacha dentro.
La abrazó con necesidad y devoción, se había llevado un susto tan grande, por un momento pensó que no volvería a verla jamás. Su mano grande y torpe comenzó a acariciarle el cabello rubio y ondulado mientras la otra se adaptaba a su cintura, manteniéndola cerca, porque a partir de ese momento jamás la soltaría, jamás la dejaría ir.
-. Mierda, Tess, esto es una locura, ¿Estás bien? -acunó el rostro de la vampiresa entre sus manos, besándole la frente, las mejillas y los labios, notándolos secos y entreabiertos, como si necesitara aire, por lo cual se apartó un paso, dándole lugar para que saliera del ataúd y pudieran irse -¿Puedes caminar? ¿Todo bien? -alzó las cejas, tentado de acercar las manos a su cuerpo menudo y frágil una vez más -. Por Merlín...¿Segura que no estamos en una película de Hitchcock o algo así? Este sujeto está loco -agradeció mentalmente a Alexa por mantenerlo ocupado para que pudiera sacarla de ahí. No tenía idea de cuánto tiempo les quedara antes de que pudiera llegar, pero Max ya no parecía preocupado. Es más, sonreía, mostraba los dientes en una sonrisa ancha mientras le acariciaba la cara y repetía de diferentes formas lo agradecido que se encontraba de que estuviera bien.
Se apresuró a tomar su mano y tirar suavemente de ella, perdido en sus ojos claros que brillaban con tantos colores que casi parecían un caleidoscopio. Tal vez el amor lograba que su visión sobre ella se volviera un tanta subjetiva, pero cada día encontraba algo nuevo sobre lo cual sentirse fascinado con ella.
-. Muy bien, entonces nos vamos, esta vez de verdad. Sólo toma mi mano y nos...
-¡MAX, CUIDADO!
Su grito lo sacudió bruscamente de la realidad. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué se veía tan aterrada...? Y antes de que pudiera darse cuenta un dolor agudo, punzante y profundo se abría paso en su espalda. Soltó un grito desgarrador mientras la mano fría y muerta de Andrew le sostenía el hombro y la otra enterraba con fuerza sobrehumana el cuchillo en su piel, en su costado derecho. La risa del vampiro y los gritos de Tessa se escucharon nublados en su mente desorientada, sus piernas le fallaron y cayó de rodillas en ese sótano desconocido, con la cabeza alzada hacia el techo. Hacia ese hombre terrible que lo miraba con hambre en los ojos, quien sonreía para mostrarle los colmillos.
Alexa jamás le había enviado nada, probablemente ni siquiera lo sabía. Había sido un elaborado plan del hombre que lo sostenía por el cabello y le obligaba a mirar a Tessa, un plan que había salido exactamente como buscaba, lo tenía donde quería. La joven había estado encerrada en un ataud durante horas, y seguramente tenía hambre, o el simple aroma de su sangre derramandose a borbotones y manchando el piso era tentación suficiente para que ella también, lentamente, abriera la boca y le enseñara sus caninos más alargados.
-. Tess, no...-susurró casi sin fuerzas, con los ojos clavados en ella. Era incapaz de hacerlo, ¿Verdad?

Mensaje por Maximilian Marchant el Sáb Ene 11, 2014 2:42 pm

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Re: Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

-¡ESTA COSA NO SE EQUIVOCA, MAXIMILIAN, DEJA DE LLEVARME LA CONTRARIA!- Gritó escandalizada por tercera vez en los últimos diez minutos. Tessa le lanzó una almohada pero Max alcanzó a agacharse y esquivarla. Cuando volvió a reincorporarse, con el cabello enmarañado y los ojos alertas, miró con cuidado a su novia, que parecía que iría tras él, lo acorralaría y lo mataría… o algo parecido. Un colchón era lo que los separaba; Tessa de un lado, frente a Max del otro. –No Tess, no te estoy llevando la contraria.-Se alborotó más el pelo, nervioso. Levantó ambas manos como si quisiera calmarla desde donde estaba.-No me llames Maximilian… Digo, solo quería decir que…que  esas pruebas pueden equivocarse. Tuve una prima que así le pasó, hay una posibilidad Tessa…-Y de nuevo otra almohada salió volando hacia él y gracias a sus buenos reflejos, logró esquivarla de nuevo.-¡Tranquilízate! Mira, podemos hablar y… ¡TESSA!- La rubia empezó a perseguirlo por la habitación, primero saltando la cama que se interponía entre ellos, intentando alcanzarlo. -¡Teresa, guarda tus colmillos, a te he dicho que me asustan!- Pero Tessa estaba furiosa. Furiosa y asustada, podría decirse. -¡Max, esa prueba dice que estoy embarazada! ¿¡ESCUCHASTE!? ¡E-M-B-A-R-A-Z-A-D-A!- Dijo a gritos, mientras su novio se tapaba los oídos con una mueca de disgusto. –Ah, vamos Tess, no será tan malo. ¿No sería adorable?- Pero la rubia no le dio mucho tiempo para dejarle hablar. Se subió a su espalda y empezó a golpearlo, claro que los golpes eran algo insignificante para Max, que era muchísimo más alto que ella y además de que Tessa no era nada buena golpeando gente. ¿Adorable? ¿Qué estaba diciendo? Merlín, esto no era cosa de tomarse a la ligera. Si estaban embarazados… Oh Merlín, ellos solo tenían dieciocho años. El joven alcanzó a llegar al colchón y se dejó caer en él, tirando a Tessa junto a él. La vampiresa golpeó el colchón, enfadada y luego se sentó, dándole la espalda a Max. Estaba molesta. Molesta con él, molesta con ella misma. Se abrazó las piernas y enterró el rostro en sus rodillas, ahogando un grito frustrado. No entendía cómo había pasado… bueno sí, pero no sabía por qué le estaba pasando a ella. No podían tener un hijo, no ahora. Sintió cómo Max se acercaba por detrás de ella e intentaba abrazarla por los hombros. Ella se hizo a un lado, golpeando el pecho de Max con su codo, alejándolo de ella. –Eres un idiota, Max. Lo eres.-Se abrazó de nuevo las piernas y miró hacia la pared, intentando ignorar la presencia del moreno. –Te odio. No sé por qué sigues aquí, no entiendo por qué eres tan raro y decidiste juntarte con una vampiresa. Eres un tonto, y solamente por eso, deberías morir o algo.-No sabía por qué decía eso, pero parecía de verdad sentirlo…
 
[...]
 
Su voz fue lo que la mantuvo cuerda, porque pensaba que jamás volvería a ver la luz del día, pensó que jamás volvería a escuchar su risa. Empezó a palmotear en el ataúd, intentando zafarse de él, quería salir y correr hacia Max. Algo no estaba bien, Andrew no era tan fácil de evadir, y ella tenía que prevenir a Max. El vampiro no iba a darse fácilmente por vencido y estaba segura que Andrew era capaz de todo para poder conseguir lo que quería. Sus palmas se convirtieron en puños cuando escuchó que los pasos de Max estaban próximos. Intentó gritar, pero el oxígeno no se lo permitía. Sí, era vampira, pero también humana y aún dependía de muchos detalles humanos para sobrevivir. Tenía la resistencia más fuerte que la de las personas normales, pero hacía mucho tiempo lo había aceptado: ella no era normal.  Y de repente, cuando el ataúd se abrió, sintió cómo quería explotar de pura felicidad. Jamás se había sentido tan aliviada de verlo, ni siquiera cuando él se cayó de la escoba y ella comprobó que solamente tenía un hueso roto.
 
Max la abrazó hacia sí y fue necesaria poca fuerza para sacarla tal cual una pluma del ataúd y atraerlo hacia él. Se sintió a salvo, sus brazos la reconfortaron mientras ella escondía su rostro en el hombro del joven. Sus lágrimas empaparon el blazer de él, mientras Max le acariciaba el cabello. Se separó levemente de él para poder contemplar su rostro y sus manos, pequeñas y blancas, buscaron los detalles de la cara del joven. Acarició desde su coronilla hasta su mentón, cuidando de recordar sus pómulos, su barbilla partida, sus cejas abundantes. Era perfecto, perfecto para ella. Sonrió cuando él citó a Hitchcock y sintió como recuperaba poco a poco sus sentidos con cada beso que él le regalaba. Sus caricias se volvieron el bálsamo que sus heridas necesitaban y por un momento olvidó en dónde estaban, qué era lo que estaba pasando. ¡Ah claro! Estaba aún en el ataúd. –Puedo caminar.-Le dijo a Max, tomando su mano para luego enredar sus delgados dedos con los largos de él. Era increíble cómo después de tantos años él seguía cuidándola y reconfortándola. Era el único que había visto más allá de la idea de que estaba con una vampiresa, que no le importaba en absoluto lo que pensaran los demás de él, además de que era espontáneo y gracioso. Tessa lo siguió, con una amplia sonrisa en su rostro, y cuando por fin pudo abandonar el ataúd, su sonrisa se congeló.
 
Max, que estaba de espaldas, no pudo verlo. ¡Por Merlín y todos los Fundadores! Jamás hubiera podido esperarlo. El rostro de la joven se crispó de horror y un grito ahogado salió de su garganta mientras apretaba con fuerza la mano de Max, tirando al lado contrario al que él se dirigía.- ¡MAX, CUIDADO!-Gritó, pero era demasiado tarde. Sintió como todo alrededor de ella giraba, y el piso temblaba y se volvía casi líquido. Del costado del joven empezó a emanar sangre, roja y suculenta. El aroma de ésta era terriblemente delicioso y tentador. Los colmillos de Tessa salieron de inmediato, a pesar de que la joven había caído sobre sus rodillas, inclinándose para alcanzar a Max.
Andrew tenía la culpa, Andrew lo tenía todo planeado. Los ojos azules de Teresa buscaron los fríos de quien era como un padre de ella y un terrible odio afloró de su más recóndito lugar de su corazón. Había dicho a Max que debería morir, le había dicho cosas tan terribles que jamás esperó tanto en volver al pasado para borrar aquellas palabras de su boca. No, ella no lo quería muerto, jamás podría quererlo muerto. Y ahora ella, una parte de ella, ansiaba saciar su sangre, terminar con la última gota de vida que tenía el muchacho. -¡Eres un malnacido!-Gritó Tessa a Andrew, mientras intentaba alejarse de Max. Si no quería lastimarlo, debía alejarse de él. -¡¿Por qué, Andrew?! ¿Por qué, si ya era tuya? No tenías que lastimarlo. Prometiste no lastimarlo.- Se limpió las lágrimas del rostro, mientras pegaba su espalda a la pared. Los colmillos lastimaban sus labios y pequeñas heridas empezaron a aparecer en su tersa piel.
 […]

Max no se rendía, en realidad nunca lo hacía. Se acercó cautelosamente hacia ella y volvió a abrazarla, recargando su mentón en el hombro de la joven. Rodeó su cuerpo con sus brazos, mientras besaba su mejilla y rozaba su mejilla con su nariz. –Lo sé. Pero sigo aquí, y no me voy a ir, no me vas a alejar.-Sus manos bajaron hacia el vientre de Tessa y lo acariciaron con cariño.-Se llamará Anakin. Bueno, Leia si es mujer. Será hermosa, y estoy seguro de que tendrá tus ojos.-Tessa sonrió, no sabía cómo evitarlo cuando estaba con él. –No seas tonto.-Le dijo con cariño esta vez, mientras sus manos buscaban las de él y las aceptaba. Giró su rostro para encontrarse con él de él y sus labios se amoldaron a los suyos. Se rió cuando sintió la barba de pocos días del muchacho y cuando volvió a abrir los ojos, miró los de él como el más grande tesoro del mundo. –Te amo muchísimo ¿lo sabías? –Le susurró y el joven alzó una ceja.- ¿Qué es eso? ¿De qué me estás hablando? –Se rió junto a ella y volvió a abrazarla, pues desde hacía mucho tiempo que lo habían entendido: eran uno. Y como uno, ella lo necesitaba a él y él a ella.
 
[…]
-Brenda, no seas ridícula. ¿De verdad? Estás llorando por un humano, un humano que es insignificante además.-Andrew hizo un gesto de asco mientras se acercaba a ella. –Y eres una vampiresa. Debes comportarte como una… y entender de una vez que no te voy a compartir con nadie, mucho menos con él.-Agregó mientras la tomaba por los hombros y la levantaba. El vampiro la llevó frente a Max, que seguía débil contra el piso. La miraba con desesperación, temiendo lo que podría pasar a continuación. Tessa se quedó helada al sentir cómo la sangre de Max se colaba por sus fosas nasales y entonces maldijo todo el entrenamiento que ella había dejado de lado. No era tan buena para controlar su sed, no lo había logrado aún. Alguien que era completamente diferente a ella, controló su cuerpo y se aferraron al cuerpo de Max. El joven intentó apartarse, pero la rubia lo sujetó con fuerza inmovilizadora. Andrew, detrás de ella, sonreía con satisfacción. Pero Tessa, aún consciente, hizo todo lo posible para controlarse. Abrazó a Max, casi con protección, y sus manos viajaron hasta su herida, intentando presionarla para que no siguiera emanando la sangre fresca. Los ojos le escocían mientras intentaba hacer su mejor lucha por guardar los colmillos. Tomó un pedazo de su falda, la arrancó y escondió el pedazo de tela en la mano de Max. Él entendería que podría usarla para salvar su vida. Se acercó más a él y le susurró al oído:- Debes huir, Max. Vete antes de que Andrew haga más… Te seguiré, lo prometo.-Le dijo, quizá con verdad, quizá solo intentando tranquilizarlo, para luego levantarlo con todas sus fuerzas. Debía ponerse un torniquete, debía de huir, transportarse quizá. Tomó el rostro de Max entre sus manos y sonrió, sin que la sonrisa llegara a sus ojos.-En la siguiente habitación hay una chimenea, habrá polvos flú. Debes alcanzarla, y te tienes que ir. –Le insistió, sin interesarle la presencia de Andrew, sabiendo que él podía escucharlos. Ella se encargaría de  que el hombre no detuviera el andar el muchacho. Intentó explicárselo sin palabras, solamente con sus ojos. Quizá era un adiós, pero no se atrevió a decirlo. Se puso de puntitas para alcanzar la frente de Max y depositó un suave beso en ella. –Te amo, ¿lo recuerdas?-Volvió a sonreírle y luego lo dejó ir.
 
Sin saber lo que hizo Max después, Tessa le dio la espalda y se arrojó hacia Andrew. Le dolía en el alma el lastimarlo, pues después de todo era su padre, pero Max era su vida, y no podía dejar que muriera o que fuera almuerzo de vampiro. Se aferró a Andrew, intentando desubicarlo o desequilibrarlo, él por supuesto se defendió y sacó su varita para contrarrestar la lucha de la rubia. Tessa esquivó un par de hechizos y con toda fuerza de su voluntad y su habilidad de ser pequeña, logró llegar hasta él y con una patada, logró quitarle la varita. Ésta voló por la habitación y Tessa corrió a recogerla antes de que el vampiro la recuperara. Y de repente se vio a ella misma apuntándole a Andrew. Su pulso temblaba mientras veía retadoramente al hombre.- ¡Ni se te ocurra moverte!-Lo amenazó, pero la temple de Andrew permaneció intacta. ¿Estaba riéndose acaso?

Mensaje por Tessa B. Kalman el Dom Feb 02, 2014 6:24 pm

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Re: Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

are you, are you coming to the tree?
where i told you to run, so we'd both be free.

-N--no - su espalda parecía envuelta en llamas, la herida que Andrew le había provocado sangraba a borbotones mientras el trozo de tela que podía ser su salvación moría inutilmente en su puño fuertemente cerrado. Rodillas que dolían y manos que temblaban mientras los ojos confundidos del joven se enfocaban en la vampiresa que intentaba salvarle la vida.
Todo había ocurrido demasiado rápido, por un momento su corazón efectivamente se había detenido, saltándose un par de latidos, al darse cuenta del plan macabro y ridículamente elaborado de Andrew. Al percatarse finalmente de que su vida iba a acabar en manos de la persona menos inesperada, en manos de aquella persona que amaba tanto que podía convertirse en cualquier cosa para él. Tessa era, a la vez, la niña con la que había compartido gran parte de su infancia y adolescencia, la traviesa criatura de ojos brillantes que lo seguía incondicionalmente en todas las travesuras que un castillo de semejante tamaño podía ofrecer a dos magníficos especímenes de mente tan activa como ellos. La mujer que se había escabullido debajo de la piel de la jovencita una vez, en medio del bosque en una situación lo suficientemente peligrosa para hacerle olvidar lo que desayunó esa mañana, y le había dado el valor a Tessa para besarlo. La mujer que veía crecer día a día, acompañarlo en sus sueños y ayudarlo a cargar el peso de sus pesadillas. Era su mejor amiga y la mujer de su vida a la vez, la persona más tierna y más seductora a la vez. Era todo lo que deseaba y, a la vez, podía convertirse en su peor pesadilla de un momento a otro...como entonces, cuando los largos colmillos hicieron acto de presencia, amenazantes e intimidantes, haciéndole olvidar a la dulce persona a quien estaban transformando.
Mas, como ya es de conocimiento general, Max era un muchacho olvidadizo. Y había subestimado un pequeño pero importante detalle en el medio del terror que conlleva estar desangrándote y tener dos vampiros frente a tu rostro; Tessa era la persona más fuerte que conocía. Lo recordó cuando sus pequeños brazos envolvieron sus hombros y la cortina dorada de su cabello obstruyó su visión cuando ella le ordenó escapar y esperarla.
-No, Tess. No voy a dejarte. No puedo...- su voz sonó más débil de lo que pretendía, el grueso líquido escalata goteando de su espalda se lo recordaba con cada doloroso movimiento. Las fuerzas de Max estaban quebrantadas al punto de que cuando ella lo ayudó a sostenerse en pie se sintió realmente patético. A pesar de su normalmente positiva personalidad, comenzó a comprender el papel que realmente desempeñaba en aquél retorcido juego de ajedrez; un peón, un humano, una carcanada utilizada para propósitos mayores, para cambiar la opinión de Tessa u obligarla a seguir órdenes que iban contra su voluntad.
Los pies del peón volvieron a tocar el suelo gracias a la ayuda de su reina, y una mueca desganada que intentó asemejar a una sonrisa se formó en su rostro, intentando expresar objetivamente la cálida sensación en su pecho cuando la aguda voz de su salvadora le confesó que lo amaba una vez más. Eran palabras que él no podía hartarse de oír, y fue entonces cuando lo comprendió. No podía ayudarla a pelear, no podía aportar ninguna ayuda útil en ese momento, con una herida sangrante abierta entre sus omóplatos y la nauseabunda, sentenciosa que sentías cuando estabas pisando la fina línea de conciencia antes de desmayarte.
-Vamos a escapar juntos.-murmuró, los labios pálidos que no conocerían un último beso porque el tiempo apremiaba y el peligro acechaba sobre sus cabezas, el peligro letal que yacía en las manos de Andrew, teñidas de escarlata debido a la sangre del muchacho. Intentó apresurarse a subir las escaleras de ese sótano maldito, echando una última mirada furtiva a la fiera mujer que se enfrentaba a su creador, en contra de todas las probabilidades, gritos fríos escapando de su garganta y una fuerza sobrehumana en su andar de depredador. Algo dentro de él le oprimió el pecho, la culpa azotándolo por dejarla sola con ese monstruo, mas no había tiempo para meditar, no había tiempo para pensar dos veces. En una guerra había que actuar, los héroes debían tomar decisiones y los seguidores obedecer. Y Max había determinado, hace muchos años atrás, que él iría hasta el fin del mundo si Tessa se lo ordenaba, porque ella siempre tenía buenas ideas, y seguro ese plan terminaría tan bien como el resto. Seguro estarían huyendo juntos en cuestión de horas.

...por supuesto que el bastardo de Andrew estaba riéndose.
Los años habían pasado, el distraído niño de mirada perdida ahora era un hombre que debía afeitarse regularmente. La valiente niña que emprendía travesías diariamente junto a su compañero ahora era la mujer más hermosa que haya pisado esta podrida, desolada tierra. Mas a pesar del correr del reloj, a pesar de los caprichos del Padre Tiempo, había algo que no había cambiado ni por un segundo; el rey de la partida, Andrew, era mil veces más inteligente que ambos. Era quien había diseñado el tablero, quien había planeado cada jugada, cada movimiento que pudiera resultar en una vía de escape de esa tortuosa situación.
Y era ridículo, en cierto punto, asumir que en el fondo el vampiro sabía que si atrapaba a Tessa, Max iba a ir a buscarla y él podría obligarla a matarlo...y sabría que eso no funcionaría, que necesitaba un impulso más grande, una fuerza más poderosa que la simple sangre escapando de las frágiles venas de Maximilian, esa misma sangre que goteaba y manchaba el suelo de madera de la casa abandonada mientras él buscaba la famosa chimenea en cada rincón polvoriento.
Era ridículo asumir que Andrew sabía que la sangre no sería un verdadero obstáculo entre ellos, ya que así fuera, nunca hubieran comenzado una relación en primer lugar. Era una locura considerarlo lo suficientemente listo para planear lastimarlo como una distracción, como una última acción de esperanza para la trágica pareja, para que realmente vivan y crean que su amor era más fuerte que los caprichos de sus propias razas... era una locura, pero era cierto. Y la verdadera y más crucial parte del demoníaco vampiro que reía escaleras abajo estaba apenas comenzando a efectuarse.
Cuando finalmente, sus fuerzas mermadas lograron quitar los objetos que cubrían la chimenea, las manos temblorosas del Hufflepuff tomaron la pequeña bolsa de seda negra que se hallaba abandonada dentro, con los polvos flú, porque debía hacer algo más importante antes. Los dedos teñidos con grandes manchas de sangre seca sostuvieron su varita y convocó un fuego especial en voz baja, uno que un buen amigo le había enseñado en caso de una emergencia, y nunca había vivido un momento que lo ameritara más que aquél.
La mandíbula torcida, la nariz redondeada, el cabello corto y los grandes ojos oscuros se materializaron en las llamas, y Max sonrió verdaderamente por primera vez en horas, sintiéndose realmente aliviado de haber sido útil, de haber conseguido ayuda de un verdadero auror.
-No tengo tiempo, Bobby- comenzó, hablando en susurros, como si Andrew tuviera fuerzas en las paredes que pudieran oírle (y probablemente así fuere) -Estoy en Godric's Hollow, en el 350B. Trae refuerzos y...cosas para matar vampiros-sus párpados pesaban toneladas, y su voz tembló ante el intento de chiste -Si tienes tiempo, pasa por un hospital...creo que se me pudrió la espalda o algo así. Y, Bobby...hagas o lo que hagas, ayúdame a salvar a Tessa.
La dulce súplica apenas pudo abandonar sus labios antes de que una mano fuerte, mas no tanto como para pertenecer a un ser sobrenatural, se cerró en su hombro y lo alzó del suelo una vez más, el apretón de los firmes dedos haciéndolo gritar al rozar la carcomida carne viva de la herida que debería haber sido tratada hace horas atrás.
El encapuchado lo miró con ojos de plata y una serpiente negra revolviéndose en su antebrazo, el mismo que apuntaba la varita directamente a su corazón. Lo analizaba con la gélida mirada, como buscando algo, intentando detectar algo en el muchacho...y cuando lo halló, algo similar a una ronca, profunda risotada brotó de los labios cubiertos y la máscara de trazos circulares se desvaneció ante sus ojos como humo, mostrando un rostro duro que no conocía, y los pasos que se asomaban por la puerta le hacían sospechar que no acudió a la fiesta solo, sino que trajo amigos.
-Ya tienes la varita alzada, eso nos ahorrará tiempo -se burló la gruesa voz, y en lugar de apuntar a su pecho, su brazo se elevó hasta estar a la misma altura que su frente. Los agotados dedos de Max se aferraron a su arma, y apenas los labios del ex Hufflepuff se separaron para soltar el primer hechizo de ataque en que pudiera pensar, el mortífago se adelantó -¡Imperius!
[...]
Era algo bueno, en cierto sentido, la espalda dejó de dolerle, por lo menos. La sangre que brotaba no se sentía suya, ya no era débil ni inútil, sentía fuerzas renovadas y una ira hambrienta que tenía un objetivo muy claro.
La puerta del sótano se abrió una última vez más, para presentarle a una joven guerrera que apenas había salido de batalla, diversas heridas cubrían su cuerpo y sus ropas estaban rasgadas, mas sus ojos claros mostraron la más sincera felicidad al ver al destrozado muchacho aun a su alcance.
El rostro de Maximilian permaneció inalterable, imperturbable, los brazos a los costados de su cuerpo, tan sólo esperando que ella se acercara, y la mano derecha que sostenía la varita ya no temblaba, por el contrario, poseía la energía de todos los seguidores de las artes oscuras y un vampiro sediento de venganza.

Mensaje por Maximilian Marchant el Lun Dic 08, 2014 6:02 am

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Re: Darkness becomes me -Flashforward-{Max}

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